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Proyecto de Investigación INMOVER

Última actualización: 10/06/2010

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1- Descripción: Reflexión sobre el status moderno de la Imagen.
Partiendo de su evolución en el tiempo y de los cambios en el actual régimen de visibilidad, en particular en el ámbito del discurso público y de la comunicación social, se trata de analizar las mutaciones introducidas en los modos de ver y de sentir y su incidencia en la representación de la realidad.
Se hará especial hincapié en el status de la Imagen -particularmente de la imagen fotográfica, cinematográfica y televisiva, sin excluir expresiones artísticas- y en la influencia de la introducción de las nuevas tecnologías en la representación dela realidad. Se analizarán los procesos figurativos y plásticos (en sus dimensiones tanto artísticas como mediáticas) y los procesos simbólicos de construcción de la realidad en los lenguajes audiovisuales.

2-Metodología.
Consideramos aquí los procesos comunicativos como dispositivos formales que utilizan la imagen (en el sentido más amplio de la palabra, no sólo icónico sino también simbólico: imagen, imaginería - imagen de marca - e imaginarios) y que crean escenarios: proyecciones figurativo-simbólicas de estas imágenes - de sujetos y objetos - en la pantalla pública (discurso social, medios de comunicación: espacios de representación en fin).
Dispositivos formales que integran las diferentes dimensiones de la comunicación discursiva que reconoce la semiótica: enunciativa, narrativa, semántica y figurativa (aunque ésta última podría englobar las tres primeras). Estos dispositivos, en el caso de la comunicación audiovisual, comportan soportes materiales (tecnológicos) y son, por ende, más fáciles de captar, pero son también de orden simbólico y se figurativizan en los modos de ver - en la importancia cada vez mayor de las formas: protocolos de presentación y escenificación del sujeto - y en el intercambio social, en el contrato comunicativo.


Para darle más concreción a este planteamiento, retomaré aquí el esquema planteado en propuestas metodológicas anteriores (G. Imbert, 1983, 1988, 1990, 2000) y enriquecido desde entonces por una serie de estudios aplicados sobre el discurso informativo y la representación de los objetos sociales en el discurso social. En estos trabajos, partiendo del concepto de visibilidad, intentaba abrir el camino, desde un acercamiento figurativo de la comunicación social, a una socio-semiótica de los discursos sociales: aplicada en un primer momento al discurso informativo, ésta se fue ampliando luego a la representación formal de objetos y sujetos en el discurso audiovisual. Se trataba de “articular una semiótica de la acción discursiva (basada en la competencia/performance de los sujetos públicos) y una semiótica del intercambio que contemplaría, escribía entonces, la teatralización de la comunicación social” (G. Imbert, 1983), trabajando la articulación entre estructuras lógicas y narrativas.

Con la crisis de modelos (ideológicos y simbólicos) es la noción misma de representación la que se ve cuestionada. Con el paso de modelos de intercambio simbólico a modelos comunicativos (de signos y señales, Baudrillard, 1976), los modos de saber se ven sustituidos por modos de ver, los sistemas informativos por sistemas performativos (que van instituyendo su propia realidad); la reflexión deja paso a la mostración, desmediatizando así el acceso a la realidad y convirtiéndolo en simulacro o efecto de realidad (efecto de directo, ilusión de transparencia), procediendo a una verdadera virtualización de objetos y sujetos.

La originalidad de algunos planteamientos actuales - cada vez más frecuentes desde diferentes disciplinas - es analizar esta virtualización del ser y del hacer (y del hacer-ver) no en términos de “ocultación” de la realidad (como lo hicieran las escuelas materialistas), en nombre de una presunta verdad (la del dogma o de la Historia, poco importa...) sino como resultado de un régimen de saturación de las representaciones: una hiperrealización de lo real por una parte (que satura el espacio de la representación y es el causante de una deperdición sígnica), y una hipercomunicación (cibercomunicación hoy) que acelera y exacerba los procesos de comunicación redundando en una aprehensión cuasi simultánea del presente. Se reduce así más y más la distancia entre el hecho y su representación/comunicación, haciendo de ese “tiempo real” (producto virtual de las nuevas tecnologías y códigos de comunicación) un sustituto del tiempo objetivo.

La semiótica - como disciplina cuyo fin último es el estudio de la producción social del sentido - no puede dejar de lado este doble componente de la comunicación moderna: la multiplicación de figuras del exceso, tanto en el hacer como en el hacer-ver; y la emergencia de fenómenos comunicativos más allá de lo funcional (e incluso a veces de cierta racionalidad); la irrupción de formas de intercambio que rompen con la lógica moderna, “cumulativa” y lineal, del intercambio. En este sentido el derroche de signos y mensajes propio de la cultura de masas podría analizarse como un potlatch comunicativo, es decir una forma improductiva de intercambio (G. Imbert, 1992). El “don de la nada” se titula gráficamente uno de los trabajos de Jean Duvignaud para referirse a esas formas no utilitarias de intercambio (la fiesta, el juego, la irrisión, etc.). Las figuras pasionales, las expresiones del pathos, las manifestaciones del exceso - todo cuanto escapa al determinismo de la racionalidad - entran en estas formas que la semiótica no puede ignorar. Por eso, tiene que salir de una cierta neutralidad, de la frialdad y rigidez metodológica, sin temer a ser interpretativa, a implicarse en los procesos de mutación simbólica.

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