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Aurelio Roncaglia

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Última actualización: 27/05/2009

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 Lara Vilà

AURELIO RONCAGLIA
(Modena, 1917)


La speranza di pure rivederti
m'abbandonava;
e mi chiesi se questo che mi chiude
ogni senso di te, schermo d'immagini,
ha i segni della morte o dal passato
è in esso, ma distorto e fatto labile,
un tuo barbaglio:
(a Modena, tra i portici,
un servo gallonato trascinava
due sciacalli al guinzaglio).

Cuando en 1938, Aurelio Roncaglia leyó estos versos del poeta Montale, se despertó en él un sentimiento de familiaridad y complicidad. Las referencias a Módena y a los chacales conducidos por un criado, que habían suscitado confusión y estupor entre los críticos, resultaban para él de lo más claro y alusivo. Aquellos tres últimos versos constituían un vivo recuerdo de su juventud de estudiante en Módena, ciudad que le havía visto nacer en 1917:

La idea del pequeño emblema no es un sueño, sino el recuerdo ("el estupor de un recuerdo") de un encuentro real. Módena es, efectivamente, la ciudad de la Ghirlandina. Los dos chacales: no el fruto de una alucinación, sino chacales de verdad y vivos, que yo me había encontrado en repetidas ocasiones, justamente entre los pórticos del Collegio en la centralísima calle Emilia. Pertenecían -se me dijo entonces- al director Fabbri, que antes de llegar a Módena había prestado servicio en [la?] colonia. El "servo gallonato", que los paseaba con fastidiosa presunción, era el anciano y arisco bedel del Instituto técnico Jacoppo Barozzi, con la divisa de ordenanza (en aquellos tiempos, ya se sabe, se solía vestir de uniforme, más o menos engalonado y servil, a todo aquel con un empleo público). [ARg]

Años más tarde, en ocasión de una visita de Montale a Pavía, en cuya universidad enseñaba entonces Roncaglia, el recuerdo de estos versos y de su ciudad volvieron a asaltarle:

Un día -no recuerdo la fecha- Montale llegó de improviso a Pavía con Mosca. Con algunos colegas (entre ellos, Maria Corti), lo acompañamos en un paseo por la ciudad, y nos detuvimos, naturalmente, frente a la fachada de San Michele. Mosca se mostraba entusiasmada e hizo gran cantidad de preguntas, en particular sobre los relieves corroídos por los ácidos vapores de la Snia Viscosa y, desde ahora, de lectura comprometida. Montale, no es que se encogiera de hombros -como hiciera, según evoca Contini, ante un majestuoso paisaje alpino "à son goût trop grand"-, pero parecía desinteresarse completamente por la monumenatlidad de la basílica románica. No escuchaba las explicaciones, callaba, observaba alrededor con aire claramente aburrido. De súbito reaccionó, los ojos se le iluminaron, y exclamó: "¡Mira, Mosca, un caballo amarillo!" (...) Caballo y carro pasaron con lentitud (...). Montale quedó pensativo. Mosca retornó vivaz a sus preguntas. Mi pensamiento se dirigió enseguida a los chacales de Módena. No obstante, me guardé bien de revelarle a Montale el para mí poco misterioso secreto. [ARg]

Entre el recuerdo juvenil de Módena y la anécdota referida median aproximadamente veinte años, que habían de ser decisivos en la formación del romanista. Cuando terminó los estudios en su Módena natal, Roncaglia se convirtió en un "normalista", es decir, un alumno de una de las instituciones de mayor prestigio de Italia, la Scuola Normale Superiore de Pisa, donde se habían formado diversas generaciones de grandes romanistas. Fundada por Napoleón Bonaparte en 1813, en ella estudiaron personajes como Gioachinno Volpe o Giovanni Gentile, director del centro durante los años de estudio de nuestro biografiado y brutalmente asesinado en 1944. Allí, Roncaglia estudiaría literatura con Luigi Russo, profesor de otros célebres romanistas como Giorgio Pasquale y Alfredo Schiaffini, que habían de ser también sus maestros.
La Normale en la que estudió y se licenció Roncaglia era ya una escuela de renombre, dentro y fuera de Italia, y se consideraba una escuela para la formación de las elites intelectuales. A pesar de haber disfrutado de cierta libertad hasta 1929, que propició la mezcla de hombres de diferentes tendencias políticas, así como el intercambio con estudiantes procedentes de otros países, el gobierno de Mussolini fue aumentando progresivamente el control de esta institución, precisamente a causa de su prestigio. Un ejemplo de este creciente interés del gobierno por la Normale quedó de manifiesto en la madurez de las (hasta entonces) incipientes posiciones fascistas que, haciendo gala de un antisemitismo sin precedentes, obligaron a Oskar Kristeller, prometedor profesor y estudiante de la obra inédita de Ficino, a emigrar a los Estados Unidos en 1938. Progresivamente, el disenso entre profesorado y alumnado se incrementaba, a pesar de que el entonces director, Gentile, intentaba por todos los medios a su alcance que la vida docente matuviera una aparente normalidad. ¡Algo bastante complicado dadas las circunstancias! Debió de resultar difícil la vida en la Normale durante el periodo fascista y la inminencia de la guerra al joven Roncaglia, que debía consolarse entre los muros de su riquísima biblioteca, que se salvó milagrosamente (al igual que el propio centro) de los bombardeos de agosto de 1944.
Finalmente, en 1939, un joven Roncaglia de veintidós años...

... delgado, desgreñado, de ojos negros, casi como de luto, contra los que iban a cerrarse los mudos profesores de Letras que lo escuchaban [VC]...

.... defendía su tesis de licenciatura ante los profesores pergeñados al uso del momento:

Los profesores de la época usaban gafas con enganche detrás de las orejas, y se embutían en americanas demasiado estrechas de la cintura, de bolsillos desproporcionados y mangas esbozadas. Algunos se ponían gomina en el pelo, otros lo dejaban caer sobre la frente en mechones pegajosos. Era obligado llevar una corbata austera, planchada, bajo el cuello almidonado... [VC]

La guerra acababa de empezar y el recién laureado normalista amante de la literatura se preparaba para incorporarse a filas, al igual que muchos de sus compañeros de la Normale. Sin duda, debió de ser una terrible experiencia. Pese a las dificultades materiales y al descenso del número de estudiantes y de profesores, especialmente de lenguas extranjeras, el centro intentó seguir trabajosamente adelante con sus actividades didácticas y culturales. A medida que avanzaban las tropas aliadas y la crisis del estado italiano se agudizaba, las cosas resultaban cada vez más difíciles y la escuela se vio obligada a cerrar temporalmente sus puertas. En septiembre de 1944, liberada ya la ciudad de Pisa, y ante la inminencia de la ocupación del centro por parte de los soldados aliados, Luigi Russo se preocupó por poner a salvo todo lo que podía, especialmente la preciosa colección de 200.000 ejemplares celosamente custodiados en la biblioteca, temeroso de lo que pudiera ocurrirles, en una época de carestía y mercado negro, al quedar a merced de personas incapaces de comprender su valor. Reiniciado el curso en el año académico 44-45, la Normale, al igual que todo el mundo docente italiano tras la guerra, sufrió también las consecuencias del nuevo clima anti-fascista, marcado por las viejas rencillas y las vendettas personales. Aún así, progresivamente, se fue instaurando la normalidad.
En esa nueva normalidad, Roncaglia se instala en Pavía, donde gana la cátedra de Filología románica. De allí se traslada a Roma para enseñar en su universidad y, desde 1956 hasta 1987, dirige el departamento de románicas de su Facultad de Letras. Su periodo de magisterio en Roma no puede calificarse con otro adjetivo que no sea el de brillante. A lo largo de todos estos años ha demostrado un gran interés por la docencia y por sus alumnos, y el deseo de transmitirles todo su saber. Y éstos, agradecidos, le demostraron su respeto y su cariño con la redacción de una miscelánea coincidiendo con la celebración, en 1989, del cincuenta aniversario de su carrera investigadora.

Roncaglia nunca ha estudiado por narcisismo: lo demuestran su grave empeño en el ámbito de las instituciones académicas y sus indefectibles citas anuales con los estudiantes. Sus lecciones, claras, alegres y minuciosas, indican una vocación didáctica y pedagógica rara en un mundo donde siempre parecen tener más importancia los papeles. Conocer por qué los demás aprenden a conocer: con este ánimo práctico, casi de artesano, Aurelio Roncaglia ha dedicado su vida a la filología. [VC].

En el terreno personal ha mantenido y cultivado las relaciones con sus colegas y maestros, para los que siempre ha tenido palabras de reconocimiento, como lo demuestran tanto los numerosos prefacios dedicados a sus obras como los recordatorios de sus maestros Bertoni y Monteverdi o de figuras como Auerbach o Spitzer, por citar sólo unos cuantos nombres. En éstos no sólo da valor a la aportación de su obra erudita, sino también al lado humano de estos hombres, a lo más anecdótico e íntimo. Así, recuerda la voz de barítono de Spitzer, los paseos que hicieron juntos por Roma durante su estancia en Italia antes de emigrar a los Estados Unidos, o sus charlas de café. Unas charlas en las que no sólo se hablaba de literatura sino de muchas otras cosas. La amistad con el filológo vienés, lejos de concluir con su traslado a la Johns Hopkins, se prolongó hasta la muerte de éste.

Cuando Roncaglia llegó a Roma, Bertoni, uno de sus antecesores en el cargo de director del departamento, había ya establecido, siguiendo los pasos de De Lollis, lo que se conoce como "Scuola Romana", caracterizada por una fuerte limitación cronológica al Medioevo y por una atención a las demás lenguas y literaturas romances, que en cierto sentido enmarcaría la obra fundamental de nuestro biografiado, aunque con un interés diverso. Para él, la lengua y la literatura medievales constituyen una herencia de obligada referencia y no tanto un objeto de estudio por sí mismo. Los estudios de Roncaglia sobre la poesía trovadoresca, que darían como fruto, en 1965, una gramática histórica del provenzal, La lingua dei trovatori, y su atención especial por el más oscuro de sus poetas, Marcabrú, representan no sólo el centro de sus investigaciones sino también de la misma filología románica.
... Basten, por ahora, estos sondeos limitados y, en ciertos aspectos, provisorios, para apuntar una línea de investigación bastante descuidada aunque no imprevisible del todo y que, ciertamente, deberá seguirse ulteriormente. Un aliento al principio, de mis Maestros de Filología románica y que siempre he afirmado: que la lírica de los primeros siglos necesita de un estudio unitario, no sectorializado provincialmente. [ARf]

Para Roncaglia, la poesía trovadoresca constituye el primer movimiento literario de la Europa moderna, en tanto que se propagó por todo el mundo neo-latino y debe considerarse el origen de la lírica romance, como plasmaría en su obra Le Origini (1965-1969), aún hoy de capital importancia y en la que late la influencia de sus maestros. Se interesó asimismo por otros sectores fundamentales de la disciplina como la épica, en el que publicaría dos ediciones de La Chanson de Roland (1940 y 1947), y el roman francés antiguo. Para el autor, épica, lírica y roman representan la creación de un "patrimonio común" [ARb].

A través de sus investigaciones se pone de manifiesto una idea de la romanística a la que Roncaglia siempre ha sido fiel: la de una concepción unitaria de los estudios románicos. A partir de Monteverdi, director del departamento entre 1942-1946, y del propio Roncaglia, los márgenes de la "Scuola Romana" sufrieron una progresiva ampliación de forma que la romanística pasara a ser algo más que el estudio de la literatura medieval en lenguas romances. Para Roncaglia, la "perspectiva románica" constituye en cierta forma una visión humanista del estudio de las lenguas y las literaturas neolatinas como la base sobre la que penetrar la cultura europea, considerada fruto de la romanidad.

Los orígenes romances se identifican, en sustancia, con los orígenes de Europa, es decir, de la civilización moderna; y el filólogo románico se encuentra, de hecho, en la obligación de penetrar, a través de los documentos de su formación, esta civilización de cuyas tradiciones, de cuyo lenguaje todavía vivimos. La visión histórica que nuestra disciplina ha conseguido y que he intentado delinear, posee, por lo tanto, un valor actual, como contribución a profundizar en la conciencia europea, posee un valor sumamente ideal, en cuanto que de ella proviene el aliento y la luz para clarificar las razones históricas de una Europa que no sea una mera expresión geográfica, sino una realidad viva, ideal y social. [ARa]
El establecimiento de unos planteamientos generales de la disciplina ha sido una de las preocupaciones constantes del autor. De hecho, en su amplia contribución y su implicación en los congresos internacionales sobre romanistas, en su participación en infinidad de instituciones, en la amplitud y diversidad de sus conocimientos, late un interés constante por defender la pertinencia y la necesidad de la romanística. Ésta, circunscrita y encerrada en los límites impuestos por sus iniciadores, esto es, el estudio del Medioevo, parecía haber llegado a un momento de crisis. Una creciente especialización, la disgregación y el establecimiento de las filologías nacionales, hacían cada vez más rara "aquella amplitud de intereses y de preparación de un Vossler, que es todavía la de un Spitzer" [ARa]. Ante esta decadencia, Roncaglia ha adoptado siempre una actitud conciliadora y contraria a todo lo que implique la ruptura de la unidad. Para él ésta "reside en la tradición latina" [ARb] considerada como la herencia común de la civilización europea, que debe ser, propiamente, el objeto de estudio de la romanística:

... se trata, ciertamente, de llevar a cabo (...) la historia concreta de una unidad que ya en su punto de partida está bien documentada, sobre el plano de una gran civilización literaria, que se ha mantenido viva y vital no sólo en los hechos, sino también en la conciencia y en el sentimiento de una herencia cultural y lingüística común. Y puesto que de esta herencia todavía se resume y se alimenta nuestra vida espiritual, puesto que su unidad es la misma unidad de nuestra civilización, la función de la filología románica en nuestra cultura y en nuestras universidades nos parece, especialmente hoy, reinvestida de un significado ideal que trasciende la ya tan comprometida responsabilidad técnica para traducirse en una todavía más comprometida responsabilidad moral. [ARb]

En este sentido, las literaturas nacionales no representan "la fractura de una unidad espiritual sino una extensión de esta unidad en la dimensión social" [ARb]. En cuanto a la especialización, hay que matizar que para Roncaglia constituye una faceta necesaria e ineludible, pero nunca por sí misma, sino en cuanto afecta a la comprensión de lo que él denomina "comunidad espiritual de Europa", defendiendo la integración de un cierto especialismo con un cierto universalismo panrománico y europeo que para él es el problema fundamental y constitutivo de la disciplina.

Roncaglia es, en suma, una especie de humanista de la romanística, respetuoso con sus maestros, cariñoso y atento con sus discípulos, un defensor a ultranza de una disciplina que hoy sobrevive como puede al mal trato burocrático, no sólo en Italia. De buen seguro, este hombre aún vital y animoso a sus ochenta y dos años, dedicado a la filología durante toda su vida, autor de una bibliografía inmensa, editor destacado de textos antiguos, pasará a la historia como uno de los grandes paladines de la Filología Románica de este siglo.

Bibliografía sobre Aurelio Roncaglia

  • ANTONELLI, R., "La 'scuola romana' di filologia e letterature romanze", Relazione letta al Convegno "Le grandi scuole delle Facoltà di Lettere e Filosofia, Roma, 1994. [RA]
  • CERAMI, Vincenzo, "L'emozionante viaggio nei sotterranei della Storia", Il Messaggero, 14-Nov-1989. [VC]
  • TOMASI, Tina - SISTOLI PAOLI, Nella, La Scuola Normale di Pisa dal 1813 al 1945. Cronache di un' istituzione, Ets Editrice, Pisa, 1990. [TS]
  • ZUMTHOR, Paul, "Le savoir et la science: le problème du romaniste", Erich KÖHLER (ed.), Mittelalterstudien, Heidelberg, Carl Winter, 1984. [PZ]


Bibliografía utilizada de Aurelio Roncaglia

  • "Prolusione a un corso di Filologia romanza", Prolusione a un corso di Filologia romanza, Milano, Aut aut, 1954.[ARa]
  • ------, "Prospettive della filologia romanza", Cultura Neolatina, anno XV (1955), 95-107. [ARb]
  • ------, "Ricordo di Leo Spitzer", La Cultura, XXXIII (1995), 285-295. [ARc]
  • ------, "Ricordo di Leo Spitzer", Parallela 5, Atti del VI Convegno italo-austriaco dei linguisti, Roma, 1993. [ARd]
  • ------, "Gradus ad Universitatem Studiorum. Esercizi di burocrazia trascendentale", Belfagor, 31 maggio 1993, fasc. III, 353-361.[ARe]
  • ------, "Ecci venuto Guido 'n Compostello? (Cavalcanti e la Galizia)", O Cantar dos Trobadores, Xunta de Galicia, 1993. [ARf]
  • -----, "Testimonianza su due sciacalli a Modena e un cavallo giallo a Pavia", V.V.A.A., Studi di letteratura e filologia italiana, Mondadori, 1997 [ARg]

Otros títulos

  • La Chanson de Roland, ed. cr., Módena, 1940.
  • La Chanson de Roland, ed. cr., Módena, 1947.
  • Problemi delle origini, en Problemi e Orientamenti Critici di Lingua e Letteratura Italiana, Milán, 1948-1949, t. III.
  • La Lingua dei trovatori. Profilo di grammatica storica del provenzale antico, Roma, 1965.
  • Le origini, en Storia della Letteratura Italiana, Milán, 1965-1969, t. I.
  • La lingua d'oïl. Avviamento allo studio del francese antico, Roma, 1971.
  • Principi e applicazione di critica testuale, Roma, 1975.