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Última actualización: 18/11/2013

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SERRANO SUÁREZ, José María (1900-1973)

Después de impartir docencia como profesor auxiliar en la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo, obtuvo la cátedra de Procedimientos judiciales y Práctica forense de la Universidad de Salamanca, donde permaneció menos de un año, regresando a la Universidad de Oviedo, en la que se mantuvo al frente de la cátedra de Derecho Procesal durante más de cuarenta años, hasta su jubilación. Fue el primero de los discípulos del insigne procesalista Francisco Beceña que accedió a una cátedra de Derecho Procesal.

 

Datos biográficos

Nació en Oviedo el 19 de junio de 1900. Sus padres se llamaban Eduardo Serrano Branat y Carolina Suárez Cué. Falleció en Oviedo el 1 de agosto de 1973. Tiene una calle en la capital asturiana que lleva el nombre de José María Serrano Suárez.

Su padre fue catedrático de Derecho procesal civil, penal, canónico y administrativo y Teoría y práctica de redacción de instrumentos públicos en la Universidad de Oviedo, pasando después a ocupar la cátedra de Derecho Civil de esta misma Universidad. Eduardo Serrano Alonso, sobrino de José María Serrano Suárez y nieto a su vez de Eduardo Serrano Branat, fue también catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Oviedo.

En la semblanza que le dedicó José María Martínez Cachero en el periódico asturiano La Nueva España, dejó hecho este retrato de José María Serrano Suárez: “Alto de estatura, delgado de cuerpo, de apariencia quijotesca conforme a la más tópica representación gráfica del hidalgo manchego, con una elegancia natural, acompañado de su deambular por las calles ovetenses de fieles amigos como Emilio Cuesta o Manuel García Conde, asiduo concurrente a los actos culturales de la ciudad, admirador entusiasta de don Fermín Canella con quien acaso guardara algún parecido”.

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Formación

Cursó la Licenciatura de Derecho en la Universidad de Oviedo. El 29 de mayo de 1920 realizó los ejercicios correspondientes al grado de Licenciado, que superó con la calificación de sobresaliente. Se le expidió el título de Licenciado el 2 de junio de 1923.

Posteriormente, aprobó en la Universidad Central las asignaturas del Doctorado de Derecho: Política social y Legislación comparada del trabajo, Historia del Derecho Internacional, Historia de la Literatura jurídica española y Derecho municipal comparado.

El 27 de febrero de 1928 verificó los ejercicios correspondientes al grado de Doctor en Derecho, consiguiendo la calificación de sobresaliente. No llegó a publicar su memoria o tesis doctoral, titulada “Las acciones de la Lex Aquilia”.

Por acuerdo del Claustro de la Universidad de Oviedo, en su sesión celebrada el 15 de octubre de 1921, le fue concedida a Serrano una pensión para ampliar estudios en el extranjero durante diez meses. La pensión fue confirmada por Real Orden de 4 de enero de 1922.

A propuesta de la Junta de Profesores de la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo, el Claustro de esta Universidad acordó conceder a Serrano otra pensión en el curso académico 1927-1928, para ampliar estudios en el extranjero sobre el tema de “Las Fuentes del Derecho”.

Serrano estudió en las Universidades de París, Múnich, Viena y Roma. En la Universidad de Múnich coincidió con otros universitarios españoles, entre los que se encontraba Emilio González López, posteriormente nombrado catedrático de Derecho Penal, quien recordaba el pánico que Serrano tenía a las tormentas: “Estaba en 1928, en Múnich […] cuando me sorprendió una violenta tormenta, caminando con varios amigos españoles. Uno de ellos, el más alto, era asturiano, José Serrano, que sería más tarde profesor de Derecho Procesal de la Universidad de Oviedo. Le entró tal pánico a Serrano al oír la tormenta y ver relampaguear el cielo, que salió disparado sin decirnos una palabra”.

A petición del Patronato de la Residencia de Estudiantes, la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas propuso en 1933 que se concediera a Serrano la condición de pensionado para dos meses, para que pudiera estudiar la organización de los Colegios universitarios en Inglaterra. Serrano pidió que se aplazara hasta mayo de 1934 su estancia de estudios en Inglaterra, pero no consta si llegó a realizar efectivamente esa estancia.

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Carrera académica

El 1 de mayo de 1923 fue nombrado profesor auxiliar temporal de la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo, mediante concurso. Tomó posesión el 13 de junio de 1923. Cesó el 6 de julio de 1929.

En su condición de profesor auxiliar, explicó, durante distintos periodos de tiempo, las siguientes asignaturas: Derecho Natural, Historia General del Derecho español, Derecho Político Español y Comparado, Derecho Civil Español (primer curso), Derecho Civil Español (segundo curso) y Derecho Internacional.

Serrano presentó instancia solicitando participar en las oposiciones convocadas para proveer la cátedra de Procedimientos judiciales y Práctica forense de la Universidad de Salamanca. El anuncio de las oposiciones fue publicado en la Gaceta de Madrid del 2 de agosto de 1926, siendo objeto de una rectificación que apareció en la Gaceta de Madrid del día 9 del mismo mes.

Presentaron instancia para tomar parte en esas oposiciones once candidatos, entre los cuales había dos catedráticos de Procedimientos judiciales y Práctica forense (Mauro Miguel Romero y Francisco Marcos Pelayo). Pero Serrano fue excluido por no justificar “que se halla en posesión del título de Doctor o que tiene aprobado el ejercicio del mismo grado”. En efecto, Serrano obtendría ese grado académico bastante más tarde, en febrero de 1928.

Uno de los aspirantes a la cátedra, José García Revillo, que era profesor auxiliar numerario de la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca y estaba encargado de la cátedra de Procedimientos judiciales y Práctica forense de esa Universidad, recusó a dos de los miembros del tribunal nombrado para juzgar las oposiciones: Tomás Montejo y Rica, presidente titular del tribunal y catedrático de Procedimientos judiciales de la Universidad Central, y Francisco Javier Comin y Moya, que había sido designado vocal suplente y era catedrático de Procedimientos judiciales de la Universidad de Zaragoza.

La recusación formulada por José García Revillo traía causa de unas oposiciones celebradas en 1918, que habían sido convocadas para cubrir las cátedras de Procedimientos judiciales y Práctica forense de las Universidades de Salamanca y Murcia. José García Revillo fue uno de los cinco opositores que realizaron todos los ejercicios de aquellas oposiciones de 1918, pero no obtuvo ningún voto. García Revillo estimó que había sido injusto el resultado de las oposiciones, y más concretamente la adjudicación de la cátedra de Procedimientos judiciales de la Universidad de Salamanca a Francisco Marcos Pelayo. Al terminar las oposiciones, García Revillo, movido por el agravio que creía haber sufrido, dirigió a dos miembros del tribunal, los mencionados Tomás Montejo y Francisco Javier Comín, una “tarjeta de despedida”, en las que se expresó “en términos de energía y violencia”. Basándose en ese hecho, es decir, en la referida “tarjeta de despedida” que García Revillo había remitido en 1918 a Montejo y a Comín, recusó a ambos en las oposiciones convocadas en 1926. García Revillo entendía que el contenido de aquella tarjeta había originado una enemistad manifiesta entre los recusados y el recusante. Pero la recusación fue desestimada mediante Real Orden de 7 de mayo de 1927, que declaraba: “suponer que los Sres. Montejo y Comín no han de obrar con la independencia de juicio necesario por las razones alegadas, sería ofensivo para tan distinguidos Catedráticos, así como suponer, por otra parte, que el Sr. García Revillo no ha de tener la serenidad de espíritu suficiente para practicar los ejercicios de oposición que tiene solicitados en presencia de lo expresados señores”.

La recusación formulada por García Revillo y la demora que originó iban a tener una influencia indirecta, pero decisiva, en la carrera académica de Serrano. Uno de los recusados, Tomás Montejo, presentó su renuncia a formar parte del tribunal de las oposiciones, excusándose en motivos de salud, después de que fuera rechazada la recusación formulada contra él. Le fue aceptada la renuncia mediante Real Orden de 17 de septiembre de 1927. En sustitución de Montejo fue nombrado presidente del tribunal Laureano Díez Canseco por Real Orden de 18 de octubre de 1927. Por otra parte, al haber transcurrido más de un año desde la convocatoria de las oposiciones, la Real Orden de 27 de diciembre de 1927 acordó abrir “un plazo reglamentario de dos meses, para la admisión de instancias de aspirantes a las expresadas oposiciones”.

Esa resolución mediante la que se abría un nuevo plazo de admisión de instancias, así como la nueva convocatoria de las oposiciones, se publicaron en la Gaceta de Madrid del 27 de diciembre de 1927. Dado que Serrano defendió su tesis doctoral el 20 de febrero de 1928, aún estuvo a tiempo, por unos pocos días, de presentar instancia para participar en las oposiciones.

En esta ocasión las oposiciones fueron firmadas por seis aspirantes, quedando constituido el tribunal con los siguientes miembros: como presidente Laureano Díez Canseco, como vocales Quintín Palacios Herranz, Mauro Miguel Romero y Casto Barahona, actuando como secretario Francisco Beceña, maestro de Serrano.

Los opositores fueron convocados para el día 17 de abril de 1929, compareciendo sólo dos: Serrano y Agustín Vicente Gella, pero este último se retiró de la oposición, lo que facilitó sobremanera el triunfo de Serrano, quien resultó vencedor por unanimidad del tribunal, al obtener los votos de sus cinco integrantes.

En consecuencia, Serrano fue nombrado catedrático de Procedimientos judiciales y Práctica forense de la Universidad de Salamanca mediante Real Orden de 5 de junio de 1929, tomando posesión el 6 de julio del mismo año.

En marzo de 1930 quedó vacante la cátedra de Derecho Procesal de la Universidad de Oviedo, dado que su titular, Francisco Beceña, se trasladó a la Universidad Central.

En virtud del correspondiente concurso de traslado, Serrano fue nombrado catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Oviedo por Real Orden de 9 de junio de 1930, tomando posesión el día 23 del mismo mes.

Serrano desempeñó la cátedra de Derecho Procesal de la Universidad de Oviedo durante más de cuarenta años. Aunque cumplió la edad reglamentaria de jubilación el 19 de junio de 1970, fue autorizado a continuar en activo hasta la terminación del curso académico 1969-1970 (Orden de 21 de mayo de 1970). Le sucedería en la cátedra ovetense de Derecho Procesal Manuel Serra Domínguez.

Asimismo, Serrano enseñó Derecho Procesal del Trabajo en la Escuela Social del Ministerio de Trabajo de Oviedo, llegando a ser Director de esa Escuela.

Serrano ejerció numerosos cargos académicos en la Universidad de Oviedo, que se mencionarán a continuación.

Director de la Biblioteca de la Facultad de Derecho.

Secretario de la Facultad de Derecho, cargo en el que tomó posesión el 26 de octubre de 1928.

Durante la guerra civil fue nombrado Decano accidental de la Facultad de Derecho y Rector interino de la Universidad.

Mediante Orden de 4 de noviembre de 1940, fue nombrado Decano de la Facultad de Derecho.

Fue Director de los cursos de verano, codirigiendo en 1940 el primero de esos cursos.

La Orden de 12 de agosto de 1944 lo nombró Director del Secretariado de Publicaciones, Intercambio Científico y Extensión Universitaria.

Por Orden de 7 de agosto de 1948, le fue asignado el cargo de Vicerrector.

Fue cesado en los cargos de Decano de la Facultad de Derecho y Vicerrector de la Universidad en virtud de sendas Órdenes ministeriales de 9 de noviembre de 1951.

Serrano formó parte del tribunal de las oposiciones a la cátedra de Derecho Procesal de la Universidad de Zaragoza celebradas en 1932, en las que Leonardo Prieto Castro, gracias a los votos del propio Serrano, su maestro Francisco Beceña y Gabriel Bonilla Marina, se impuso a Niceto Alcalá-Zamora y Castillo, hijo del entonces Presidente de la República.

Asimismo, Serrano fue uno de los integrantes del tribunal de las oposiciones a la cátedra de Derecho Procesal de la Universidad de Madrid celebradas entre 1943 y 1944. El último titular de esa cátedra había sido Francisco Beceña, que fue asesinado en los primeros días de la guerra civil. En este caso fue Jaime Guasp quien derrotó a Leonardo Prieto Castro. La conducta de Serrano a la hora de efectuar la votación fue muy peculiar, porque no votó a favor de Prieto Castro, ni de Guasp ni a favor de la no provisión de la cátedra, sino que, sencillamente, se abstuvo de votar.

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Depuración

El 27 de noviembre de 1937 Serrano dirigió una instancia a la Comisión Depuradora A, que era la encargada de depurar al personal universitario, en la que pidió ser confirmado en su cargo de catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo.

Serrano fundaba esa petición en su apartamiento de la política y en la colaboración que había venido prestando al bando franquista:

“El que suscribe […] no ha desempeñado nunca cargos públicos y, cuando en abril de 1935 le fue ofrecido un muy importante en el Ministerio de Instrucción Pública, por el titular de dicho Departamento, declinó el ofrecimiento”.

[…] declara solemnemente, bajo juramento, que nunca ha pertenecido a ninguna agrupación sindical ni partido político, y a las pocas horas de iniciarse en esta ciudad el Glorioso Movimiento Nacional se presentó al heroico comandante D. Gerardo Caballero, Delegado de Orden Público, para testimoniarle su adhesión al mismo y colaboró con esta y otras autoridades en todo lo que le permitían sus posibilidades y preparación en los organismos a que pertenece. En el mes de agosto de 1936 entregó al Alcalde de Oviedo, Sr. Almeida una lista de pozos que había formado recogiendo datos de varias publicaciones, con la cual se facilitó grandemente la labor de los técnicos municipales en el importantísimo servicio de aguas a la ciudad”.

Después de enumerar los cargos que le habían conferido durante la guerra civil la Universidad de Oviedo y la Junta Técnica del Estado, Serrano mencionaba a las personas que “pueden aseverar los anteriores extremos”: el Gobernador Civil, el Rector de la Universidad, el Presidente de la Audiencia y José Cuesta Fernández, canónigo de la Catedral.

Serrano acompañaba diversos documentos que acreditaban los servicios que había prestado a los sublevados. Dos de ellos eran especialmente relevantes: a) un informe emitido por Gerardo Caballero, Comandante Delegado de Orden Público del Gobierno Civil de Oviedo, en el que indicaba que “el día 20 de julio de 1936 se presentó en mi despacho oficial el catedrático de esta Universidad D. José Mª Serrano Suárez, para testimoniarme su adhesión al Glorioso Movimiento Nacional”; b) y otro informe del Ayuntamiento de Oviedo, en el que se ponía de manifiesto que “el día siete de agosto de mil novecientos treinta y seis, el catedrático de la Universidad de Oviedo D. José María Serrano Suárez, ha entregado en el despacho de la Alcaldía una relación de los pozos existentes en el casco de la ciudad, cuya relación ha sido utilizada, y los pozos que en ella se señalaban han prestado un extraordinario servicio durante el asedio y después, para abastecer de agua a la población civil y militar”.

La Comisión Depuradora A formuló la siguiente propuesta: “tiene el honor de informar que por los antecedentes que conoce del Profesor Dr. Serrano Suárez puede accederse a su petición, confirmándole en su cargo”.

Mediante resolución de 13 de enero de 1938, el Presidente de la Junta Técnica del Estado acordó la confirmación en el cargo de José María Serrano Suárez.

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Otras actividades y méritos

A continuación se mencionan algunos de los muchos cargos que desempeñó Serrano y varias de las numerosas instituciones de las que formó parte.

Mediante Orden de 28 de mayo de 1931, fue adscrito al Secretariado técnico de la Comisión Jurídica Asesora de la República.

Vocal del Tribunal Contencioso-administrativo provincial de Oviedo.

Vocal de la Junta provincial de Protección de Menores de Oviedo.

Secretario del Centro de Estudios Asturianos.

Miembro del Instituto de Estudios Asturianos.

Secretario de la Asociación de Antiguos Alumnos de la Universidad de Oviedo, que fue creada por iniciativa de Serrano.

Miembro del Patronato para la reconstrucción de la Catedral Basílica de Oviedo.

En diciembre de 1936 fue designado representante del Rectorado de la Universidad de Oviedo en la Junta de Cultura y del Tesoro Artístico.

El 23 de julio de 1937 la Junta Técnica del Estado le confirió el nombramiento de miembro del Servicio Artístico de Vanguardia.

También en 1937 el Rector de la Universidad de Oviedo lo nombró vocal de la Comisión Depuradora de los Centros de Lectura del Distrito Universitario de Oviedo.

Miembro del Patronato provincial para el Fomento de Bibliotecas, Archivos y Museos Arqueológicos.

Mediante Orden de 8 de junio de 1959, fue nombrado Comisario de Protección Escolar del Distrito Universitario de Oviedo.

Miembro de la Academia Jurídica Alemana.

Integrante del Instituto Español de Derecho Procesal.

La Orden de 16 de marzo de 1951 autorizó a Serrano a viajar a Roma en compañía de Sabino Álvarez Gendín, Rector de la Universidad de Oviedo, con objeto de asistir el 29 de abril de ese año a la beatificación del asturiano Fray Melchor García de San Pedro (quien posteriormente, el 19 de junio de 1988, sería proclamado santo).

Serrano prestó declaración en calidad de testigo en la vista del Consejo de Guerra que el bando franquista llevó a cabo durante la guerra civil contra Leopoldo García-Alas y García-Argüelles, Rector de la Universidad de Oviedo e hijo del célebre escritor Clarín. Leopoldo García-Alas fue condenado a muerte.

Bernardo Víctor Carande publicó en Alor Novísimo (núm. 11-12, junio-septiembre de 1987) un escrito de Serrano, titulado “Don Leopoldo García Alas Argüelles”, en el que éste describe las gestiones que él y otros profesores de la Universidad de Oviedo realizaron a favor de Leopoldo García-Alas durante el proceso penal militar y después de que se dictara la sentencia.

Serrano comienza refiriéndose a la detención de Leopoldo García-Alas: “El 30 de julio de 1936 fue detenido y trasladado a la Cárcel Modelo. Conseguimos del comandante Caballero, en funciones de gobernador civil, a quien visitamos, que don Leopoldo ingresase en la enfermería de la cárcel”.

Después, alude a la visita frustrada que él y Guillermo Estrada, profesor y secretario general de la Universidad, trataron de hacer a Leopoldo García-Alas en la cárcel: “El día 31 de julio […] visitamos a la Sra. Alas, y nos encargó llevásemos a su esposo ropas, medicamentos y otras cosas. En la cárcel nos entrevistamos con el director […] Nos recibió atentamente, y nos manifestó que no podíamos ver a don Leopoldo, que se hallaba en la enfermería, pero que inmediatamente le entregaría todo lo que llevábamos para él”.

Asimismo, cuenta la entrevista que él y Sabino Álvarez Gendín hicieron al general Aranda: “En octubre o noviembre, a instancias de la Sra. Alas, que nos visitó (muy alarmada ante ciertos rumores que se difundieron por Oviedo) […] hablamos con el general Aranda en el Gobierno civil, y nos dijo que el Sr. Alas estaba en la enfermería de la cárcel, bien atendido, y que sería juzgado por un tribunal militar”.

Serrano recuerda que, en el Consejo de Guerra, declararon como testigos a favor de Leopoldo García-Alas, además del propio Serrano, “don Benjamín Ortiz, don Sabino A. Gendín (catedrático) [y] don Fernando Valdés Hevia (suboficial, movilizado voluntario)”.

Serrano también evoca las gestiones que él, Sabino Álvarez Gendín y Rodrigo Uría efectuaron para intentar conseguir la conmutación de la pena de muerte: “Cuando conocimos que había sido sentenciado a muerte […] visitamos a los fiscales militares para tratar de la petición de indulto”. Serrano dice que fue él quien “redactó el correspondiente escrito, y los catedráticos Galcerán y A. Gendín se trasladaron a Salamanca para gestionar el indulto, visitaron a algunas personas de la situación […], que les ayudaron en sus gestiones, que no dieron resultado”.

Eduardo Serrano Alonso, sobrino de José María Serrano Suárez, también se ha referido a las gestiones que éste llevó a cabo para tratar de conseguir la conmutación de la pena de muerte impuesta al hijo de Clarín.

Pero esas gestiones resultaron infructuosas. Leopoldo García-Alas fue fusilado en Oviedo el 20 de febrero de 1037.

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Principales obras

 

Discurso leído en la solemne apertura del curso académico del 1942 a 1943, Establecimiento Tipográfico “La Cruz”, Oviedo, 1943 (31 páginas). Al final de este folleto, se indicaba: “Algunas dificultades han impedido la impresión completa de este Discurso, que, una vez vencidas, será publicado en su totalidad”. Pero esa publicación íntegra no llegó a producirse. El Discurso de inauguración del curso pronunciado por Serrano se dedica, en su mayor parte, a describir la trayectoria académica y científica de su maestro Francisco Beceña, y a examinar la influencia decisiva que la obra de Beceña tuvo en la evolución de la doctrina procesal española. A lo largo del trabajo, Serrano reitera las expresiones de afecto y admiración hacia Beceña, de quien dice: “Con la muerte alevosa de Beceña, ha desaparecido de la Universidad española uno de sus Profesores más eminentes. A nosotros se nos ha arrebatado el mejor de los maestros y el más entrañable de los amigos” (p. 15).

“Don Leopoldo García Alas Argüelles”, en Albor Novísimo, Diputación Provincial de Badajoz, año 3-4, núm. 11-12, junio-septiembre de 1987, pp. 21-22. Este breve escrito, anteriormente mencionado, apareció cuando Serrano ya había fallecido. Fue publicado por Bernardo Víctor Carande, quien presentó dicho escrito con una breve nota titulada “Cincuenta años de la muerte del hijo de Clarín”, en la que decía: “Entre los papeles de mi padre [D. Ramón Carande] encuentro éste, en dos folios a máquina; parece ser suscrito (Oviedo, agosto 1969) por José Mª Serrano Suárez y enviado por Jorge Guillén. Éste, Leopoldo Alas y Ramón Carande, contertulios del madrileño Gato Negro, fueron muy amigos”. El contenido del escrito revela claramente que, en efecto, su autor fue José María Serrano Suárez.

La agrafía de Serrano suscitó críticas y perplejidades. Especialmente severo se mostró Niceto Alcalá-Zamora y Castillo. En un escrito publicado cuando Serrano aún estaba en activo, Alcalá-Zamora y Castillo se refirió a la lista de catedráticos españoles de Derecho Procesal de los años sesenta del siglo pasado, y dijo: “[esa lista] la encabeza un señor a quien fuera de su pueblo nadie conoce [se estaba refiriendo, sin nombrarlo, a José María Serrano Suárez], porque a lo largo de casi cuarenta años de magisterio nada ha escrito (como no sea a familiares y amigos)”.

En la semblanza de Serrano redactada por José María Martínez Cachero también se hacía referencia a la agrafía de aquél: “[Serrano era un] excelente conversador en cuyas palabras se echaban de ver enseguida una amplia y variada cultura, fruto de su afición a la lectura y de su curiosidad inquisitiva hacia las diversas realidades culturales y artísticas, las cuales se manifestarían sin duda en su biblioteca y archivo, llamado por él Morgazu, que debe entenderse como gustosa acumulación de curiosidades mayores, medianas y menores -los recortes de prensa en apreciable cantidad, con claro predominio de los relativos a Asturias-, siempre a disposición de los amigos interesados por algún concreto asunto […] Poseedor de semejantes cualidades, diríase muy capaz de llevar a cabo una importante obra científica y, sin embargo, no fue así lamentablemente. Cabe preguntarse por qué y entonces salen como respuestas verosímiles motivos atañentes a su salud e idiosincrasia y, junto a ellos, una como poderosa tendencia a la pereza a la hora de pensar en escribir”.

Nos sabemos cuánto pudo influir en la agrafía de Serrano la terrible conmoción que éste sufrió a causa de la destrucción de la Universidad de Oviedo y de la quema de la Biblioteca universitaria durante la Revolución de octubre de 1934. Hay abundantes testimonios del sufrimiento que estos hechos produjeron en su ánimo. Así, en su instancia de 27 de noviembre de 1937, ya mencionada, se refería a “la bárbara destrucción de dicha Escuela” (el edificio de la Universidad). En abril de 1936, Emilio González López, que acababa de trasladarse a la Universidad de Oviedo como nuevo catedrático de Derecho Penal, visitó a Serrano, que aún se encontraba muy afligido por los acontecimientos de octubre de 1934: “Visité, en cambio, a mi compañero José Serrano, catedrático de Derecho Procesal, a quien había conocido siendo ambos estudiantes en la Universidad de Múnich, en Alemania. También en él se sentían los efectos del sitio de Oviedo por los mineros, pues su conversación giró en torno al asedio, y me hizo un gran elogio del general Aranda, jefe militar de Oviedo”.

 

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Fuentes

  • AGA, Educación, 21/20432, expediente personal.
  • AGA, Educación, 32/13405, leg. 6985/5, expediente de las oposiciones correspondientes a la cátedra de Procedimientos judiciales y Práctica forense de la Universidad de Salamanca.
  • Archivo de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, referencias a José María Serrano Suárez.
  • Hemeroteca Digital del periódico La Nueva España.
  • Niceto Alcalá-Zamora y Castillo, “Reseña a Giacomo de Scala Dei [seudónimo de Santiago Sentís Melendo], `El discurso del ex-ministro de Justicia, señor Iturmendi Bañales, comentado en el extranjero´, en Boletín del Instituto de Derecho Comparado de México, núm. 60, septiembre-diciembre de 1967, p. 671.
  • Emilio González López, Memorias de un estudiante liberal (1903-1931), Sada (A Coruña), 1987.
  • Emilio González López, Memorias de un Diputado de las Cortes de la República (1931-1938), Sada (A Coruña), 1988.
  • José María Martínez Cachero, “Semblanza del catedrático Serrano Suárez”, en la edición del 15 de junio de 2008 del periódico asturiano La Nueva España.
  • VV. AA., Historia de la Facultad de Derecho (1608-2008), coord. Santos M. Coronas González, Universidad de Oviedo, 2010.
  • Eduardo Serrano Alonso, “Asturama”, en la edición del 19 de diciembre de 2012 de La Nueva España.
  • Manuel Cachón Cadenas, Historias de procesalistas, universidades y una guerra civil (1900-1950), Madrid, 2012.
  • Fernando Gómez de Liaño González, “Historia del Derecho Procesal en la Universidad de Oviedo”, en Revista Jurídica de Asturias, núm. 36 (2012), pp. 61 y ss. (los apartados 4 y 10 de este trabajo han sido redactados por Francisco Ramos Méndez y Jesús Hernández Galilea, respectivamente).
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Manuel Cachón Cadenas


24 de octubre de 2013

 

Diccionario de catedráticos españoles de derecho (1847-1943) [en línea]. Universidad Carlos III de Madrid. Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2009- . Disponible en: http://www.uc3m.es/diccionariodecatedraticos

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