“La regulación de las cuestiones que plantea la robótica requiere un tratamiento que no parta de una visión catastrofista ni amenazante”

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Entrevista a Teresa Rodríguez de las Heras

Profesora Titular de Derecho Mercantil en la UC3M

Licenciada en Derecho y en Administración y Dirección de Empresas y Doctora en Derecho, Teresa Rodríguez de las Heras Ballell es Profesora Titular de Derecho Mercantil en la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M). Ha realizado estancias de investigación en Alemania, EEUU, Japón, Italia o Reino Unido y ejercido la docencia en países como Argentina, Francia, Dinamarca, Islandia, Suecia, Turquía o Uruguay. Es miembro del grupo de investigación “Sociedad, Tecnología y Derecho Mercantil (SOCITEC)” y Vicepresidente del Grupo Internacional de Expertos en Nuevas Tecnologías, Prevención y Seguro de la AIDA. Actualmente se encuentra en Estados Unidos como Coleman Visiting Professor. Por ello, participa por videoconferencia el viernes 27 de septiembre en la tertulia que se celebra en el marco de la Noche de los Investigadores de Madrid bajo el título: “Los robots y las leyes del futuro”, un encuentro entre científicos, tecnólogos y legisladores para analizar los retos del Derecho ante avances tecnológicos como la robótica.

P. ¿Han provocado muchos cambios las nuevas tecnologías en el ámbito del Derecho Mercantil?

R. La tecnología digital ha revolucionado la forma en la que se desarrollan las actividades económicas: el modo de interactuar de todos los operadores, en las relaciones con sus clientes, con sus socios e inversores, con sus proveedores y competidores; y con la administración pública, ha creado nuevos mercados y ha marcado nuevas pautas para competir y cooperar. En definitiva, la potente combinación del soporte digital y las redes de comunicación electrónica ha dado lugar a la emergencia de un nuevo espacio en el que tienen lugar las transacciones económicas y se desarrolla la actividad empresarial, además de, naturalmente, otras numerosas actividades sociales, artísticas, políticas o educativas. Desde la perspectiva de la actividad económica, la tecnología ha dotado de agilidad, eficiencia y extensión a la actuación empresarial en multitud de ámbitos por lo que ha sido acogida con rapidez por los operadores económicos en sus transacciones aún sin contar inicialmente con un respaldo legislativo claro. Esto ha permitido que los operadores económicos adoptaran primero la tecnología, basando su incorporación y funcionamiento en acuerdos entre las partes, y posteriormente el Derecho mercantil se amoldara con comodidad y relativa rapidez a los retos del espacio digital. Algunos problemas han requerido nuevas normas pero otros se han podido resolver satisfactoriamente reinterpretando las reglas existentes.

¿Los cambios en el Derecho van al ritmo de las nuevas tecnologías?

Los cambios en el Derecho suelen responder a los cambios sociales y algunos cambios sociales derivan de la evolución tecnológica. El Derecho primero observa atentamente la realidad, y posteriormente actúa. Cualquier avance tecnológico no requiere necesariamente una norma nueva. En ocasiones, hay que esperar a entender primero bien la tecnología y después valorar sus implicaciones sociales y jurídicas. Una ley precipitada, que responda puntualmente a cualquier avance tecnológico deviene obsoleta pronto, crea inseguridad jurídica y puede provocar un tratamiento discriminatorio entre situaciones iguales pero sólo dispares por la tecnología empleada. A pesar de la generalizada percepción de que las soluciones jurídicas son tardías, sin embargo, en el caso precisamente del comercio electrónico alguna de las normas, sobre todo, a nivel internacional han sido un estímulo, más que una respuesta, para que los operadores económicos adoptaran la tecnología en el desarrollo de su actividad al dotar de claridad y certidumbre a las relaciones entabladas por medios electrónicos.

¿Cuáles son los principales retos legales ante la llegada de nuevos avances científicos y tecnológicos?

Una vez superados los problemas iniciales que la tecnología digital planteó - referidos muy básicamente al reconocimiento de los documentos electrónicos, la firma, la celebración de contractos y las cuestiones probatorias - llega ahora una nueva oleada de retos que, en mi opinión, sí requieren un nuevo enfoque. El concepto de privacidad y las nuevas expectativas de protección en el entorno digital, las posibilidades de la realidad aumentada o las nuevas formas de creatividad (de crear, compartir, distribuir y acceder a obras digitales) son, entre otros, los retos aún pendientes.

En el caso concreto de la robótica, si la Inteligencia Artificial dota a los robots de cierta autonomía, ¿puede un robot llegar a tener los mismos derechos y obligaciones que una persona? ¿O a crear una sociedad mercantil, llegado el caso?

La pregunta es fascinante y el reto al que nos enfrentamos realmente apasionante. Seguramente, el Derecho observará, valorará las consecuencias y dotará de soluciones posteriormente si se estimara que las reglas existentes no nos conducen a resultados adecuados. La tendencia, mientras tanto, será inevitablemente, tratar de abordar este reto con los principios y las reglas existentes. Hasta ahora, la cuestión se va a resolver atribuyendo la decisión adoptada por un robot o la responsabilidad derivada de los daños que pudiera ocasionar al creador, al fabricante, al programador, al usuario, al sujeto que lo emplea como auxiliar en el cumplimiento de sus obligaciones, al principal en el contrato de agencia. No siempre la solución será la adecuada, porque puede llegar un momento en el que la realidad nueva no pueda ya ser subsumida en la realidad que contemplaban las reglas actuales al formularse. Entonces, sí, habrá que proceder a un cambio jurídico. Si el grado de autonomía implica que las decisiones adoptadas por el robot ya no responden a un conjunto de precisas instrucciones preestablecidas sino a una serie de normas amplias que hay que valorar y aplicar, el escenario en el que nos encontramos es diferente.

¿Serían viables unas leyes de la robótica como las que establece Asimov en sus novelas?

El debate jurídico sobre la robótica, en todas sus dimensiones, debería ir mucho más allá. Aún las leyes de la robótica, en su estado actual de evolución, no son para los robots, van dirigidas a los seres humanos que los desarrollamos y empleamos para ejecutar tareas y funciones con una destreza, eficacia y precisión muy superior, en condiciones inadecuadas o insalubres para el ser humano o de imposible ejecución de otro modo. Por tanto, la regulación de todas las cuestiones que la robótica plantea requiere un tratamiento con reglas y principios más elaborados, completos y amplios que desde luego no parta de una visión catastrofista ni amenazante.

¿Podrán los robots sustituir a los trabajadores en las sociedades mercantiles?

Una de las preocupaciones que el empleo cada vez más extenso y generalizado de robots en el entorno laboral genera es el temor a que implique una sustitución progresiva e imparable de trabajadores en aquellas tareas que se pueden desempeñar con mayor precisión, rapidez o eficacia por robots. Me parece que una adecuada planificación de la robotización de los procesos empresariales no debería conducir a un escenario pesimista, sino todo lo contrario. Se deberían aprovechar para reducir los riesgos que se asumen en tareas peligrosas o insalubres mediante la sustitución total o parcial por robots, liberar de tareas repetitivas o permitir la concentración en tareas creativas y un desplazamiento progresivo hacia otras profesiones o actividades.

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