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Congreso Internacional La dignidad y la miseria del hombre en el pensamiento europeo

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Última actualización: 27/05/2009

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20 a 22 de mayo de 2004
Campus de Colmenarejo

Presentación

La literatura sobre la miseria y la dignidad del hombre es un lugar estratégico para el estudio de las concepciones de la sociedad propias de la Edad Media y de la época humanística, y permite analizar desde un lugar de observación privilegiado importantes aspectos de diferencia entre una y otra época. Obras como los cuatrocentistas De dignitate et excellentia hominis, de Giannozzo Manetti, o la oración De hominis dignitate, de Pico de la Mirándola, contrastan o se oponen explícitamente a las siniestras reseñas de la miseria de la condición humana, al estilo del celebérrimo De miseria humanae conditionis, de Lotario de Segni, luego Papa Inocencio III. Un aspecto crucial del tema consiste en el hecho de que se trata de una modalidad literaria que, arrancando en la edad clásica, tuvo una importante difusión en la Europa medieval y de la primera edad moderna, manifestándose en formas tan distintas como la poesía doctrinal, el tratado de confesión, el speculum principis o el sermón, aunque su forma principal, claro está, es la del tratado explícitamente dedicado al tema.
A través de la reflexión sobre el hombre se establecen sólidos lazos con otra temática crucial en el pensamiento europeo al amanecer de la modernidad: la reflexión sobre los "estados de la sociedad", o, en otras palabras, sobre la sociedad y sus formas, lo que llevará, más tarde, a la formulación de las teorías de los derechos humanos. Y en efecto, el tema de la dignidad del hombre ha tenido una importancia central en el desarrollo de los derechos fundamentales en la época contemporánea.

Crónica del Congreso

Jueves, 20 de Mayo de 2004

Comentario Inaugural: Francisco L. Lisi

Desde la Antigüedad la figura del ser humano se ha visto como un aspecto central; figura que siempre está mediada por dos caras: su capacidad de creación y la fragilidad de sus conocimientos, puesto que por su capacidad de ingenio también tiene una capacidad de destrucción; aunque es una criatura superior a los animales y semejante a los dioses, está regido por límites. No es inmortal y debe seguir unas normas para asegurar la continuidad del cosmos. El Congreso "Miseria y Dignidad del Hombre en el Pensamiento europeo" intenta indagar sobre aquellos aspectos que el hombre considera como sus límites, su fragilidad; junto con la virtud y otros rasgos que posibilitan la excelencia humana. Se centra en el pensamiento europeo, sobre todo en la Antigüedad y el Renacimiento, puesto que en este marco se reflexionó sobre el papel del hombre en el mundo y su poder sobre la naturaleza. Para ello el profesor Lissi aludió al primer Estásimo (332-383) de Antígona, como introducción a ese doble juego en el que el hombre articula su lugar en el mundo: la miseria y la dignidad. Introducción que, además, enmarca los principales asuntos que se discutieron en el Congreso: el hombre como gobernante, su relación con la naturaleza, la fragilidad de la vida humana, su capacidad de ingenio, la necesidad de reflexión; ello, a través de autores y textos que fueron relevantes en los períodos que ocuparon el Congreso: Platón, Homero, Cicerón, Vives, Guevara, Montaigne, entre otros.

Muchas cosas asombrosas existen y, con todo, nada más asombroso que el hombre. Él se dirige al otro lado del blanco mar con la ayuda del tempestuoso viento Sur, bajo rugientes olas avanzando y a la más poderosa de las diosas, a la imperecedera e infatigable Tierra, trabaja sin descanso, haciendo girar los arados año tras año, al ararla con mulos.
El hombre que es hábil de caza, envolviéndolos con los lazos de sus redes, a la especie de los aturdidos pájaros y a los rebaños de agrestes fieras, y a la familia de los seres marinos, Por sus mañas se apodera del animal del campo que va a través de os montes, y unce al yugo que rodea la cerviz al caballo de espesas crines, así como al incansable toro montaraz.
Se enseñó a sí mismo el lenguaje y el alado pensamiento, así como las civilizadas maneras de comportarse, y también, fecundo en recursos, aprendió a esquivare bajo el cielo los dardos de los desapacibles hielos y los de las lluvias inclementes. Nada de lo por venir le encuentra falto de recursos. Sólo el Hades no tendrá escapatoria. De enfermedades que no tenían remedio ya ha discurrido posibles evasiones.
Poseyendo una habilidad superior a lo que se puede uno imaginar, la destreza para ingeniar recursos, la encamina unas veces al mal, otras veces al bien. Será un alto cargo en la ciudad, respetando las leyes de la tierra y la justicia de los dioses que obliga por juramento. Desterrado sea aquel que, debido a su osadía, se da a lo que no está bien. ¡Que no llegue a sentarse a mi hogar ni participe de mi pensamiento el que haga eso!

1. Gregorio Peces Barba
Dignidad y miseria del hombre en el mundo moderno
9:30-10:20


La conferencia tomó como punto de partida la idea de que la dignidad humana es una norma básica para el sistema jurídico, en tanto qu este regula tanto la ética privada como la pública; pero también ubica el lugar de la religión, y por ende, el de la Iglesia. La dignidad, según el prof. Peces-Barba, se divide en dos tipos: la hetéronoma, que es la social, la que estructura el derecho por medio de jerarquías; y la autónoma, que es la individual cuya máxima expresión se halla en la Ilustración: el hombre encuentra la dignidad en su ser mismo.
La dignidad y sus modulaciones en la sociedad no han sido siempre uniformes en la modernidad; es un concepto histórico, en todo el sentido de la palabra, que depende de las necesidades y jerarquías de cada momento; pero sin duda hay un proceso de "secularización" de este concepto hasta nuestros días, que vincula un objetivo constante en el concepto y por tanto, una semejanza de características. En el Renacimiento la dignidad se justificaba en la fortuna y en el linaje del individuo, pero también en sus virtudes. En el Siglo de las Luces hay una liberación de estas jerarquías nobiliarias y pasa a ser un concepto individual. El ser humano, entonces, consigue brillar con luz propia y alcanzar la autonomía necesaria para secularizarse. El tránsito a la modernidad va desplazando el hombre hacia el centro del mundo, hombre que se empieza a ver con una enorme confianza en su poder y en su ingenio. Pero dicha confianza tiene también su lado negativo, es cuando surgen los siete pecados capitales porque el hombre se ve esclavo de sus propias pasiones.
Por último el profesor Peces Barba para relacionar estas características con la Modernidad, señaló que otro rasgo en el que se ha apoyado el concepto de dignidad, es la diferencia y superioridad de los hombres sobre los animales. El hombre es semejante a Dios y esto lo erige en un lugar privilegiado sobre el resto de la Creación. Francesco Petrarca y Pico della Mirandola elogian esta superioridad del hombre, mientras que otros, como Gracián, Rousseau o Kant, ofrecen otra imagen del hombre como gobernador del caos y del vicio; aportan una concepto de dignidad en el que se cuestiona el poder del hombre y se subrayan sus limitaciones.

2. Francisco Lisi
Antecedentes Platónicos del tema de la Dignidad del hombre
10:20-11:10


La intervención del profesor Lisi se centró, principalmente, en el Fedón de Platón, debido a que manifiesta la imperfección del hombre y su deseo, a pesar de todo, por alcanzar la perfección. El prof. Lisi expuso la estructura de la obra, el origen de algunos de los planteamientos y las implicaciones del binomio cuerpo/alma, miseria/dignidad. Así, Sócrates le explica sus discípulos, que no comprenden el motivo de su regocijo, que en la muerte le espera una vida mucho mejor. Su presente, atada a su cuerpo y a las pasiones, es una condición miserable; mientras que el paso al más allá implica una liberación en la que el alma es inmortal y ya no depende de valores terrenales; la dignidad y la miseria son conceptos que están ligados íntimamente: El primer paso para que el hombre alcance la gracia divina, la dignidad en este caso, es la aceptación de su miseria actual. Sócrates renuncia a su vida atada a las pasiones, a lo terrenal porque le aguarda un estado mejor, más digno que su estado actual como humano porque trasciende este mundo y los temores que lo gobiernan. Es donde el hombre entra en contacto con la verdad sin mediaciones.
Con el Fedón se establecen los parámetros del género consolatorio que se propaga con bastante fuerza en los epistolarios del Renacimiento. Se reconoce la imperfección del cuerpo, pero, y allí está la consolación, se alivia con la inmortalidad del alma, tal y como lo ilustra Sócrates a sus discípulos antes de ingerir la cicuta. El cuerpo, idea constante en toda la obra de Platón, es la cárcel del alma, allí está su miseria; mientras que el alma es divina e inmortal; es la auténtica condición digna del hombre. Sócrates también destaca que la muerte no produce dolor, puesto que la liberación es tal, que no se sufre de ningún modo. Es el único modo de acceder a la verdad y de disipar, justamente el dolor puesto que se deja de sentir.

3. Comunicaciones
11:45-13:30


a. Patricia Cañizares
Miseria y dignidad de la mujres en las colecciones de exempla medievales: el relato de los Siete Sabios de Roma

La conferenciante expuso el concepto de mujer según las colecciones de Exempla a finales de la Edad Media.; ya que es aquí donde adquiere protagonismo tanto en tratados específicos como en obras literarias. Se centró en dos de las colecciones de exempla latinas que más éxito cosecharon en estos siglos, la Scala coeli del dominico francés Juan Gobi el Joven y los Gesta Romanorum, para exponer los rasgos principales que componían la idea de miseria y dignidad de la mujer en este período; al igual que señaló sus sendas traducciones del siglo XV como la proyección de esta imagen que venía de la Edad Media, al Renacimiento. En esta versión del conocido relato de los Siete Sabios la mujer se exhibe a través de la imagen misógina que ha caracterizado la tradición cristiana. Se caracteriza por su forma en prosa y su utilidad como predicación ya que contiene índices y rúbricas que facilitan la consulta y uso del texto. Así mismo, hace un catálogo de los defectos femeninos; como los artificios de los que se sirve para seducir, su inclinación para fomentar los vicios y la herejía, su capacidad de engaño, su deseo sexual, su facultad para engendrar el mal, etc. Luego, Cañizares comentó la trayectoria del texto de Gobi en España y mencionó la única traducción que se hizo del texto de Gobi; a finales del siglo XV en un códice que incluía otros textos de Ovidio y viejos relatos de la ficción sentimental. En este caso, el texto de Gobi se presenta como obra de entretenimiento, más que obra de ejemplaridad como había sido leído en siglos ulteriores.

b. Carlos Megino Rodríguez
La concepción empedoclea de la miseria humana: entre psicología, religión y moralidad


El propósito de Megino fue mostrar cómo concibe Empédocles la miseria humana, una realidad que para él aparece indisolublemente unida a la condición del hombre. Analizó para ello los conceptos de deilós (miseria) y kakós (maldad), en relación con sus opuestos sophós (habilidad, astucia), ólbios (felicidad), entre otros. De este modo, la idea de miseria humana que se desprende de los fragmentos de Empédocles es un concepto ambiguo en virtud de sus múltiples connotaciones; que coinciden con los distintos modos en que queda definido el ser humano: desde un punto de vista psicológico (como ignorante), moral (cómo vil y miserable), social (como perteneciente a una clase inferior) y religioso (como profano y descreído del saber revelado). Para cerrar esta concepción paradójica del hombre, que viene acorde con las conferencias que se habían hecho durante esta primera jornada, Megino concluye con la idea de que la miseria es una categoría psico-moral en Empédocles, al igual que para la tradición pesimista griega, consustancial a la condición humana y superable tan sólo por aquellos susceptibles de trascender la condición humana misma, en los que se incluye en el propio filósofo. Tal y como lo es para Platón; la miseria es una condición necesaria para alcanzar la dignidad, estado que depende del desprendimiento de este mundo y la aceptación de sus limitaciones e inferioridad.

c. Adela Muñoz Fernández
La experiencia de la propia miseria como conocimiento del mundo


Eje de la comuniciación es el canto XXI de la Ilíada, concretamente el episodio en el que Príamo pide a Aquiles el cadáver de Héctor. En dicha escena ambos se consuelan, puesto que Aquiles se lamenta por la muerte de su amigo, Patroclo; y Príamo por su hijo. Pero hay también un sentimiento de venganza debido a que Héctor le había arrebatado a Aquiles su ser más querido: Patroclo. Aquiles había jurado venganza y mata a Héctor, dejando su cadáver en un patio para ser devorado por los perros a la mañana siguiente. Pero el guerrero griego no cuenta con la inesperada visita nocturna de su enemigo Príamo, rey de Troya y padre de Héctor, que viene a suplicarle humildemente, le permita llevarse el cadáver de su hijo para enterrarlo con los honores debidos. La ira y el resentimiento de Aquiles se disipan, sin embargo, al contemplar el noble y triste semblante del viejo rey troyano y se apiada de él, entregándole el cadáver de Héctor. La miseria, según Muñoz, procede de que el hombre no le incumbe del dominio total de mundo, y estas limitaciones es lo que hace latente la presencia de la muerte. La miseria es la experiencia de este límite, y solamente el reconocimiento de este límite, el dolor que produce la muerte, es lo que lo eleva a la dignidad.
De este modo, Aquiles comprende, por medio de su dolor, el dolor del padre así sea su enemigo, y entrega, como gesto de generosidad, el cadáver de Héctor para que tenga unas honras fúnebres dignas. Esta identificación es lo que impide que haya venganza y lo que colabora a que se exalte, como cierre de toda la obra, la dignidad del hombre como su virtud más sobresaliente. Así mismo, en Prometeo Encadenado de Esquilo, el reconocimiento del dolor, de la miseria, es lo que le permite articular la dignidad. En el canto XXI, como lo subraya Muñoz, Aquiles se reconoce en el dolor de Príamo y ambos se consuelan mutuamente por la pérdida de sus seres queridos, llegando a la conclusión que el ser humano nada puede hacer frente a los hechos que se le imponen de una forma inexorable. Ahí radica si miseria, pero también su grandeza. Porque el sentimiento de la miseria pone de manifiesto los límites de la voluntad humana, que no puede imponerse siempre. Posibilita el reconocimiento del dolor del otro, y con ello impide el "círculo vicioso" que implica la venganza. Impide, así, la degradación del ser humano, puesto que la capacidad de reconocer en la miseria del otro la propia miseria dignifica al ser humano, que es la "identificación" que había mencionado la conferenciante al inicio de su comunicación. Para resaltar esta idea, Muñoz aludió a Pascal en su afirmación que la grandeza de éste reside únicamente en el conocimiento de su propia miseria. En este reconocimiento ocurre algo muy importante: el carácter personal del dolor deja paso a su carácter "impersonal": la miseria del ser humano no se reduce al dolor concreto de un individuo, sino que es el dolor de todo individuo. La miseria del ser humano radica en la experiencia de sus propios límites, esto es, en saberse un ser que no puede imponer su voluntad siempre. La inmensa ira de Aquiles, el casi invencible guerrero, proviene de su impotencia por no poder evitar el perder lo que más ama. Este sentimiento de limitación-antesala del sentimiento de la propia miseria-conlleva un terrible dolor, pero también, y al mismo tiempo, un aspecto cognitivo: el conocimiento del carácter limitado de nuestras propias acciones, y en definitiva, el conocimiento del mundo. Éste no consiste en otra cosa que en la convivencia entre seres que se limitan mutuamente. El sentimiento de la propia miseria está unido, por tanto, a un conocimiento real del mundo. Por ello este sentimiento implica un sufrir que no puede ser reducido a un dolor personal, puesto que es un sufrir que entraña en sí mismo un conocimiento. La miseria es algo más que el simple dolor.

SESIÓN DE TARDE

1. Carlos García Gual
Destino y sufrimiento del héroe en las tragedias de Sófocles
16:00-16:50

El eje de su tesis es la idea la idea del héroe trágico como creación de Sófocles, idea que solamente tiene sentido teniendo en cuenta los conceptos de miseria y dignidad. Con Sófocles la vida tiene un objetivo más allá de vivir, la virtud, el kalós griego que consiste en vivir con dignidad. El sufrimiento es una marca de la grandeza que hay dentro del héroe y solamente se puede ser héroe a través del paso por la miseria, el dolor; que es la idea de héroe trágico que nace con este autor. Así, se produce un cambio con respecto a las producciones contemporáneas que nos han llegado hasta nuestros días. Sófocles ya no escribe en trilogías a diferencia de otros autores trágicos, sino que su objetivo consiste en exponer el destino de un hombre con todos los problemas, el sufrimiento y la lucha de poderes contrarios que le atañe. A diferencia de Esquilo en el que el dolor y los miedos tomaban dimensiones monstruosas, en Sófocles el dolor es humano, lo cual supone que es irremediable, no tiene salida. La tragedia transcurre en la última parte de la vida del héroe, en la que se da cuenta que se encuentra en un callejón sin salida. No hay nada más allá del dolor, pero este cercamiento es lo que erige, según García Gual, la idea de dignidad.
Asumir este sufrimiento y padecerlo es lo que convierte un hombre en un héroe, un hombre digno de ser recordado. Los protagonistas de estas tragedias se precipitan hacia el fin, no hay más remedio que la muerte misma; pero su grandeza, según el conferenciante, se encuentra en el aislamiento que efectúa el héroe. Es en este momento en el que el personaje asume la responsabilidad de sus actos y de su propia voluntad brota la idea de la muerte. No hay un apoyo de los dioses ni una presencia divina que mueva los hilos de su decisión; él mismo bajo su propio criterio decide entregarse a la muerte como la única solución a su problema. En Sófocles, en oposición a Eurípides, los héroes permanecen en la soledad en este momento crítico en el que deciden, por medio del dolor y de las limitaciones que supone su propio destino, optar por la muerte.
Este sufrimiento en la alienación del mundo, es la búsqueda de la verdad, de la virtud; sino es posible vivir en esta virtud solamente queda un camino. Sin embargo, la elección de los héroes no es producto de una resignación, sino al contrario, de una lucha en la que el hombre se resiste a adaptarse a esta nueva situación que lo obliga al dilema. Se elección siempre estará supeditada a su destino, a aquello que lo identifica porque además se trata de personajes con "historia", pertenecientes a la mitología de una comunidad y tiene que seguir este destino que ya está trazado por la tradición. Su carácter está definido y su decisión depende de esta identidad, pero se aleja del mito porque se encuentra en el dilema de aceptar este carácter y, como lo señaló el profesor al inicio de su conferencia, es en la soledad, en el alejamiento en el que se construye como héroe. Constitución que no deja de ser problemática y dolorosa para el personaje.

2. Guido M. Cappelli
"Princeps Deo Similis": La 'dignità del principe' nell'umanesimo politico
16:50-17:40


La dignidad del gobernante consiste en conseguir con la excelencia personal, y en especial con la clemencia, la imagen excelsa de la divinidad, con la cual el hombre puede organizar y regir la comunidad. El autor se centró en el uso de esta idea en el Renacimiento italiano, en concreto en figuras como Petrarca, Coluccio Salutati, Giovanni Pontano y otros tratadistas renacentistas del llamado "humanismo político". Además, mostró las relaciones de éstos con los textos de la Antigüedad que definían los rasgos del gobernante ideal, como Platón, Cicerón y Séneca. El hombre, por ser hecho a imagen y semejanza de Dios, tiene la capacidad para afianzarse a esta figura etérea, pero el gobernante debe tener en cuenta que su poder tiene limitaciones y justamente el equilibrio de la grestión del poder es donde entra en juego su capacidad política, su virtus.
Con la clementia, en especial, el hombre se trasciende a sí mismo y logra elevarse al lugar de los dioses por manifestar este equilibrio del poder que le ha sido otorgado. Es el ideal del estado organicista, donde cada uno desarrolla la tarea que le ha sido encomendada..


Comunicaciones
18:15-20:00


a. Rui Bertrand Romao
Montaigne on the dignitiy and misery of man


Es bien sabido que Montaigne fue uno de los filósofos de finales del siglo XVI más sobresalientes del Renacimiento. Sus ideas ocuparon un lugar decisivo en las reflexiones acerca de la condición humana y el lugar del hombre en el universo. Romao nos ofreció un examen del capítulo XX del segundo libro de los Essays, llamado "La Apología de Raymond Sebond" porque es aquí en donde se insiste más sobre los conceptos de miseria y dignidad, conceptos que el autor refiere en relación con la Antigüedad y la Edad Media y que enriquece con sus propios argumentos. En este apartado el autor se extiende sobre la idea de la miseria del hombre y la exploración de sus potencialidades y connotaciones anti-atropocéntricas. El conferencista quiso establecer este capítulo como un punto de referencia para estudiar y establecer la evolución en el pensamiento de Montaigne, desde la publicación de estos ensayos en 1580 hasta la fecha de su muerte en 1592, año en el que preparó la sexta edición de los Essays.
El hombre, según Montaigne, es el centro del universo y justamente desde este lugar critica su supuesta posición privilegiada en detrimento del resto de la Creación. No puede igualarse nunca a Dios, ni desear ocupar este lugar, porque en ese caso caería en la "hybris"; el hombre a pesar de ser superior debe reconocer constantemente sus limitaciones, su miseria en el mundo; que es un concepto, según Romao, que se deriva de la tradición medieval. La naturaleza, a diferencia de las reflexiones contemporáneas de Montaigne, no puede ser vista como "madre", el ensayista francés, por medio de la ironía, insiste en el pesimismo que rodea la existencia humana. Quizá, por cuestiones religiosas, el hombre se ve frágil, exento, vulnerable; humano pero con un grado de "humanidad" diferente al que se estaba elaborando en el XV y XVI. Romao cerró la exposición de las ideas que rodean estos ensayos y sus implicaciones en la concepción moderna de hombre; subrayando que la gran aportación de Montaigne, es que el yo, el ser, que era objeto de muchas reflexiones en el momento, deja de ser concebido como filósofo o un ser superior, autosuficiente, intocable, para pasar a ser auténticamente humano; es decir, frágil, voluble, vulnerable. De este modo, la dignidad del hombre para Montaigne, no era un rasgo que se debía exaltar, sino una característica que debía ser cuestionada, problematizada. No hay caracteres generales para la humanidad, sino individuos y esto supone, una dignificación distinta del hombre; la dignificación del individuo.

b. Blanca A. Quiñones
Acerca de la dignidad del hombre en Platón


La comunicación de Quiñones, profesora de la Universidad de Tucumán, parte de una pregunta: ¿Por qué hablar aún hoy de Platón? ¿Qué significado tiene para nosotros, situados en un rincón de Latinoamérica, en el siglo XXI, evocar un filósofo tan lejano en el tiempo? La respuesta de la actualidad de los planteamientos de Platón se encuentra, como insistió la conferencista a lo largo de su ensayo, es que el filósofo expone las ideas de autoritarismo y del totalitarismo en los que se basaron muchos sistemas de gobierno, cuyas secuelas permanecen, aún en nuestros días, en muchos rincones del planeta. El objetivo de esta comunicación fue examinar estos dos conceptos en Platón, tanto en el ámbito del gobierno, el dominio público, como en la concepción del individuo; lo privado. La hipótesis de la profesora Quiñones es que del concepto de libertad interior, que coincide con la vida racional en la cual reside la dignidad de aquél; emerge la acción en la vida política que queda así impregnada de aquélla en el manejo de las instituciones. Sin embargo, se trata de una conquista que solamente logran algunos hombres privilegiados que tienen el deber de gobernar lo público y tratan de que todos coincidan con ellos. Para Platón, al igual que para Heráclito, "el logos es lo común". Esto explica que a lo largo de toda su obra Platón argumente que la superioridad de algunos individuos garantiza siempre el orden moral del todo social.
En cuanto al propósito platónico de legislar la vida del ciudadano tanto en lo público como en lo privado, podría ofrecer una justificación a la concepción del hombre como ser social, de manera que todos sus actos constituyan una falta contra la comunidad; en otras palabras, no hay delito privado para quien está integrado en la ciudad como un todo, motivo por el cual Quiñones pone en duda la distinción entre lo público y lo privado que viene, no de la conciencia moderna, sino mucho antes, de la Antigüedad. Asímismo la relación hombre-sociedad en el pensamiento del ateniense desde la República hasta Leyes no cambia fundamentalmente, ya que en ambas obras el modelo individual sirve de base para una polis determinada, de manera que una "ciudad ideal", "sana", sólo es posible en la medida en que esté constituida, al menos, por un hombre virtuoso. Es claro que el único modo para que exista una República como la que añora Platón en su obra, requiere de unos individuos ejemplares que la construyan; que de lo privado se articule lo público regulado por la virtud y el orden. Pero ¿cuál es la justicia primera? ¿la del alma, la interna? ¿la de la República, la pública? Así, Quiñones concluye mencionando la importancia de lo social como una dimensión esencial en el hombre.

c. Marco Antonio Santamaría Álvarez
El equilibrio entre la grandeza y la miseria del hombre en los "Epinicios" de Píndaro


Santamaría resaltó, ante todo, que el auditorio de Píndaro, mayoritariamente noble, estaba en decadencia: su idea del hombre es, al contrario de su realidad, una imagen ideal que se apoya en el linaje mítico de los héroes para exaltar su público, quizá elogiado por ese espejo nostálgico que evocaba un sistema de valores que no se corresponde con el momento que vivía Píndaro en esos tiempos. Los Epinicios son alabanza de las virtudes del deportista, de sus dotes morales y físicas que lo hacen merecedor de todos los triunfos; pero siempre desde un marco aristocrático. Por otra parte, Píndaro también reflexiona sobre la idea del límite en el hombre; la fugacidad de la vida, su fragilidad; ahí es donde reside su miseria. La escritura, la poesía en este caso particular, es un modo de dignificar su imagen, inmortalizarla y ponerla en el mismo nivel de los dioses. La miseria, entonces, se ve desplazada por la escritura, el sentido de memoria y de recuerdo, la perpetuación de una idea de hombre que se encuentra a medio camino de los dioses y de la humanidad: la idea de héroe. La dignidad está asociada al concepto de fama, de honor, de escritura, que es la que permite evocar una imagen ideal de hombre, el héroe, recuperado, convocado, siempre en cualquier tiempo y espacio porque ha sido merecedor de ser recordado, de permanecer contra el paso del tiempo, contra la miseria.

Viernes, 21 de mayo de 2004

1. Carmen Codoñer
La dignidad del hombre en Séneca
9:30-10:20

La conferencia comenzó con una revisión del concepto de "dignidad" para comprender la pertinencia de las reflexiones de Séneca y su relación con algunas de ideas de Cicerón, Salustio, entre otros. En primer lugar Codoñer admite que todo concepto es histórico, que jamás tendremos una definición "objetiva", sino que depende de las circunstancias siempre volubles según el período que se ponga en cuestión. Así, discute las definiciones "oficiales" de la dignidad y subraya los problemas de concebir esta idea como un concepto universal; ya que según el espacio y el tiempo toma connotaciones diferentes. Detrás de la palabra y de su traducción hay otra palabra que no está libre de conceptos o símbolos que la vinculan a su vez con otros conceptos en los que se va perdiendo la idea esencial. Así, se examinaron los significados del término dignitas y de otras ideas que se desprenden de ella en la Roma de Cicerón como dignus, decet, honestum, entre otras. El eje de la conferencia fue la idea de dignidad que se elabora en el De officiis, punto da partida para comprender la idea de dignidad en Séneca.
En Cicerón, la dignidad del hombre se debe corresponder entre el ámbito de lo privado, la familia, y lo público, el gobierno, la res publica. La dignidad, entonces, se mide según el papel político del hombre en lo público, su aporte para la comunidad que tiene su primera semilla en la familia. Sin embargo, esto no significa que el objetivo de esta armonía entre la familia y lo público sea la igualdad, puesto que la dignidad justamente se basa en la idea de diferencia, lo individual; el establecimiento de jerarquías, de gradación en la cual se corresponde una determinada dignidad. Así, la dignidad solicita la desigualdad para poder ser articulada. El pueblo tenía la libertad de elegir al hombre que le gobernaría y su dignidad consistía en participar de este proceso. De este modo, la participación y la aceptación del lugar que tiene el individuo dentro de su sociedad es lo que define el concepto de dignidad en Cicerón. Cuando se pierde esta conciencia se comete una falta moral y se cae en una situación indigna. En Roma la dignidad era una cuestión sumamente concreta que definía el papel del hombre en su sociedad, pero también delimitaba sus responsabilidades. La dignidad tiene signos externos, se puede heredar e incluso puede llegar a ser colectiva a diferencia del honor que se le concede al hombre de forma individual. Pero honor, que es una idea fundamental en el concepto de dignidad romano, significa más bien honestum, es decir, la integridad del hombre capaz de participar en su sociedad con justicia, sabiduría y templanza.
Por otra parte, y con esto concluyó la profesora Codoñer, la dignidad siempre será un concepto histórico, relegado a textos que imponen sus propios significados e imposibilitan que se llegue al meollo. Y es a la luz de la aceptación de esta dificultad, de las limitaciones que supone definir cualquier concepto, en los que debemos hablar de dignidad como un valor sincrónico y particular.

2. Rosa Navarro Durán
La dignidad y el decoro del hombre: dos conceptos literarios
10:20-11:10


La profesora Navarro Durán acude a los textos castellanos de los siglos XV y XVI para definir la relación entre decoro y dignidad en la España de los Siglos de Oro e intenta mostrar algunos de sus antecedentes en la Edad Media, como el de Inocencio III. Posteriormente, Fernán Pérez de Oliva define la dignidad en contraposición al concepto de miseria epicúreo. En el Diálogo de Mercurio y Carón de Alfonso de Valdés se establece la idea de que el oficio es lo que determina la dignidad del hombre. "La Dama Casada", personaje del diálogo, evidencia el papel que debe desempeñar la mujer, su camino es casarse o ser monja, y esto supone un compromiso con la sociedad. Aparece también la idea tradicional de la mujer parlanchina y otros defectos que tienen que ver con la doctrina cristiana que ha caracterizado su papel desde un punto de vista misógino. Este encasillamiento corresponde a un oficio, así como también el rey o el caballero cumple un oficio y una función social dentro de las jerarquías que organizan el mundo del hombre. De este modo, el hombre se concibe en sociedad y la dignidad, tal como sucedía con Cicerón, se mide según su participación dentro del oficio al cual pertenece y desde las regulaciones que corresponden a sus responsabilidades en dicha capa social.
El decoro en la literatura castellana del Siglo de Oro en textos como el Diálogo de la Lengua, es una "traducción" de la idea de decoro en el teatro; puntualmente en la comedia. Es dar aquello que se espera, lo que corresponde; "dar a cada uno lo suyo". Así, el decoro consiste en ofrecer lo que corresponde a cada uno según su estado, su lugar en la sociedad, y ello implica el oficio que desempeña, aquello que lo distingue de su comunidad. En otras palabras, la dignidad, como en Cicerón, consiste en el "buen" desempeño del oficio, en el reconocimiento de su misión en la sociedad que se trasmite a través del decoro.
Finalmente, Navarro examinó el lugar del ocio dentro de esta reflexión. El ocio debe hacerse "con dignidad", tal como escribe Cicerón en el primer libro del De officiis. Cuando ha cumplido su labor en la sociedad el individuo puede entregarse al descanso, pero este descanso también debe implicar una tarea que beneficie a su comunidad. Así, incluso el ocio tiene una dimensión pública; Cicerón escribe para el bien común, busca una utilidad que repercuta en su papel dentro de la sociedad, y que en últimas constituye su dignidad. En el Renacimiento esta idea se perpetúa, puesto que las letras es un oficio digno que afianza el lugar del hombre dentro de su comunidad.

Comunicaciones
a. Aurelio González Ovies
"Quam velox fugiat mundanae gloria vitae, testantur cineres"


Esta comunicación se basó en unos fragmentos fúnebres de poesía carolingia en el que se manifiesta la idea de fugacidad de la vida o de la muerte al nacer, que es el concepto de miseria que se elaboró en la Edad Media y se prolongó hasta el Renacimiento. Se trata de unos Carmina funerarios destinados a la consolación, en los que se puede observar la idea de miseria y dignidad como conceptos complementarios en los que se medita sobre la fragilidad del hombre y el impulso, las metas, que lo hacen luchar a pesar de esta condición limitada. La guerra contra el tiempo y esa conciencia de límite, de brevedad, es donde subyace, según González, la idea de dignidad. Se debe asumir la vida como una lucha tenaz y aceptar la muerte, estos fragmentos justamente son un ruego a esa toma de conciencia en donde se expresa la aceptación de esta fragilidad, a veces con un tono pesimista, y la caracterización de esa nada, aquello que llamamos muerte, la miseria misma.

b. Josep Solervicens
La "Fábula de Homine" (1518) de Juan Luis Vives

Solervicens tomó como eje de su comunicado la Fabula de Homine, en la que resaltó un nuevo giro en la historia de su interpretación, ya que había sido asimilada como una extraña exaltación paganizante poco acorde con la obra de Vives (Noreña) o como una parodia de la célebre Oratio de Pico de la Mirándola (Fantazzi). Vives, según Solervicens, utiliza una amplia gama de recursos literarios para expresar, desde una óptica renacentista y cristiana, la capacidad de superación del ser humano y la recompensa que puede obtener si utiliza adecuadamente esa capacidad: el don de la vida eterna. Aquí entran en juego los conceptos de miseria y dignidad, puesto que su objetivo fue el de ahondar en una lectura de la Fabula que atienda a la coherencia interna del relato, a sus códigos literarios (fábula y alegoría) y a sus referentes. De esta manera, la Fabula no parece ni paganizante, ni sarcástica, y los lectores coetáneos tenían que percibirlo así, puesto que la obra se difundió en un volumen de Opuscula varia que reunía diálogos de exaltación cristiana, meditaciones sobre los salmos penitenciales y lecturas alegorico-cristianas de las Geórgicas.
De este modo, pese a ser una diminuta obra de ficción, la Fabula aporta elementos interesantes al discurso renacentista sobre la dignidad humana y los transmite a los tratados retóricos. El valor que Vives concede a la palabra y a la escritura como instrumentos divinos que permiten superar las limitaciones humanas, muestra del alto concepto que los humanistas tenían de la filología, se convierte en un poderoso acicate en defensa del estudio de la retórica. De hecho, diversos profesores contemporáneos de la Universidad de Valencia entendieron y divulgaron las implicaciones retóricas de la Fabula, singularmente Francisco Decio y Pedro Juan Núñez. La filología es la llave para conocer el mundo, y el autor valenciano establece una idea de dignidad que se orienta más hacia preocupaciones morales más que metafísicas, puesto que el intelecto no solamente es la llave para acceder al mundo, sino a Dios mismo.

c. Juan Miguel Valero Moreno
Fragmentaria unidad: poética de una composición y estética de una recepción. En torno al "De miseria humanae conditionis de Lotario de Segni"


Valero comenzó esbozando algunos aspectos de relevancia para ubicar a la audiencia en el siglo XIII francés. Inició con la lectura de un fragmento del Cligés de Chretien de Troyes y con un extenso examen sobre las características de este período de la historia. En el siglo XIII nos encontramos ante un sistema literario en plena mutación. Era en ese justo momento en el que se estaba consolidando, en la Europa occidental, la convivencia entre lenguas vernáculas y lengua latina, proceso que había iniciado su desarrollo más sobresaliente a partir de la segunda mitad del siglo XII. El siglo XIII se caracteriza por la asimilación del desafío de investigación a través de un método propio. El "ensamblaje cultural", según su definición, denomina esta nueva metodología del XIII, consiste en la yuxtaposición textual (autorizada) de diferentes fragmentos que dialogan entre sí, que se comentan y se "reescriben" en su ensamblaje con otros, como un vitral gótico en el que se ponen en relación diversas piezas de diferente tamaño y color que sólo tiene sentido si se articulan con el resto, en esta visión conjunta que supone el vitral, así como también la enciclopedia o el compendio del s. XIII. En este contexto o encrucijada se da la composición del De miseria humanae conditionis, como exponente y logro del esfuerzo de dar al fragmento un entramado y una contextura narrativa.
Valero se ocupó en deslindar con brevedad y precisión algunas de las prácticas textuales que circundan el momento de composición del tratado de Lotario de Segni: las catenae exegéticae, textos como la Glossa ordinaria, las Sententiae de Pedro Lombardo, y puso de relieve cómo estas prácticas se manifiestan en la articulación de discursos esencialmente diferentes, como podría ser la historia alfonsí. Con todo, estos textos abordan un ámbito funcionalmente más próximo al del sermón, como texto representante de la nueva ortodoxia y de la vocación doctrinal al que pertenece el texto de Lotario.
Paralelamente al concepto de composición Valero expuso los conceptos de difusión y diversificación del producto literario confeccionado por Lotario. En primer lugar, a través del texto latino en su tradición manuscrita; luego, en su adaptación y/o traducción a las lenguas romances, con especial referencia al ámbito ibérico entre los siglos XIII-XV; por fin, a su diversificación como producto menosprecio del mundo en la primera imprenta castellana. Cada mutación fue estudiada como representante de una recepción estética y una estética de la recepción.

SESIÓN DE LA TARDE

1. María José Vega
Miseria del hombre y epicureismo en las letras del Renacimiento
16:00-16:50


La conferencia de la profesora Vega Ramos eligió como eje de su ensayo la idea de miseria en la tradición epicureista, sobretodo a finales del siglo XV por ser este un tópico esencial en el Renacimiento europeo y con auge en este período en concreto. En primer orden aclaró que no es una tradición unitaria y que por tanto, para su examen, se deben tener en cuenta tres aspectos que posteriormente, pasó a exponer: la tradición penitencial cristiana de la miseria, iniciada por Inocencio III; las fuentes clásicas como Plinio y Lucrecio y el discurso renacentista sobre este topos en las que se entrecruzan las implicaciones religiosas y culturales que ocupaban estos siglos.
Inocencio III meditó sobre la vileza de la vida humana y divide su obra en tres libros según el momento de la vida que analiza. El hombre, así mismo, debe pasar por dos peldaños: el reconocimiento de su miseria con el fin de humillarse y la dignidad como premio a esta humildad, a la aceptación de los límites que supone la condición vulnerable y frágil del hombre. Así, el hombre es miserable puesto que está hecho de barro, comete acciones malas y lo rodea la podredumbre. Para que el hombre alcance la dignidad debe reconocer su miseria; son dos estados que se retroalimetan.
El segundo grupo de textos que reflexionan sobre la miseria son los trabajos no-devocionales que elaboraron algunos filósofos como Cicerón. En este caso estas reflexiones oponen la miseria y la dignidad. Petrarca también sigue estas corrientes y medita sobre ello dejando en evidencia que son conceptos contradictorios. La mayoría de los escritos de esta línea que viene desde la Antigüedad y que continuaron algunos autores de la Baja Edad Media, se apoyan tanto en los estoicos como en los epicureistas para deslindar el significado de miseria y dignidad. Plinio subraya la fragilidad del hombre desde el momento mismo en que nace: no tiene uñas, llora, está desnudo, no sabe hablar, no entiende lo que sucede a su alrededor y se encuentra desprotegido. Desde el epicureismo el hombre, a pesar de ser una creación divina no es inmortal, incluso se ve inferior a toda la Obra por sus limitaciones y vulnerabilidad.
El tercer grupo de textos que se deben tener en cuenta para reflexionar sobre la miseria en el siglo XV, se compone una amalgama de tradiciones y posturas que convergen en el complejo concepto de miseria. Por una parte, se encuentran aquellas reflexiones que separan el hombre y al Obra divina; la condición humana y la religión, es decir, el hombre deja de ser a imagen y semejanza de Dios o producto de una acción divina [...]
Pérez de Oliva observaba que la miseria del hombre consistía en la amargura de su alma, de la tristeza, la insatisfacción íntima. Pero también se encuentran aquellas posturas que establecen la superioridad del hombre por su proximidad con la divinidad y desplazan esta condición miserable. Ovidio, por ejemplo, argumentaba que los hombres, a diferencia de los animales, eran las únicas criaturas que podían mirar al cielo y que poseían la capacidad de conocer y observar el mundo. La dignidad, en esta línea, se encuentra en esta situación casi sublime del hombre por ser una obra divina, pero también por su facultad de entendimiento.

2. Emilio Blanco
Miseria como dignidad del hombre en Fray Antonio de Guevara
16:50-17:40


El profesor Blanco modeló su exposición en torno a la idea de dignidad y miseria en el Relox de príncipes de Antonio de Guevara. El texto que se quiere ofrecer como guía para la educación del príncipe resalta todas aquellas características y virtudes que debe conseguir el gobernante para realizar su oficio con dignidad y merecer el respeto de sus súbditos. La palabra es esencial en el hombre; de hecho, como lo recalcó Blanco en su intervención, es el principal constituyente de la dignidad humana. Es donde reside su mayor poder y la razón de superioridad. El rey debe ser elocuente, debe saber hablar con corrección para lograr sus propósitos. En el libro tercero, en los capítulos XXII-XXIII se exponen las ideas de miseria y dignidad que perdurarán en toda la obra de Guevara. El texto, bajo la sombra de las reflexiones de Inocencio III sobre la miseria, señala que los hombres son "hijos de la vanidad", y por ello el autor pide que estudie para que pueda ser digno. Para ello, propone un curriculum de estudio humanista en el que el príncipe se debe instruir.
En este período Guevara es un candidato idóneo para ser consejero de Carlos V, y de hecho sostiene esta idea de dignidad y alabanza a la nobleza para conseguir dicha colocación; pero cuando lo destierran en 1550 de la corte real y lo nombran obispo de Mondoñedo, su ideología cambia. Escribe el Menosprecio de la corte y alabanza de la aldea, poniendo en evidencia los vicios de la corte, el entramado jerárquico, etc.; pero en ningún momento menciona la dignidad o la miseria. En una sección de las Epistolas se observa la evolución de estos conceptos. La retórica, en algunas de sus cartas, deja de ser un instrumento de dignidad puesto según lo dice el autor se cometen más pecados hablando que actuando. El sabio, el hombre que se considere digno, debe replegar su discurso, ser breve y económico en sus ideas; al contrario de la imagen que ofrecía años atrás, del gobernante ideal. La miseria, en este caso, proviene de la vida misma de Guevara como marginado de la corte. Adquiere una posición crítica hacia las vivencias de este medio y las intrigas que tejieron la lucha de las Germanías en Valencia, evento del cual el fue testigo e incluso juez en algunos casos. Este cambio en Guevara muestra la apropiación de una postura desde la cual el yo reflexiona, critica y cuestiona los elementos que conforman su realidad inmediata. Es lo que, según Blanco, ofrece la primera semilla del ensayo; proyecto en el que Montaigne trabajaría unos pocos años después y definiría para siempre la forma de este género.

Comunicaciones
18:15-20:00


a. Kattia M. Chinchilla-Sánchez
La paideia griega a través de la sofística, de cara al fenómeno de Irak


La conferenciante, de la mano de los conceptos y la metología de estudio de la post-modernidad, elaboró una breve presentación en la que "deconstruyó" el significado de paideia en la civilización griega y su relación con la miseria actual del mundo: la guerra en Irak. Según la profesora Chinchilla, la educación es el único medio para establecer la paz; es aquello que afianza la igualdad y recupera el concepto de ser humano que se ha perdido en nuestros días. La paideia permitía que el hombre brillara por sus capacidades mentales, por sus virtudes y su relación con el mundo. Al perder este hilo comunicador que le permitía identificarse como ser humano desde niño y comprender su papel en el mundo, se invalidan los conceptos de igualdad y por supuesto de dignidad que es donde radica la paz. La miseria actual en la que se implican intereses políticos, culturales, ideológicos, viene de un problema de educación. En nuestro siglo el hombre deja de brillar por sí sólo, por sus virtudes o sus capacidades como era la intención de la paideia; según Chinchilla el hombre pasa a sobresalir a costa de subyugar al mundo que le rodea, de obligarlo a que gire en torno a su voluntad. Está claro, entonces, que la dignidad necesita de la diferencia para que haya un contraste y el hombre pueda "sobresalir" sobre un grupo determinado, pero en este caso el hombre sobresale no por sus virtudes y su templanza, sino por su incomprensión, su intolerancia, por su miseria. La dignidad ha perdido las nociones desde las cuales se edificaba y esto se ve en la educación de nuestros días; debemos sobresalir, cueste lo que cueste colocándonos en un estado soberbio, que se aleja de la virtud y del bien común. El individuo que había defendido en Renacimiento y posteriormente la Ilustración, pasa a "tiranizar" el poder que le ha sido otorgado ignorando incluso las capacidades que lo han hecho una criatura superior al resto de la Creación.

b. Marcelo F. Figueroa
Sobre una propedeútica humanística de la botánica


El eje de la intervención de Figueroa fue una selección de cartas de Rousseau en las que demuestra especial interés por la botánica como medio para "elevar" la existencia del hombre. Con el objeto de exponernos esta hipótesis, empieza por sentar algunas consideraciones que se deben tener en cuenta en la lectura de epístolas: estos documentos, como primera medida, poseen la capacidad de objetivar el pensamiento que nace de la convergencia entre el intercambio de información y el carácter subjetivo de la escritura, que viene marcado por los componentes sociológicos e ideológicos que rodean la realidad desde la cual se escribe, y que en el caso de Rousseau, se encuentra ligada al sustrato fenoménico que se fundió en el XVIIII para indagar sobre la naturaleza.
En efecto, tanto por su contenido como por su forma, la constitución de la historia natural pone de relieve las pronunciadas expectativas que se tejieron en la Ilustración sobre el estudio de la naturaleza. Su aspiración por derivar de una indagación de tipo física una serie de consecuencias no físicas manifiesta el devenir socio-histórico de los hombres. Las epístolas de Rousseau en la que convergen sus preocupaciones como "filósofo natural", preocupados por temas botánicos; evidencia estos problemas que estaban latentes en el pensamiento ilustrado; la relación del hombre con la naturaleza, la construcción de su conocimiento y finalmente, la definición de la dignidad del hombre.

c. Joyce M. Mullan
"Humanitas" in Rousseau and Kant


La última comunicación de esta tarde se ocupó en revisar la construcción del concepto de Humanitas desde la Antigüedad hasta la Ilustración, en concreto en las figuras de Kant y Rousseau, por ser dos pensadores que sintetizaron algunas posturas que se tuvieron en cuenta en las relecturas de esta idea en el Renacimiento y su evolución hasta el siglo XVIII. La profesora Mullan parte de una afirmación de Ernst Cassier: para comprender el concepto de "humanidad" se debe revisar el siglo XVIII ya que sintetiza las preocupaciones ideológicas, políticas y morales en el mismo concepto de hombre/humanidad. El impacto de este término, según Mullan, se puede detectar en la exploración de las teorías sobre humanitas en Kant y Rousseau, debido a que se sirvieron de este concepto para puntualizar la "evolución" del hombre occidental. Humanitas, se identifica con las nociones de benevolencia, clemencia, compasión que se fueron introducidas por el sistema jurídico griego. Ciertamente, estos términos fueron difundidos partiendo de la comprensión de la fragilidad humana, de su finitud. Menandro decía "qué gracioso es el hombre, porque en verdad, él es humano", la dignidad del hombre se encuentra, en este caso en las características que lo hacen humano; cambio que hubo de la civilización griega a la latina. Los griegos se identificaban como hombres porque no eran bárbaros; así la idea de humanidad funcionaba con criterios de exclusión. Solamente con el Imperio Romano y su extensión por toda Europa, se extendió el concepto de humanidad, se "universalizó" ya que admitía, de alguna forma, la pluralidad debido a la diversidad de culturas que componían el Imperio. De este modo la profesora Mullan se dedica a exponer los conceptos que "rodeaban" la idea de Humanitas tanto en la civilización griega, como en la romana siguiendo algunos temas como la educación, la política, la noción de República y la evolución del concepto "philantropos" (amigo del hombre) griego, al "humanitas" latino. Término que designa nuestra especie como civilizados, cultivados, educados y virtuosos, en detrimento de otros estados en los que se olvida la función del hombre en el mundo.
Posteriormente, la ponente pasó a explicar las nociones de humanitas en Kant y en Rousseau, sus diferencias y semejanzas, resaltando la metodología que ambos utilizaron para reflexionar sobre la condición humana: el origen del hombre y sus diferencias con el resto de criaturas que habitan el mundo. Por ejemplo ambos señalan el estado "mixto" que caracteriza al hombre como seres angelicales y bestiales; mezcla de lo espiritual y lo mortal. Para Kant somos diferentes a los animales por nuestras capacidades mentales, nuestro entendimiento y lenguaje. Tenemos en común con los animales, según ambos pensadores, nuestro instinto de preservación y la compasión. Pero en lo que se apoya fundamentalmente el concepto de humanitas, tanto en Rousseau como en Kant, es en la defensa y promoción de la dignidad de nosotros mismos y de nuestra comunidad. Idea sobre la que insistió Mullan en su conferencia y con la que cerró su intervención.

Sábado, 22 de mayo de 2004

Carlos Thiebaut
Montaigne: ¿reír o llorar ante la miseria humana?

9:30-10:20

La conferencia se centró en los Essays de Montaigne, concretamente en las imágenes que utilizó este autor para referirse a la risa y al llanto en Demócrito, Leucipo y Heráclito. En la explicación a las reflexiones de estos pensadores, se produce el concepto de miseria en la Antigüedad, según Montaigne, idea que actualiza para plantearse los problemas de la ciencia, la confianza que tiene el hombre en sí mismo, etc. El profesor Thiebaut expuso también las características ideológicas que componen los ensayos, los sistemas de interpretación y la construcción del sujeto. Se trata de una definición moral del mundo, en el cual se examina el papel del hombre dentro de ese complejo entramado de relaciones. La estrategia de Montaigne para constituir su "voz" dentro del ensayo es aceptar, como primera medida, su propia ignorancia. Es la estrategia de lectura que rehuye del compromiso; el interés se encuentra en la "huella" que deja el texto no en su contenido inmediato; en lo que se halla en el subsuelo, en lo pequeño: una concepción supremamente de moderna de la escritura y la lectura.
Así, Thiebaut, procede a explicar aquellas imágenes de filósofos que utiliza Montaigne para ejemplificar la risa y el llanto en el hombre. Demócrito se ríe de los acontecimientos humanos, debido al desprecio que le produce el hombre y se ríe justamente como distanciamiento de la vida del hombre. Heráclito, en cambio, llora por la corrupción del hombre, por sus vicios. Para Demócrito el hombre vive en la locura, y su risa deviene de la incomprensión del hombre de encontrarse en este estado desde siempre. El llanto de Heráclito procede de la compasión que siente por el hombre, de su identificación, al contrario de la postura de Demócrito más simétrica y radical. En este juego se abre la construcción del yo en el ensayo, pero también la percepción del individuo y de su papel en el mundo que estaba modelándose en el siglo XVI. Este es un "yo" que funda el sentido del mundo y como fundador, lo reconoce. Es la construcción de mundos subjetivos, como el de Don Quijote; rechaza los mundos objetivos y la transparencia de la lengua. Los significados ya no remiten a un referente en concreto, esa relación pierde su correspondencia, ya no se pueden hacer lecturas "literales" del mundo. El "yo" domina el mundo y sus lenguajes, reconoce la pluralidad y sabe que debe tomar una postura frente a esa diversidad.

Amedeo Quondam "La dignità dell'uomo nel Rinascimento italiano"
10:20-11:10


Quondam inicia su coloquio invitando a la audiencia que imagine la fachada de Santa Maria Novella de Leon B. Alberti en Florencia. Imagen de proporción, de armonía y de correspondencia geométrica "ideal". La forma de la catedral, su disposición simétrica refleja el interés renacentista por la racionalidad matemática como instrumento para conocer la naturaleza y expresar la belleza del mundo. El hombre quiere introducir el mundo en sus conocimientos, dominarlo a la vez que lo aprecia y modela a su gusto. Asímismo, la miseria y la dignidad muestran esta vuelta del pensamiento hacia el hombre y sus capacidades racionales. Es lo que Quondam llama "mundaniad", la "ética-etiqueta" en la que se manifiesta una nueva conciencia del papel del hombre, de la concepción de sus características, de sus virtudes y defectos. Así, el autor se dedica a exponer la "historia" de estas reflexiones sobre el hombre. Menciona a Lotario, Pico de la Mirandola, Tasso, G.F Capra, entre otros, en los que se observa también la "evolución" de los conceptos de miseria y dignidad.
La exposición de sus rasgos en el Renacimiento casi siempre aparece en el marco del diálogo, discurso también noble en el que se manifiesta las diferencias en el decoro del discurso de cada uno de los interlocutores [...]
Quondam plantea su hipótesis: la dignidad en el Renacimiento no se constituye como un concepto universal en donde figuran las diferentes virtudes que debe ostentar un ser humano para conseguir este estado privilegiado, sino que cada escala tiene sus propias leyes; es decir, hay muchos conceptos de dignidad que varían según las circunstancias que ocupan a cada hombre. Cada estado tiene su propia dignidad, su título, su criterio. Estos grados es lo que genera un sistema de valores en el cual se funda el concepto de honor que, como la dignidad, cambia según el círculo del que haya emanado.

El congreso concluyó con las palabras de Quondam y el público realizó algunas intervenciones acerca de la idea de honor y de dignidad en el Renacimiento, la construcción del sujeto y la modernidad de estas reflexiones que son de pertinencia meditar aún en nuestros días.

(M. Cecilia Trujillo)

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