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Friedrich Diez

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Última actualización: 27/05/2009

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Lara Vilà

FRIEDRICH DIEZ
(1794-1876)

Friedrich Diez ha pasado a la historia como el iniciador de la lingüística románica en Europa merced a sus dos grandes obras: la voluminosa Gramática de las lenguas románicas (1836-1842) y su Diccionario etimológico románico (1854). Sus inicios en este terreno, sin embargo, son inseparables de su carrera en el mundo de la historiografía literaria a una edad ya madura, en especial sobre la poesía de los trovadores, que le llevó a sumergirse en el estudio del provenzal antiguo y otras lenguas románicas, que pasaron a convertirse, con el paso de los años, en el centro de su investigación. Su obra, en el contexto cultural de una Europa que veía despuntar por la influencia del Romanticismo los primeros nacionalismos, no pasó inadvertida entre los pocos especialistas dedicados a la materia, aunque bien es cierto que los primeros pasos de la naciente filología románica acusaron cierto desinterés general, lo que convirtió a nuestro autor en una especie de eremita durante algo más de treinta años. A sus clases nunca acudió un gran número de alumnos y sus tesis resultaban más bien extrañas. Fueron sus libros y su ejemplo los que educaron a una nueva generación que exportó y trató su disciplina dentro y fuera de Alemania.
Los primeros años académicos de nuestro biografiado transcurrieron primero en el Humanistisches Gymnasium y más tarde en la pequeña y elitista universidad de Giessen, su ciudad de nacimiento. Fue en esta activísima universidad donde entabló conocimiento con Lorenz Diefenbach, autor de una de las primeras obras que trataba del panorama diverso de lenguas románicas, aunque más tarde se viera más seducido por estudios de tipo germánico y céltico, en el seno de una tendencia general que no siguió Diez. Al lado de esta influencia romántica hay que destacar la de su maestro, el clasicista F.G. Welcker, bajo cuyo dirección aprendería a admirar la historia y la cultura italianas. Durante sus años de juventud, Diez partició del fervor patriótico suscitado por la ocupación napoleónica de Alemania y no fue ajeno al desarrollo del Romanticismo. De hecho, con apenas veinte años se enroló en el ejército y a tomó parte en la ocupación de Francia en la campaña de 1813. Merced a esta experiencia, Diez entraría en contacto con la lengua y la cultura francesa. Al restablecerse la paz, volvió a centrarse en sus estudios, y durante esos años parece haberse despertado en él un interés profundo por las antiguas literaturas románicas, sin duda influido por la exaltación que de ellas hicieron los grandes autores del movimiento romántico, entre los que destacaban los hermanos Schlegel y, más tarde los Grimm.

A raíz de la publicación de la Silva de romances viejos, Diez entró en contacto y se dedicó él mismo a traducir, en 1818, una selección de antiguas baladas españolas así como dos famosos poemas de Lord Byron, El corsario y Lara. El ávido estudio de estas obras le fueron conduciendo hasta la antigua poesía provenzal, cuyas investigaciones se consideran como la primera piedra sobre la que iba a levantarse el estudio moderno de la literatura románica medieval. Se dice, según testimonia el mismo Diez, que ese mismo año visitó a Goethe en Weimar, quien sosegó su entusiasmo político y afectivo juvenil al tiempo que dirigía sus esfuerzos hacia la investigación de esta lengua y literatura recién descubiertas, sugiriéndole que leyera los volúmenes de Choix des poésies originales des troubadours de François Reynouard (1816-1822), obra sobre la que escribió una recensión que publicaría en los Heidelberg Jahrbühcher. Hay quien considera que el contenido de esta visita forma parte de la leyenda y que ya en 1816 Diez se había propuesto escribir una historia sobre los trovadores. Sea como fuere, nuestro autor había entrado ya en contacto con la temática provenzal a la que iba a dedicar sus esfuerzos y dedicación de los próximos años, practicamente hasta los años treinta. Su interés era fundamentalmente literario y las cuestiones lingüísticas quedaron relegadas a un papel meramente instrumental, hasta tal punto que cuando su antiguo profesor, F.G. Welcker, le propuso en 1821 como candidato a ocupar una plaza de lector de lenguas y literaturas romances en la Universidad de Bonn, uno de los profesores se opuso a su elección aludiendo a su escaso conocimiento de las lenguas que debía enseñar, algo que él mismo reconoció, a pesar de haber conseguido el puesto. Incluso en su formulación de intenciones para su nuevo cargo, nuestro biografiado expresa su evidente inclinación por la literatura:
Emprenderé seriamente el estudio de la literatura que, dado que revela completamente direcciones y tendencias caracterísiticas de la mente humana, merece por este motivo ser presentada en una universidad que aspira a la comprehensión.... [HG, 16]

Los años siguientes fueron muy fructíferos en el terreno de la historiografía literaria. En una carta dirigida a su amigo Ebenau le manifiesta su interés por dedicarse al estudio de la Edad Media por que "su carácter radiante transformará este presente tan gris".[HG, 17]
El mismo año en que ganó la plaza escribió un ensayo como suplemento a su propia antología de baladas españolas, que habían sido publicadas en 1818 bajo el título de Altspanische Romanzen. En 1825 publicó Übe die Minnehöfe; al año siguiente, La poesía de los trovadores; y tres años más tarde, su Vida y obra de los trovadores. En ellos se refleja la tradición filológica aprendida de su antiguo maestro, así como la influencia de la obra de los hermanos Grimm y un interés por revisar las tesis de Raynouard. En La poesía de los trovadores, su primera obra significativa, el interés por la lingüística es estrictamente secundario y dedica a él tan sólo un capítulo sobre la lengua provenzal en el que, sin embargo, se reflejan varias de sus ideas fundamentales posteriores. Una de las más importantes es el abandono de la creencia en el carácter determinante de las lenguas germánicas en el origen de las lenguas romances, limitando el papel de las invasiones germánicas en el antiguo Imperio romano. El propio Diez considera que con esta obra, además, se inaugura una disciplina completamente nueva en un contexto académico que se caracterizaba, como se desprende de los rechazos iniciales a su candidatura, por un desinterés hacia la Filología románica.

En una época como la nuestra, que marca un periodo de versatilidad en los esfuerzos académicos, no puede fracasar, una vez que el conocimiento de las lenguas medievales y la literatura nacional hayan tomado forma como asignatura, que la poesía de los trovadores, que muchos consideran la fuente de la lírica posterior, sea igualmente presentada dentro del círculo de esta disciplina. [HG, 19]
Al mismo tiempo, la obra está dirigida a los "amigos de la poesía", influidos, como él mismo, por el Romanticismo:

La antología más adecuada es todavía no mucho más que un expediente. Siempre se referirá a lo que falta que, sin embargo, está disponible hoy en los manuscritos que sólo unos pocos pueden apenas examinar. La publicación de todo el corpus de canciones es, por lo tanto, la única manera de responder a las legítimas demandas de los amigos de la poesía, y hasta que esto se haya hecho, el trabajo sólo se habrá realizado a medias. [HG, 19]

En 1830 consiguió la primera cátedra alemana de Filología Románica de la Universidad de Bonn. Como docente, Diez no destacaba por la brillantez, como la que poseería su discípulo Gaston Paris, sino más bien por lo contrario. Sus clases apenas superaban los diez alumnos, y no parecía tener una disposición natural para entablar una relación fluida con los estudiantes. A él, sin embargo, esto parecía importarle más bien poco. Daba la sensación de que dar clases le resultaba un fastidio, que le alejaba de sus propias investigaciones. Muy pocos parecían poder llegar a él. Entre estos, su alumno, Gaston Paris, que se refiere a él en los siguientes términos:

Relativamente poca gente llegó a conocer al Profesor Diez de otra manera que no fuera a través de sus obras. Yo fui uno de esos pocos afortunados ... En lo que respecta a su modo de expresarse, Diez no poseía ni un talento natural ni un arte adquirido. De hecho, sus clases tenían, aparentemente, poco éxito. Si un mínimo de tres alumnos no se matriculaba en su curso -lo que significaba que éste no se realizaría- se mostraba entusiasmado y no se tomaba ninguna molestia en disimularlo. Entonces se veía liberado de esa carga y habría ganado más tiempo para continuar sus estudios y completar su trabajo. Si se deseaba llegar a conocerle, uno tenía que acercarse a él personalmente. En las conversaciones que mantuve con él -a veces, durante algunos paseos- llegué a apreciar completamente a este hombre espléndido. La rica plenitud de su conocimiento, la profundidad de su mente, y la belleza de su espíritu abriéndose ante mí. [HG, 23]

Hasta entonces, Diez había demostrado escaso interés por el terreno de la lingüística. Sus estudios sobre literatura seguían dando frutos de nivel desigual: recensiones de libros, artículos en diversas publicaciones periódicas, etc. La razón de su investigación le empujaban a realizar toda una serie de trabajos a pequeña escala que tenían que servirle para desarrollar la técnica necesaria a la hora de dedicarse a una obra monumental, como sería su Gramática. Estos pequeños ejercicios, como los denomina Yakov Malkiel, trataban fundamentalmente de poesía. Compilados en orden cronológico por Hermann Breymann en su Friedrich Diez' kleinere Arbeiten und Recensionen, se recogen sus reseñas sobre libros de baladas, poemas de Petrarca y Ariosto, o sobre una edición de la Disciplina Clericalis.
Habrá que esperar aproximadamente hasta 1831, ya entrado en los treinta años, para ver a Diez concentrado en tratados lingüísticos, como los de Conrad von Ozell o el de Diefenbach. Se desconoce el porqué de este cambio en sus intereses. Quizá estaba saturado de la poesía provenzal y deseaba dirigir sus pasos en la nueva dirección seguida por su amigo Lorenz Diefenbach. Sin embargo, ello no significa que abandonara por completo su interés por la literatura, a la que siguió dedicándose, aunque en menor medida, durante el resto de su vida, dejándonos algunos testimonios de ello en una obra publicada en 1863: Über die erste portugiesische Kunst und Hofpoesie. Asimismo nunca olvidó que las lenguas romances fueron el vehículo de transmisión de grandes obras de la literatura que fueron las que le condujeron, sin ningún género de duda, a los estudios lingüísticos que iban a ocupar la mayor parte de los siguientes cuarenta años de su vida. Para él, la poesía popular seguía siendo el vehículo más antiguo de expresión de un pueblo.

El placer que obtengo de todos los Volkslieder es el descubrimiento de otro significado invisible e interno de las épocas pasadas. La intensidad de este placer es en parte subjetiva porque mueven en mí la memoria de sus hoy olvidados creadores de la misma manera que los antiguos edificios y monumentos... Hay algo eterno en la antigua y hermosa Volkslied, algo venerable. Pero, lo más importante, es que no hay nada de falso en ella. [PR, 26]
Sin lugar a dudas, existe en la trayectoria de Diez un antes y un después de 1831. A partir de entonces, Diez iba prácticamente a enclaustrarse en su estudio, como si se tratara de su torre de marfil, concentrado en sus investigaciones sobre gramática, totalmente apartado de las tendencias académicas más en boga en aquel momento y que en nada tenían que ver con su propio trabajo. Tras cinco años de trabajo minucioso, concluye, a partir de esa fecha, el primer volumen de su Gramática de las lenguas románicas, una obra monumental sobre la que iban a asentarse las bases de una nueva disciplina, la lingüística románica. Sus modelos más reconocidos son la obra de Bopp, del que adquirió el método comparativo, y la de los hermanos Grimm, especialmente en su aspecto histórico. Una de las mayores aportaciones de esta obra es su propuesta de una continuidad histórica, limitada al terreno del léxico, entre la fase más reciente y la arcaica de las lenguas romances. A pesar de su concentración, quizá desproporcionada, como señala Malkiel, en la faceta paleo-germánica de la antigua cultura románica, algo que responde a sus conocimientos así como a sus intereses personales, no se encuentra en su trabajo lingüístico atisbo alguno de ideología. No sabemos nada acerca de sus opiniones políticas particulares, aparte de sus primeros entusiasmos juveniles.
Las investigaciones que darían como fruto la Gramática no concluyeron en 1842, año en el que publica el último volumen de ésta. En 1854, como consecuencia de su interés por el léxico, sale a la luz su Diccionario etimológico románico que iba a contribuir aún más a la nueva lingüística románica y en el que mostraba el origen de diversas palabras neolatinas. Contrariamente a lo que ocurría con la participación en sus clases, más bien escasa, su obra gozó de un gran éxito, y su diccionario fue ampliamente reeditado.
Durante sus últimos años, Diez vivió bastante apartado de la evolución metodológica. Sin embargo, no deja de mostrarse fecundo y laborioso y prepara un nuevo libro destinado a ser un apéndice a su Gramática: el Romanische Wortschöpfung, aparecido en 1875. Un año después, moría en Bonn, dejando tras de sí una nueva generación de lingüistas, formados con sus textos, que ocuparon las nuevas cátedras creadas en las universidades alemanas. El gran valor de su obra, más admirada que seguida en sus clases, radica en el hecho de haber dado el primer gran ejemplo de investigación en el terreno de la filología románica mucho antes de que ésta se consolidara como disciplina.

Bibliografía sucinta sobre Friedrich Diez

  • CURTIUS, Erns Robert, "Bonner Gedenkworte auf Friedrich Diez", Gesammelte aufsätze zur Romanischen Philologie, Franke Verlag Bern, München, 1960. [EC]
  • GUMBRECHT, Hans Ulrich, "Un souffle d'Allemagne ayant passé": Friedrich Diez, Gaston Paris, ans the Genesis of National Philologies", Romance Philology, XL (1986), 1-37. [HG]
  • HIRDT, Willi, Romanistik. Eine bonner erfindung, Bouvier Verlag, Bonn, 1993. [WH]
  • MALKIEL, Yakov, "Friedrich Diez and the Birth Pangs of Romance Linguistics", Romance Philology, XXX (1976), 1-15. [YM]
  • REILL, Peter Hans, "Philology, Culture and Politics", Romance Philology, XXX (1976), 18-29. [PR]
  • VARVARO, Alberto, Historia, problemas y métodos de la lingüística románica, Anna Maria Mussons (trad.), Sirmio, Biblioteca General, 5, Serie Mayor, Barcelona, 1988. [AV]

Bibliografía de Friedrich Diez

  • Atspanischen Romanzen (1818)
  • Úber die Minnehöfe (1825)
  • Die Poesie der Troubadours (1826) [La poesía de los Trovadores]
  • Leben und Werke der Troubadours (1829) [Vidas y obras de los trovadores]
  • Úber die erste portugiesische kunst und Hofpoesie? (1836)
  • Grammatik der romanischen Sprachen (1836-1842) [Gramática de las lenguas románicas]
  • Etymologisches Wörtenbuch der romanichen Sprachen (1854) [Diccionario etimológico románico]