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Carolina Michaëlis de Vasconcelos

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Última actualización: 27/05/2009

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Lara Vilà

CAROLINA MICHAËLIS DE VASCONCELOS


Los estudios dedicados a la lírica galaico-portuguesa medieval no estarían completos sin la presencia del trabajo de Carolina Michaëlis de Vasconcelos, o Doña Carolina, como familiarmente se la conocía en la Facultad de Letras de Coimbra. Entre su extensa bibliografía, dedicada en su mayoría al estudio de la poesía lírica medieval y a la del Quinientos portuguesas destaca especialmente su edición, en dos volúmenes, del Cancioneiro da Ajuda, en la que trabajó durante más de veinticinco años de su vida, cuya labor inició poco después de haberse establecido en Portugal, tras haber dejado atrás su Alemania natal, que la vio nacer, en Berlín, un 15 de marzo de 1851.
Hija de un profesor universitario, el Dr. Gustav Michaëlis, Doña Carolina consagraría su adolescencia, ante la imposibilidad de ingresar en la universidad a causa de su condición femenina, tema sobre el que escribiría años más tarde, al estudio de diversas lenguas y literaturas románicas, bajo la atenta mirada del profesor Goldbeck, un conocido romanista. De manera absolutamente autodidacta, una joven Doña Carolina aprendía sánscrito, provenzal, francés antiguo, español, catalán y portugués, además de interesarse por las lenguas y las literaturas eslavas, germanas y semíticas. Ya durante su infancia, la familia Michaëlis, establecida en Berlín, ciudad considerada como uno de los centros culturales europeos más destacados, recibía las visitas de personajes como Alexander von Humboldt o Varnhagen von Este. En su biografía sobre la romanista, Helene Lange cuenta que, en más de una ocasión, la pequeña Carolina se dormía con los cuentos que le narraba Jakob Grimm, quien también frecuentaba el hogar de los Michaëlis. El entorno familiar y el círculo de amistades paternas probablemente alentaron la curiosidad intelectual de Doña Carolina, cuyo conocimiento, ante la imposibilidad de recibir preparación académica, aumentaba gracias a las horas dedicadas al estudio en el hogar, una situación que recordaría en sus escritos feministas posteriores:

No tempo da minha juventude a entrada nas Universidades ainda estava rigorosamente vedada às estudiosas do sexo feminino, mesmo em Berlim, minha citade natal,a metrópole da inteligência, como é cotume chamá-la. À força tive de ser autodidacta, tendo por mestres apenas livros.
[Liçoes de Filologia Portuguesa]

Una situación que no iba a impedir que la entonces joven investigadora acumulara una gran cantidad de conocimientos de diferentes lenguas y literaturas románicas como muy bien demuestra el hecho de que con tan sólo 16 años publicara una crítica a un trabajo del romanista A. Mussafia sobre una versión en prosa de la leyenda de Crecencia en español antiguo y que un año más tarde la editora Brockhaus le encargase dos comentarios a una edición escolar del Cid de Herder y una nueva edición del Romancero del Cid, que publicó a los 20 años.
Poco a poco, va creciendo su interés por las lenguas y las literaturas peninsulares. Probablemente, su cargo de intérprete oficial en el Ministerio del Interior para asuntos peninsulares tenga que ver con ello, pero lo cierto es que fue la polémica existente en las letras portuguesas durante el año 1872 la que la llevó a participar de forma activa en el seno de la cultura lusitana. La mala calidad de la traducción del Fausto de Goethe hecha por António Feliciano de Castilho provocó que diversos intelectuales portugueses, entre ellos Joaquim de Vasconcelos con quien Doña Carolina empezó a mantener correspondencia y quien más tarde se convertiría en su esposo, iniciaran una polémica con el objeto de regenerar la cultura portuguesa.
Fruto de su interés por esta polémica, en 1873 Doña Carolina publica en el Magazin für die Literatur des Auslandes su conocido artículo "Neues aus Spanien und Portugal" en el que da cuenta de las nuevas tendencias de la vida cultural portuguesa, centrándose en el proceso de renovación iniciado por aquellos intelectuales y haciendo una severa crítica del estado en el que se encontraba la cultura portuguesa, una crítica que, como veremos más adelante, será una constante en su obra. De este trabajo, entre otros muchos -diversos ensayos sobre la recepción y la traducción de Shakespeare en Portugal, por ejemplo- se desprende el interés de Doña Carolina por las cuestiones culturales y sociales de su época y su entorno en general, a pesar de haberse dedicado con mayor detenimiento a la Edad Media y al Quinientos portugués. A pesar de lo que podría deducirse de sus obras de investigación más importantes y de la tranquila vida familiar llevada entre la calle de Cedofeita de Oporto y su casa de Águas Santas, Doña Carolina no estaba en absoluto alejada de la literatura de sus contemporáneos. Bien al contrario, mantenía relación, personal y epistolar, con escritores como Fialho de Almeida, Trindade Coelho y, especialmente Antero de Quental, al que dedicó un artículo y de quien fue amiga y confidente, por citar sólo unos nombres. Y, hasta el final mismo de su vida, Doña Carolina asistía a las tertulias que tenían lugar en el Hotel Avenida de Coimbra junto a sus colegas de la Facultad de Letras donde impartía clases.
Probablemente, el hecho de ser la primera mujer que había conseguido una cátedra en una universidad portuguesa, concretamente la de Literatura alemana en la Facultad de Letras de Lisboa en 1911 (de la que pidió el traslado a la de Coimbra para poder dedicarse también plenamente a su faceta familiar que siempre tuvo una gran importancia para ella) y la propia discriminación sexual que sufrió en la adolescencia la llevaron a interesarse por la problemática de la mujer portuguesa y el reconocimiento de sus derechos, preocupaciones que plasmó en los artículos publicados en el Handbuch der Freuenbewegung (Manual del movimiento feminista). Su creencia de que la discriminación tenía como base la educación y, al mismo tiempo, su interés por la educación infantil hicieron que contribuyera a su vez en el campo de la Pedagogía a través de su obra O Ensino. También la Etnografía atrajo su atención ya desde sus primeros años en Portugal. Como puede verse, pues, son muchos los campos en los que se interesó la investigadora y en los que contribuyó activamente, aunque son sus trabajos en el terreno de la literatura portuguesa medieval y renacentista los más relevantes de su voluminosa bibliografía.

Como ya decía al principio, quizá sea la edición del Cancioneiro da Ajuda su obra más destacada y a la que dedicó mayor parte de su vida. Durante 1877, año en el que nació su único hijo, afirma haber pasado meses felizes e saudosos en la empresa de decifrar e copiar, com paixao e paciência essas páginas seis vezes seculares. La idea de esta edición nace a raíz de su interés por los orígenes de la poesía del Quinientos por ella estudiada, en especial la de Luis de Camoes, Gil Vicente y Sá de Miranda, entre otros. Su creencia de que no era posible realizar un trabajo filológico serio sobre la poesía de estos autores si se carecía, no sólo de un conocimiento de su contexto biográfico y sociocultural, sino también del de la poesía de sus antecesores y contemporáneos, en otras palabras, el interés por las cuestiones de modelos e influencias, la llevaron al estudio y edición de otros Cancioneros portugueses contemporáneos de estos autores como son O Cancioneiro Fernandes Tomás y el Cancioneiro do Padre Pedro Ribeiro. Ese mismo interés la hizo retroceder en el tiempo e interesarse cada vez más por la literatura medieval. Las diversas referencias a poemas o autores arcaicos y las frecuentes alusiones a la poesía trovadoresca en las obras de los poetas quinientistas hicieron que se sumergiera en una tarea ingente como fue la edición del Cancioneiro da Ajuda. Todo ello dibuja una imagen de perfecta coherencia de la obra de la investigadora de la que destaca una voluntad, manifestada a lo largo de toda su vida, de corrección, erudición e investigación, elementos que echaba de menos en el campo de la historiografía literaria y la cultura portuguesa y cuya carencia le criticó en numerosas ocasiones.

Como explicar e em que se fundamenta este desprezo para com os bens culturais, tanto os próprios como os alehios? Esta prodigalidade leviana? A antipatia pelos dados objectivos, pelos factos em si? Considero-os, como ja afirmei, o reverso triste do talento poético dos portugueses, da sua riqueza natural, do seu cosmopolitismo caloroso e tolerante. Para este povo costeiro, dotado, receptivo e sensível, o poetar torna-se demasiado fácil. Nao há quase ninguém que nao o consiga. Quase todos o fazem. E, se hoje se perde um poema, amnha faz-se outro. Para quê aperfeiçoar, compilar e copiar, tarefas maçadoras, morosas, aborrecidas, quanto se pode improvisar com a maior das facilidades?
[Grundiss, p. 138]

Es esa voluntad de exactitud y de rigor científico, principios muy frecuentes en los estudios del siglo pasado, la que rige, pues, su edición del Cancioneiro da Ajuda para la que realizó una edición crítica y comentada de los textos, con resúmenes en alemán, notas y esquemas métricos. Hizo investigaciones bibliográficas, paleográficas, biográficas e histórico-literarias y aplicó a su estudio las tendencias de moda en Alemania, fruto de las vigentes a principios del siglo XIX, aún no totalmente implantadas en Europa, valorando los escritos sobre los cancioneros galaico-portugueses de eruditos tan conocidos como Diez, Bellermann, Wolf, entre sus compatriotas, y Teófilo Braga, Gaston Paris y Menéndez y Pelayo.
En lo que se refiere a la historia del códice, Doña Carolina hace hipótesis acerca de las bibliotecas en las que éste estuvo y establece sus posibles relaciones con el Cancionero de Vaticana y el Cancionero de Collodi, según ella, apógrafos italianos con los que habría formado un todo, una especie de Cancionero General de la primera época de la lírica peninsular. Estudió con detenimiento cuál sería el orden de las cantigas en este Cancionero General, y las cuestiones de cronología así como las referentes a la lírica provenzal para explicar la historia del coleccionismo de textos líricos. Para ello se documentó ampliamente y recurrió a todos los documentos a su alcance: las cantigas de las tres compilaciones, testimonios procedentes de anales, crónicas, etc. Estudió a fondo las biografías de los poetas del Cancioneiro da Ajuda, su extracción social y las cortes en las que estuvieron y compusieron para establecer las diferencias entre éstos y los trovadores provenzales. Analizó también las relaciones existentes entre Francia y Provenza y la Península y, tras constatar el predominio de poetas de origen gallego en el Cancionero, llegó a la conclusión de que, entre el año 800 y el año 1135, Galicia habría sido probablemente el centro de la cultura peninsular debido a la importancia de los caminos que conducían a Santiago de Compostela. Según Doña Carolina, existía una relación entre una poesía lírica popular medieval y las composiciones trovadorescas, tradición que había sobrevivido al correr del tiempo y estaba en el fondo de muchas de las cantigas cantadas en los festejos populares o en las letras de los fados de Lisboa.

No se limitan a la edición del Cancioneiro da Ajuda los trabajos de Doña Carolina sobre la Edad Media, a pesar de ser esta edición su aportación más importante al estudio de la literatura de esa época. Hay que destacar entre su bibliografía dedicada al medievalismo, siempre manteniendo su afán por descubrir y trazar la línea de modelos e influencias, uno de sus estudios fundamentales: "André de Resende e a Crónica do Mouro Rasis" publicado en 1919 en O Arqueólogo Português o los diversos ensayos dedicados al estudio del romancero peninsular: "Estudos sobre o Romanceiro Peninsular" publicados en la Revista Lusitana entre 1890 y 1892, y los "Romanzenstudien" escritos en alemán en 1892. Estos ensayos precedieron al conocido conjunto de artículos Romances velhos em Portugal, publicados por primera vez en la revista Cultura española entre los años 1907 y 1909, centrados en la reconstrucción de ciertas líneas mantenidas a través de la tradición oral. Lamenta también en esta obra la falta de estudios serios sobre el tema en tierras lusitanas similares a los realizados por Ramón Menéndez Pidal en España, del que adopta, junto a las de Wolf y Milà i Fontanals, la distribución y la clasificación de los romances.

Además de sus estudios medievales, la otra gran aportación de Doña Carolina a la historiografía literaria románica son sus importantes estudios sobre Luis de Camoes, Gil Vicente y Sá de Miranda, amén de otros poetas menores contemporáneos a éstos. Al tratarse de estudios referidos al siglo XVI, estos trabajos caen fuera de nuestros límites, pero vale la pena recordar de nuevo que fue en un principio el interés por los orígenes y las influencias recibidas por estos poetas las que llevaron a la investigadora alemana a adentrarse en el estudio de la lírica galaico-portuguesa medieval. Muy brevemente, pues, cabe destacar entre la vasta obra dedicada por ella al Quinientos portugués una edición de Os Lusíadas publicada en 1873. Para Doña Carolina, Camoes es el poeta que encarnaba com perfeiçao ... a alma portuguesa enamorada por excelência según escribió en el prefacio a la antología As cem melhores poesias da língua portuguesa. Anotó también la traducción de las Rimas hecha por Storck procurando expurgar la obra de las deturpaciones a que la habían sometido con anterioridad editores menos cuidadosos. En multitud de ensayos y notas, se dedicó a solventar numerosos problemas referentes a la autoría de ciertas poesías atribuidas a Camoes o a defender de la acusación de plagio o imitación a otros poetas, como Diogo Bernardes o Pedro Andrade Caminha, haciendo gala de su conocida tendencia al rigor y a la exactitud:
Tentando explicar o fenómeno, procurei as suas origens, apontando como causadora a prodigalidade dos artistas portugueses, -louvada por uns como bizarra fidalguia, e censurada por outros como desleixo e indiferença, falta de brio e de patriotismo [...] Ao próprio Camoes foram atribuídas poesias alheias logo pelo primeiro, leal e benemérito publicador das suas Rimas; e sucessivamente por todos quantos se empenharam em avolumar essa colecçao: depois de Soropita, Estevam Lopes, Domingos Fernandes, António Álvares da Cunha, Faria e Sousa, e nos nossos dias o Visconde de Juromenha e Teófilo Braga.
De aí, dessa nobre isençao ou desse feio desmazelo, e em todo o caso da falta de amor dos Portugueses por datas, ou pela exactidao em minúcias, resultaram as numerosas incertezas em que estamos com relaçao aos verdadeiros autores de jóias líricas [...].

Cancioneiro de Fernandes Tomás, pp. 7-9]

De la bibliografía dedicada al estudio de Gil Vicente cabe destacar las Notas vicentinas, notas preparatorias de la edición crítica de la obra del poeta, publicadas en la Revista da Universidade de Coimbra entre 1912 y 1922, más tarde reunidas en la obra Autos Portugueses de Gil Vicente y la Escuela Vicentina. En el estudio de la obra del humanista Sá de Miranda, centrando su interés en sus Sátiras, se reconoce aquella voluntad de encontrar puntos de relación entre los autores, idea que se desprende de su afirmación de que sem Miranda ... nao florescia um Camoes!

Siempre en contacto con otros eruditos contemporáneos, y a petición de algunos de ellos, Doña Carolina realiza, junto a Teófilo Braga, aquello que considera o primeiro resumo metodicamente ordenado dos factos historicamente mais importantes da literatura portuguesa apurados até 1892, es decir, su História da Literatura Portuguesa, trabajo que recayó mayoritariamente en sus manos, limitándose el trabajo de su colaborador al estudio del período entre el siglo XVII hasta los años 60 del siglo XIX, trabajo en el que, dicho sea de paso, introdujo ella misma nuevos elementos. En esta obra, Doña Carolina introduce la valoración del elemento geográfico en la producción literaria de un pueblo, lo que ella denomina "alma portuguesa" que consiste en un sentimentalismo brando e bucólico, por un saudosismo melancólico, que a palabra saudades define melhor e mais sucintamente do que qualquer outra, pelo seu proverbial enamoramento, pelo seu 'morrer d'amor'. Según ella es ese alma la que justifica la riqueza productiva en determinados campos en detrimento de otros, idea, ciertamente relacionada a las teorías del romanticismo alemán acerca del carácter y la cultura de una nación. Esta relación establecida entre la literatura y la psicología de un pueblo dieron lugar a un librito dedicado al estudio de la saudade, A saudade portuguesa, que tuvo su origen en una consulta hecha por un erudito acerca de un verso de Camoes -Saudade minha, quando te varia?-. En esta obrita, Doña Carolina define la saudade como:

o morrer de amor [...] sao realmente as sensaçoes que vibram nas melhores obras da literatura portuguesa, naquelas que lhe dao nome e renome [...]. Nao faltam no Cancioneiro do povo, nem ja faltavam na sua fase arcaica, nos reflexos cultos da musa popular que possuímos, isto é, nos cantares de amor e de amigo dos trovadores galego-portugueses [...].

[A Saudade Portuguesa, pp, 35-36]

Entre las obras tardías de Doña Carolina destaca el "Glossario do Cancioneiro da Ajuda" publicado en la Revista Lusitana en 1920 o algunos estudios etimológicos. Como ejemplo modélico de su más que probada preparación filológica destaca también el volumen Liçoes de Filologia Portuguesa que recoge algunos de los cursos hechos a sus alumnos de la Facultad de Letras de Coimbra a lo largo de sus años de actividad docente. Demostró también sus conocimientos en el ámbito de la Etnografía con la publicación de algunos ensayos.
La amplitud de sus conocimientos y la vasta erudición de sus obras le valieron el reconocimiento de numerosas instituciones públicas. Aparte de las cátedras en las universidades de Lisboa y Coimbra, fue nombrada socia de la Academia de Ciencias de Lisboa en 1911, aunque no sin la oposición de algunos de sus miembros. Finalmente, ante sus más que merecidos méritos y la defensa que de ellos hicieron Lopes de Mendoça y José Leitos de Vasconcelos, la Academia le abrió las puertas. En 1901, el rey D. Carlos la agraciaba con la Orden de Santiago. En su Alemania natal le fueron concedidas también diversas distinciones como los títulos de Doctora en Filosofía por la Universidad de Friburgo y el de Doctora honoris causa por la de Hamburgo.
Durante su vida, Doña Carolina encontró tiempo entre la dedicación a su familia, a la docencia y a la investigación para realizar otras actividades como la asistencia a las ya mencionadas tertulias del Hotel Avenida, la dirección, durante algunos años, de la revista Lusitania, así como colaboraciones en enciclopedias para divulgar la literatura portuguesa y la escritura de prefacios para diversas obras. La suya fue, pues, una vida dedicada al estudio y a la erudición, infatigable hasta el final de sus días. En 1920 había solicitado la excedencia de la Facultad de Letras para poder dedicarse a sus numerosos proyectos. Algunos no pudieron ser terminados. Doña Carolina Michaëlis, esa "doncella guerrera" ante cuya erudición los hombres no podían hacer otra cosa que rendirse, según Gaston Paris, murió el 16 de noviembre de 1925 en Oporto, a la edad de 74 años. Aquella "hada benéfica que Alemania envió a Oporto para ilustrar gloriosamente las letras portuguesas", como la calificaba Menéndez y Pelayo, legó a la posteridad su saber a través de los frutos de su incansable labor en el terreno del estudio de la literatura portuguesa medieval y renacentista.