Del 'Día del Contenido del Libro' y de las bibliotecas digitales

Aumentar Tamaño del texto Disminuir Tamaño del texto

El 23 de abril celebramos el Día del Libro, pero quizá deberíamos reflexionar un instante sobre esta fiesta. Desde los inicios de la escritura hasta nuestros días, el soporte de los libros ha pasado por diversos formatos que van desde las tablillas de barro hasta el papel, pasando por el papiro o el pergamino. Sin embargo, una de las principales características de los libros que ha permanecido invariable a lo largo de los tiempos es su contenido, bien en forma de obra literaria, bien en forma de obra científica, más allá del banal continente de páginas debidamente encuadernadas sobre el que se asientan. Celebramos, pues, el Día del Contenido del Libro.


Por lo que respecta al libro digital, al igual que su hermano, se caracteriza por su contenido. Sin embargo, no puede, o no debe, considerarse gemelo de su antecesor. El libro digital no es la mera traslación a los ceros y unos necesarios para emular en un dispositivo electrónico el original en papel. El libro digital, va más allá de su soporte, pero también más allá de la forma de representar su contenido. Supone la ruptura del código empleado hasta ahora, la linealidad del texto escrito tradicional, para trasladarnos a nuevas y sugerentes formas de presentar y disfrutar la información, como la hipertextualidad o la posibilidad de navegar por el texto sin un rumbo fijo hacia el destino marcado por su autor.

De la misma manera, jugando a las muñecas matrioskas con los libros y las bibliotecas, éstas pueden ser consideradas como meros continentes de libros, que a su vez, como hemos visto, son meros continentes de contenidos. Nada más lejos de la realidad. La biblioteca es un ser vivo que supera su función esencial de conservación y acceso a la información, para integrarse en el entorno y en la sociedad de la que forma parte (en tu barrio, en tu colegio, en tu universidad).

El futuro de las bibliotecas digitales

Al igual que sucede con los libros, las bibliotecas digitales deben ir más allá de la básica sustitución de los elementos de papel en ella contenidos. Trascender, como en el caso del libro, su definición para lograr nuevos servicios mucho más dinámicos y abiertos, conseguir esa misma hipertextualidad aplicada a las colecciones y los contenidos en ellas alojados. Pero, como en cualquier buen sistema que se precie, el usuario no es ajeno ni está exento de las responsabilidades que le atañen. Lo que los especialistas denominan sociedad de la información, basada en el advenimiento de las tecnologías de la información y las comunicaciones, y las ventajas, los servicios, las oportunidades que supone, pasan porque el ciudadano sea parte integrante de ella, para lo que precisará de una serie de habilidades adquiridas a través de una sólida formación. A este concierto no pueden faltar los poderes públicos y privados que deben asegurar los derechos, garantías e infraestructuras necesarios para que el mundo digital sea posible y accesible a todos.

Como nuestro lector habrá podido comprobar, los retos que se avecinan son innumerables. Los autores se enfrentan a una nueva y hasta ahora desconocida forma de escritura llamada a revolucionar el modo en el que se presentan los contenidos. Los editores, a sustituir las viejas imprentas por nuevos soportes capaces de explotar el potencial de las obras digitales. Las bibliotecas, a solucionar los problemas de adquisición, almacenamiento, descripción, conservación y acceso a estos nuevos soportes, modificando las formas de difusión y revolucionando la prestación de servicios tradicionales. Los usuarios, a conseguir la formación necesaria para acceder en igualdad de condiciones y como miembros de pleno derecho a la nueva sociedad. Y los sectores públicos y privados, a crear las infraestructuras, realizar las modificaciones legislativas y estipular las políticas de precios necesarias para garantizar el acceso de los ciudadanos al contenido digital.

Pero también son innumerables las oportunidades que la era digital nos ofrece y de las que cada día somos todos un poco más partícipes, sin olvidar nunca la necesidad de un escrupuloso respeto a los derechos de propiedad intelectual e industrial, cualquiera que sea nuestra posición dentro del sistema. Hasta que el futuro nos alcance, celebremos el Día del Libro regalando y consumiendo la magia de su contenido y disfrutando de los tesoros que los profesionales ponen a nuestra disposición en las bibliotecas.

Carlos Olmeda Gómez
Director del Grupo de Análisis y Gestión de la Información
Profesor titular en el dpto. de Biblioteconomía y Documentación de la UC3M