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Última actualización: 27/09/2013

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CORUJO Y VALVIDARES, Ángel (1865-1937)

Durante casi treinta años fue profesor auxiliar en la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo. Después, ejerció como catedrático de Procedimientos Judiciales y Práctica Forense de la Universidad de Murcia, desempeñando seguidamente la cátedra de Derecho Procesal de esa misma Universidad. Publicó numerosos trabajos literarios en prosa y, sobre todo, en verso.

 

 

Datos biográficos

Nació en Oviedo el 2 de agosto de 1865. Su padre se llamaba Juan Corujo y Fernández de la Riva, y su madre Constanza Valvidares y de la Concha. Fueron sus abuelos paternos Francisco y Vicenta, y sus abuelos maternos Ignacio y Juana. Permaneció soltero durante toda su vida. Falleció en Madrid el 6 de diciembre de 1937.

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Formación

Cursó el Bachillerato en el Instituto General y Técnico de Oviedo, obteniendo el 9 de junio de 1883 la calificación de sobresaliente en los dos ejercicios correspondientes a ese grado académico. Se le expidió el título de Bachiller el 30 de abril de 1884.

Estudió Derecho en la Universidad de Oviedo, consiguiendo la calificación de sobresaliente en todas la asignaturas de la carrera, excepto en el segundo curso de Derecho procesal civil, penal, canónico y administrativo y Teoría y práctica de redacción de instrumentos públicos, en que sólo logró un notable. El 26 de octubre de 1888 realizó los ejercicios del grado de Licenciado, obteniendo la calificación de sobresaliente. Se le expidió el título de Licenciado en Derecho el 28 de diciembre de 1889.

Durante el curso académico 1888-1889, estudió en la Universidad de Madrid las asignaturas del Doctorado en Derecho. El 26 de abril de 1890 leyó su tesis o discurso doctoral sobre el tema “Idea de la pena”, que había elegido el 12 del mismo mes. Obtuvo la calificación de aprobado. El 5 de enero de 1892 fue dispensado del acto de investidura correspondiente al Doctorado. El 3 de febrero de 1892 le fue expedido el título de Doctor en Derecho.

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Carrera académica

Se presentó sin éxito a las oposiciones convocadas en 1890 para cubrir la cátedra de Derecho civil español, común y foral, de la Universidad de Granada.

Por Real Orden de 15 de diciembre de 1891, fue nombrado auxiliar numerario de la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo mediante concurso. Tomó posesión el 18 de febrero de 1892.

Durante el largo periodo de tiempo en que ejerció como profesor auxiliar en la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo, impartió diversas asignaturas, principalmente las de Procedimientos judiciales, Práctica forense e Historia general del Derecho español.

En virtud de Real Orden de 13 de febrero de 1911 (Gaceta de Madrid del 19 del mismo mes), se le reconoció el derecho a concursar a cátedras de número en la Facultad de Derecho de las asignaturas de Procedimientos judiciales y Práctica forense, e Historia general del Derecho español, por reunir las circunstancias previstas en el Real Decreto de 26 de agosto de 1910.

La Gaceta de instrucción pública y bellas artes del 17 de julio de 1912 anunciaba el acuerdo que había adoptado el Pleno del Consejo de Instrucción Pública celebrado el día 13 del mismo mes, proponiendo que se resolviera “a favor de D. Ángel Corujo el expediente de provisión de una cátedra vacante”. Pero no se indica de qué cátedra se trataba. Tampoco consta si la propuesta formulada por el Consejo de Instrucción Pública fue o no aceptada por el Ministerio de Instrucción Pública. Lo cierto es que Ángel Corujo permaneció como profesor auxiliar numerario en la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo hasta 1919, año en que sería nombrado catedrático de la Universidad de Murcia.

En el curso académico 1914-1915 estuvo encargado de la cátedra de Historia general del Derecho español de la Universidad de Oviedo.

Por Real Orden de 7 de noviembre de 1919, fue nombrado catedrático de Procedimientos judiciales y Práctica forense de la Universidad de Murcia (Gaceta de Madrid del 11 de noviembre de 1919), mediante concurso. Fue el último catedrático de Procedimientos judiciales que ingresó en el escalafón de catedráticos de Universidad por concurso, es decir, sin superar una oposición.

A petición propia, Ángel Corujo fue jubilado por Decreto de 18 de febrero de 1935 (Gaceta de Madrid del 19 del mismo mes), por haber prestado más de cuarenta años de servicio al Estado. La cátedra que dejó vacante en la Universidad de Murcia fue ocupada durante un breve periodo de tiempo por Niceto Alcalá-Zamora y Castillo, quien, mediante permuta con Matías Domínguez Ballarín, pasó en seguida a la Universidad de Valencia.

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Otras actividades y méritos

La principal actividad de Ángel Corujo fue la creación literaria, a la que se dedicó con mucho más ahínco que el mostrado en el cultivo de los estudios jurídicos.

Desde que era estudiante hasta los últimos años de su vida, Corujo publicó numerosos poemas en diversos periódicos y revistas, entre los que figuran los siguientes: 1) el periódico asturiano “El Carbayón”, subtitulado “Periódico de intereses morales y materiales”; 2) “La moda elegante”, que se anunciaba como “Periódico especial de señoras y señoritas, indispensable en toda casa de familia”; 3) el periódico madrileño “El Liberal”; 4) el periódico murciano “La Verdad”; 5) “Levante Agrario”, publicado también en Murcia.

La “Revista de archivos, bibliotecas y museos” del 1 de enero de 1903 informaba que el mes de diciembre del año anterior el periódico madrileño “El Liberal” había convocado un concurso para premiar dos poesías al Año Nuevo que fueran inéditas y originales, con un premio de 500 pesetas y otro de 250 pesetas, y el compromiso de publicar en “El Liberal” las dos poesías que resultaran premiadas. Ángel Corujo se presentó al concurso junto a otros 324 poetas, y, si bien no obtuvo ninguno de los dos premios, el Jurado consideró que la poesía que había compuesto para el concurso era merecedora de ser publicada en aquel mismo periódico.

En las fiestas celebradas en Oviedo en 1905 para conmemorar el tercer centenario de la publicación del Quijote, Ángel Corujo participó pronunciando un discurso sobre “La figura de Don Quijote”.

Inmediatamente después de jubilarse como catedrático de la Universidad de Murcia, Ángel Corujo trasladó su residencia a Madrid, donde falleció en plena guerra civil. Apenas hay datos sobre este último periodo de su vida. En particular, no se sabe si le alcanzó la persecución sufrida por varios de sus familiares más cercanos, que fueron acusados de actuar como quintacolumnistas. El caso más grave fue el de Ignacio Corujo López-Villamil, procurador de los tribunales y sobrino de Ángel Corujo, que fue detenido en Madrid, siendo trasladado posteriormente a Valencia y, finalmente, a Barcelona, donde fue juzgado, condenado a muerte y fusilado.

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Principales obras

Corujo carece de publicaciones jurídicas, aunque se conservan algunos trabajos inéditos suyos.

En su expediente académico del AHN hay un ejemplar manuscrito y sin paginar de su tesis o discurso doctoral dedicado al tema “Idea de la pena”.

En el expediente personal que se custodia en el AGA se conserva un ejemplar del “Programa de Derecho civil español, común y foral” presentado por Corujo a las oposiciones convocadas en 1890 para la provisión de la cátedra de Derecho Civil de la Universidad de Granada.

Buena parte de la producción poética de Corujo está dispersa en periódicos y revistas.

Además, publicó las siguientes obras literarias: 1) Las dos rosas: Poema (Madrid, 1896); 2) Cuentos de colores, en prosa y verso (Madrid, 1896); 3) Soledades: Poesías (Madrid, 1897); 4) Cuentos y chascarrillos andaluces tomados de boca del vulgo, por Fidano, Zutano, Mengano y Perengano (1896, 1898); 5) Cuentos naturales (Madrid, 1902); 6) Cuentos naturales. Segunda serie (Madrid, 1904).

Entre los diversos libros de Corujo, Las dos rosas (Madrid, 1896, 171, págs.) fue el que suscitó una mayor repercusión al tiempo de publicarse y, a su vez, es el que ha tenido más difusión. En los últimos años la obra mencionada ha sido objeto de sucesivas ediciones en los Estados Unidos de Norteamérica.

Las críticas publicadas inmediatamente después de la aparición de Las dos rosas fueron, en general, elogiosas, aunque tampoco faltaron algunos reproches. “Madrid cómico” (9 de mayo de 1896) decía que la obra de de Corujo era “un lindísimo poema”. El crítico de la “Revista contemporánea” (abril de 1896) hacía la siguiente valoración: “Demuestra el autor soltura en la versificación y no poca fantasía. Confiamos que en obras posteriores se enmendará de algunos descuidos en que incurre”. Por su parte, “La Unión Católica” (27 de abril de 1896) mezclaba los elogios con varios consejos dirigidos al autor: “Merecen aplauso y alabanzas los poetas jóvenes que, como el autor de Las dos rosas, marchan a través de la realidad fin de siglo, que es una selva oscura, pensando siempre en la Beatriz inmortal de un paraíso donde todo amor tiene su asiento. Purifique y complete el Sr. Corujo su propia inspiración con el estudio de los grandes poetas españoles, de los cuales aprenderá fácilmente a ser sencillo y sublime”.

Probablemente la crítica más severa fue la publicada en “El Nuevo Régimen. Semanario Federal” (23 de mayo de 1896) por Francisco Pi y Arsuaga, hijo de don Francisco Pi y Margall. Pi y Arsuaga emitía, entre otros, los siguientes juicios: “Se hace dificilísimo seguirle en sus poéticas lucubraciones; se pierde uno en ese laberinto de consonantes; hay que leer el poema ocho o diez veces para enterarse a medias de lo que el autor pretende. Muchos versos son casi incomprensibles […] En medio del fárrago abrumador de tanto verso, en que no se ha cuidado más que de la armonía del consonante, se halla, sin embargo, algo, muy poco, aprovechable […] Si el Sr. Corujo se corrige de su inmoderado afán por hacer versos al por mayor y sin motivo, podrá […] dar a la estampa obras mejores que Las dos rosas. Aguardo a entonces para juzgarlo más benévolamente”.

Menos eco tuvo la obra de Corujo Soledades. Poesías (Madrid, 1897), aunque también fue objeto de críticas encomiásticas, como la que le dedicó Francisco Navarro y Ledesma en “El Globo” (9 de marzo de 1897): “No es ciertamente el Sr. Corujo el poeta al uso de las grandes bagatelas; es un cantor inspiradísimo, cuyos sencillos versos, de patrón clásico, abundan en sentimientos de inspiración”. Muy favorable fue también la reseña publicada en “El Liberal” (27 de abril de 1897), suscrita por A. Sánchez Pérez, que, entre otras cosas, manifestó: “La lectura de Soledades me conmueve, lo mismo que conmovía la lectura del poema Las dos rosas”.

Otra obra de Corujo, Cuentos naturales (Madrid, 1902), recibió, asimismo, numerosos elogios, como los que le dedicó “El Día” (23 de noviembre de 1904) en una extensa recensión firmada por Domingo Álvarez, en la que el crítico expresaba su admiración por Corujo y calificó a éste de “delicado artista”. 

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Fuentes

  •  AGA, 31/15585, expediente personal.
  • AGA, 32/14705, expediente personal.
  • AHN, Universidades, leg. 3855, exp. 4, expediente académico del Doctorado.
  • Archivo de la familia Corujo.
  • Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional.
  • Hemeroteca Digital del Archivo Municipal de Murcia.
  • Juan Montero Aroca, “Aproximación a la biografía de Francisco Beceña”, en Estudios de Derecho Procesal, Barcelona, 1981, pp. 603-632.
  • Manuel Cachón Cadenas, Historias de procesalistas, universidades y una guerra civil (1900-1950), Madrid, 2012.
  • Julián Caballero Aguado, “El Colegio de Procuradores de Madrid durante la Guerra Civil (2ª parte)”, consultado en www.icpm.es/docsBoletines/boletin_7.pdf

 

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Manuel Cachón Cadenas
20 de abril de 2013

 

 

Diccionario de catedráticos españoles de derecho (1847-1943) [en línea]. Universidad Carlos III de Madrid. Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2011- . Disponible en: http://www.uc3m.es/diccionariodecatedraticos

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