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Última actualización: 11/05/2015

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LUNA GARCÍA, Antonio (1901-1967)

Catedrático de Elementos de Derecho Natural en La Laguna, Salamanca y, posteriormente, de Derecho Internacional Público en Madrid, en donde permaneció hasta el final de su carrera.

 

Datos biográficos

Era natural de Granada, donde nació el 30 de abril de 1901, si bien sus raíces familiares procedían de Antequera en Málaga. Falleció en la capital de España el 8 de mayo de 1967, de regreso de un viaje en Viena. A él se refiere uno de sus antiguos discípulos como “Hombre sociable y cordial, conversador amenísimo, tenía amigos por todo el mundo. Su afición por el deporte fue grande… La vida de Luna, padre de familia numerosa y hombre íntegro, era, por lo demás, acorde con su formación”.

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Formación

Desde muy joven fue un estudiante ejemplar. En su bachillerato realizado en el Colegio del Sacro Monte obtuvo premio extraordinario y también en su licenciatura en Derecho finalizada en Granada en 1923. Durante estos años se le describe como un joven risueño y travieso que frecuenta tertulias intelectuales en las que participan personajes como Federico García Lorca, Alfonso García Valdecasas y Antonio Gallego Burín. Gracias a su magnífico expediente académico obtuvo una beca para el Colegio de España en Bolonia. Allí elaboró su tesis doctoral sobre Il valore della consuetudine come fonte del diritto, una investigación que fue defendida en 1925. Con este trabajo consiguió el premio Vittorio Emmanuelle II de la Universidad de Bolonia dos años después. También le fue concedida una beca de la Junta para la Ampliación de Estudios con la que marchó a diferentes universidades europeas como París, Oxford y, sobre todo, Friburgo, a donde acudió en dos ocasiones (1925 y 1929) y en la que tuvo contacto con los catedráticos Edmund Husserl, Otto Lenel y Heinrich Finke.

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Carrera académica

Inició su carrera académica como auxiliar honorífico de la Universidad de Granada, consiguiendo una auxiliaría temporal de Derecho romano, Historia y Derecho Penal en 1925, puesto que ocupó hasta 1928. A finales de ese año, obtuvo la cátedra de Elementos de Derecho Natural de La Laguna, con un tribunal presidido por el todopoderoso catedrático de Derecho civil, Felipe Clemente de Diego. En 1931 es trasladado “fuera de turno” a la Universidad de Salamanca para la cátedra de Filosofía del Derecho. Según consta, esta Universidad aprobó en junta de 6 de marzo de 1931 un acuerdo para que Antonio Luna pudiera seguir sus estudios sobre Francisco de Vitoria y además sobre el “intelectualismo práctico español”. Sólo un año después permuta con Wenceslao González Oliveros su cátedra por la de éste que se encontraba en su ciudad natal, Granada. En ella apenas estará tres meses debido a que consiguió por oposición la cátedra de Derecho Internacional Público de la Universidad Central en diciembre de 1932. En este año acude a Londres donde trabaja en el Royal Institute of International Affairs y poco después es nombrado Director del Instituto de Estudios Internacionales y Económicos, sito en Madrid.

Al estallar la Guerra Civil, el gobierno del Frente Popular le ordena abandonar la capital de España junto con el resto de funcionarios y miembros del Estado. Luna se niega y es detenido en la checa de García Atadell y Pedrero. Ya en libertad, intenta por medio de embajadas, consulados e incluso por el frente de combate, pasar a la zona nacional, pero no lo consigue. Por las fundadas sospechas de que comulgaba con los ideales golpistas y por sus actos de desobediencia, las autoridades republicanas lo cesaron en octubre de 1936 y después le dieron de baja tanto en su plaza de catedrático como en el cargo de Director del Instituto el día 9 de octubre de 1937. Pasó el resto de la contienda en la capital, donde se incorporó a la Quinta Columna como agente del Servicio de Información y Policía Militar del I Cuerpo de Ejército nacional. De hecho, se le atribuye una participación importante en el golpe militar que el Coronel Casado llevó a cabo contra el Gobierno de Negrín, debido a su amistad con el político socialista Julián Besteiro.

Tras el conflicto bélico, y después del oportuno expediente de depuración en el que acusó como “rojos” a Francisco Ayala, Joaquín Rodríguez y Jesús Vázquez Gayoso, fue rehabilitado en sus cargos sin sanción por la Orden de 9 de octubre de 1939. Gracias a su apoyo inquebrantable a la causa nacional recibiría el encargo de convertirse en miembro de la comisión de depuración de la Universidad de Madrid. Este cometido tan severo, contrasta con la descripción que el catedrático José Orlandis da de él como “extrovertido, dicharachero, ingenioso… travieso e imprudente”, además de católico, padre de familia numerosa, etc. Como el propio Orlandis afirma, fue utilizado por las gentes del régimen para llevar a cabo sus venganzas personales, lo que no hemos podido constatar ya que la bibliografía afirma que renunció muy pronto a dicho cargo depurador, siendo sustituido por Fernando Enríquez de Salamanca, catedrático de medicina y Decano de su facultad.

Una vez incorporado a su cátedra, sus clases únicamente fueron interrumpidas por algunos viajes que realizó al extranjero, entre ellos a Argentina para la organización y creación de la Fundación Francisco de Vitoria y Francisco Suárez (1947) y en la década de los cincuenta a Estados Unidos, en concreto, a la Universidad de Notre Dame, en donde participó en la creación de la revista Natural Law Forum. En los años sesenta se apartó temporalmente de su cátedra para dedicarse a la carrera diplomática. Sus estudiantes lo recordaban como un profesor brillante en sus explicaciones “en las que se entremezclaban la doctrina y la anécdota, el dato científico y el comentario ingenioso, la referencia histórica y la alusión a la actualidad”, próximo que “no desdeñaba la convivencia con el alumno”, la cual no era óbice para que fuera conocida su “severidad a la hora del examen”. A lo largo de sus años como profesor, también dirigirá varias tesis doctorales, como la defendida en 1955 por su discípulo Enrique Syquía Pineda, con el título El proceso de Tokio.

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Depuración

Tras el conflicto bélico, y después del oportuno expediente de depuración fue rehabilitado en sus cargos sin sanción por la Orden de 9 de octubre de 1939 (véase supra).

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Otras actividades y méritos

Con el advenimiento de la II República, ocupará diferentes cargos como el de Secretario de la Comisión Jurídica Asesora de la República (1931-1934), miembro de la Junta de Relaciones Culturales del Ministerio de Estado, secretario de la Federación de Asociaciones Españolas de Estudios Internacionales (1932-1936), fundador y director del Instituto de Estudios Internacionales y Económicos de la Fundación Nacional para Investigaciones Científicas. Tras la guerra fue Director del Instituto Francisco de Vitoria de Derecho Internacional (1940-1963) y consejero del CSIC desde 1943. Miembro del Tribunal Permanente de Arbitraje de la Haya y Delegado de España en la ONU (1957-1961) y ya al final de su vida en 1963 se le nombró embajador en Colombia y dos años después en Austria, tras fallecer en Viena, el catedrático Segismundo Royo-Villanova, circunstancias que le llevaron a solicitar una excedencia especial en su cátedra. Dirigió la Escuela de Funcionarios Internacionales. También ostentó el cargo de Asesor Jurídico del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Delegado de España en la Comisión de la Organización de las Naciones Unidas hasta su muerte.

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Principales obras

No fue, como tantos otros, un catedrático prolífico en publicaciones. Él mismo únicamente cita en su expediente como profesor dos, aquella que le permitió obtener el premio Víctor Manuel y Nacionalismo e internacionalismo en la doctrina católica, Editorial Minerva de los Ríos, 1934. En este trabajo afirmaba sus posiciones de iusnaturalista católico enfrentado al positivismo jurídico. José María Castán en las páginas laudatorias que hizo tras su muerte se sorprendía que “un jurista como Luna, tan atento a los problemas de su tiempo y tan documentado sobre las cuestiones más diversas, no haya dejado una obra más extensa”. La justificación que daba este autor el cual había sido alumno de Luna, sobre este escaso número de publicación se basaba en dos argumentos, el primero que la “amplitud de los materiales de trabajo reunidos por don Antonio le impidió, desbordándoles, escribir algunos libros que hubiéramos podido esperar de él”; y el segundo y más cierto, que la multitud de informes, rapports, artículos de prensa, etc. que elaboró a lo largo de su vida, le privaron de ese tiempo precioso para la publicación de un mayor número de monografías.

Sin embargo, a él se le atribuyen por error varias obras que no le pertenecen y que corresponden a un secretario de juzgado que vivió durante la misma época y que también se llamaba Antonio Luna García. Este funcionario alcanzó gran notoriedad al participar en los diferentes proyectos que se elaboraron durante la guerra civil para la reforma de la administración de justicia, ya que fue Delegado Nacional de Derecho y Justicia de FE y de las JONS. Una circunstancia que ha favorecido la aparición de numerosos errores en algunas de las afirmaciones y biografías realizadas sobre la persona de nuestro catedrático. En concreto se le atribuyen obras que no le pertenecen como: Accidentes del trabajo: jurisprudencia y comentarios del libro tercero del Código del Trabajo, junto Antonio Rodríguez Martín, Imprenta Revista de los Tribunales, Sevilla, 1927; El registro civil en la legislación comparada: exposición doctrinal, legislación española, leyes extranjeras, Editorial Góngora, Madrid, 1933; El registro civil de España y los extranjeros : doctrina y legislación comparada, junto con Werner Goldschmidt, Imprenta Murillo, Madrid, 1936; Justicia, Editorial Aguilar, Madrid, 1940 (A la segunda edición se le añadieron los comentarios sobre la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo); Manual del Registro Civil de las personas: leyes españolas y extranjeras, Instituto de Estudios de Administración Local, Madrid, 1951.

Gracias a sus dotes de gran orador, pronunció a lo largo de su vida numerosas charlas y conferencias, de las que sólo algunas vieron la imprenta, como la “Nota bibliográfica sobre la Introducción de la Ciencia del Derecho de Randbruch” (Revista de Derecho Privado, t. XVII); “España, Europa y la Cristiandad”, (Revista de Estudios Políticos, núm. 9, 1943), o la impartida en este mismo Instituto en el mes de abril de 1962, con el título El Poder Exterior: las Relaciones Internacionales en la Era de la Guerra Fría, que fue editada por la misma institución ese mismo año. La relación de Luna con el Instituto de Estudios Políticos y, especialmente con sus directores, Alfonso García-Valdecasas, Fernando María Castiella, Javier Conde, Emilio Lano de Espinosa, Fraga Iribarne o Jesús Fueyo, fue siempre muy estrecha.

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Fuentes

  • Archivo General de la Administración, Expedientes personales de catedráticos, 5.1.16= 21/20424.
  • Castán Vázquez, José María, “In memoriam. El profesor Antonio de Luna”, Revista de Estudios Políticos, 1967, pp. 5-9.
  • Lanero Táboas, Mónica, Una milicia de la justicia. La política judicial del franquismo (1936-1945), Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 1996.
  • Orlandis Rovira, José, Años de juventud en el Opus Dei, 5ª ed., Editorial Rialp, Madrid, 1993.
  • Peláez, Manuel J., “Luna García Antonio de”, Diccionario crítico de juristas españoles, portugueses y latinoamericanos…, vol. I (A-L), Talleres Editoriales Cometa S.A., Zaragoza, 2005, pp. 505 y 506.
  • Rodríguez López, Carolina, La Universidad de Madrid en el primer franquismo: ruptura y continuidad (1939-1951), Biblioteca del Instituto Antonio de Nebrija de Estudios sobre la Universidad Carlos III de Madrid, Editorial Dykinson, S. L., Madrid, 2002.
  • VV.AA., La destrucción de la ciencia en España: depuración universitaria en el franquismo, Editorial Complutense, Madrid, 2006.
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Pascual Marzal
25 de febrero del 2015

 

Diccionario de catedráticos españoles de derecho (1847-1943) [en línea]. Universidad Carlos III de Madrid. Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2011- . Disponible en: http://www.uc3m.es/diccionariodecatedraticos

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