Banner
Estás en: Inicio > Instituto de Estudios Clásicos sobre la Sociedad y la Política "Lucio Anneo Séneca" > Educación > Proyecto Apolo > Autores clásicos grecolatinos > Virgilio

Virgilio

Menú

Última actualización: 27/05/2009

Aumentar Tamaño del texto Disminuir Tamaño del texto
 

Biografía

Retrato de Publio Virgilio Marón

Publio Virgilio Marón (70-19 a.C.)

Nace en Mantua, en la región de la Galia Cisalpina, de una familia humilde, pero llegaría a convertirse en el poeta clásico por excelencia y en el favorito de Augusto. Su padre, probablemente artesano, poseedor de una pequeña hacienda, se ocupó de que recibiera una educación esmerada, y así a los doce años el joven Virgilio parte primero a Cremona, después visita Milán y finalmente llega a Roma, donde estudiará retórica y filosofía. Su débil constitución física y su carácter tímido le hacían poco apto para los discursos públicos, por lo que se refugió en el estudio de la astrología y se unió también por un tiempo a los alumnos del epicúreo Sirón.

Entre los años 44 y 43 a.C. regresó a su provincia natal, donde cosechó sus primeros éxitos literarios bajo la protección del gobernador de la provincia, Asimio Polión. Allí escribe las Bucólicas y su éxito es tal que se forma a su alrededor un pequeño grupo de admiradores, los "arcadios". En el 44 a.C. Octavio derroca a Marco Antonio y las tierras familiares del poeta son expropiadas, pero gracias a su amistad con otro poeta, Galo, Virgilio consigue acceder a los íntimos del nuevo emperador. Allí conoce a Ovidio y a Horacio, con quien trabaría una firme amistad. Se le indemniza por la pérdida de su hacienda y entra a formar parte del estrecho círculo de artistas que trabajan para llevar a cabo el proyecto augústeo de saneamiento de las costumbres y la moral del recién nacido imperio. Bajo la protección del rico Mecenas y de Augusto, publica las Geórgicas.

Abrumado por los favores imperiales se retiró a su villa de Nápoles, donde dedicaría los diez últimos años de su vida a componer la epopeya épica del pueblo romano, la Eneida, destinada a rivalizar con las obras de Homero. En el año 19 a.C. decide viajar a Grecia para empaparse del espíritu de la tierra donde iba a desarrollarse su obra maestra, pero cae enfermo en Megara y tiene que ser llevado de vuelta a Italia. Poco después de desembarcar en el puerto de Bríndisi, muere Virgilio y su cuerpo es llevado a Nápoles para ser enterrado allí donde había pasado tan buenos momentos, rodeado de sus amigos y de la calma del campo que tanto disfrutaba.

La imagen que nos ha llegado de Virgilio es la de un hombre tranquilo y sensible, amante de la naturaleza que, a pesar de ser uno de los favoritos de la corte, prefería vivir en la soledad y el retiro de Sicilia o Nápoles alejado de Roma y sus turbulencias.

 

Estilo

Virgilio, que en su momento fue considerado un moderno por sus aportaciones a la literatura romana, ha llegado a convertirse en uno de los clásicos por excelencia para todas las generaciones posteriores. Los hombres medievales lo imaginaban como un mago poderoso y Dante lo elige en su Divina Comedia para guiarle a través de cielo e infierno. Nacido en Mantua, fue el encargado de realizar la parte artística dentro de la labor "moralizante" del emperador Augusto; es el poeta apologético del régimen, encargado de ensalzar las virtudes tradicionales del patriotismo romano, pero también es un hombre consagrado en cuerpo y alma a la poesía, como máxima expresión de todo cuanto hay de sublime en el hombre. Las influencias en su estilo son variadas, desde el fuerte influjo homérico que se evidencia en la construcción y el tono general de la Eneida, hasta el modelo de Teócrito que emplea para sus versos en las ogras de género pastoril. Sin embargo la corriente en que se encuadra a este poeta es la escuela alejandrina o helenística, cuyo máximo exponente es Apolonio de Rodas y que propone variación y brevedad al tiempo que se aleja de los clichés literarios, una transfusión de sangre nueva en el espíritu literario de la Roma augústea. Otra cosa que toma de los alejandrinos es la aparición del autor dentro de su poema, expresando su opinión sobre los hechos relatados, haciéndose manifiesto. En cuanto a sus influjos filosóficos, pasa del epicureísmo a una concepción más cercana al pitagorismo platónico. En métrica, se sirve del hexámetro dactílico de los griegos, inaugurado en la lengua romana por Ennio y que Virgilio perfecciona hasta llevarlo a su máxima expresión. La cesura deja de ser monótona y se pone al servicio no sólo del ritmo, sino también de la adecuación a las ideas que pretende contagiar el autor. Los dáctilos, más rápidos, sirven para los versos ligeros y combativos, mientras que los espondeos son pausados, serenos o dramáticos. Estructura sus obras en unidades temáticas claramente diferenciables atendiendo a los contenidos (ver resúmenes de las obras).

Hablemos ahora de los personajes. Eneas es la máxima creación virgiliana, combina en sí los caracteres del héroe clásico griego con los del nuevo modelo romano de virilidad, dando preeminencia a estos últimos. No es un Ulises taimado, que no dudará en engañar si ello le beneficia, ni un Aquiles presa de la enajenación iracunda, aunque tiene algo de su grandiosidad, sino que reúne las prendas del ciudadano romano tal como lo concibe la ética tradicional, revivida por obra del nuevo emperador: honestidad, temperancia, valor (aunque cauteloso, no desenfrenado), consciente de las obligaciones a las que le obliga el sentido del honor, piadoso con los dioses y clemente. Otros personajes, como Turno y la reina Dido se presentan como figuras conmovedoras y con un alto sentimiento dramático derivado de la consciencia que cobra el lector de que están unidos inevitablemente a un hado fatal que pesa sobre ellos. Encontramos en la relación de estos dos personajes con respecto al protagonista un curioso fenómeno de inversión de papeles dependiendo de la situación. A veces Eneas se muestra superior y dominante frente a ellos, y en otras situaciones tiene que enfrentarse a la inaccesibilidad de la amante o a la dureza del enemigo mostrándose humilde, aunque siempre los deja finalmente atrás, superándolos en pos de un objetivo superior, marcado desde la voluntad divina.

Existe asimismo una inversión cronológica con clara función artística tanto en la Eneida como en las Églogas o en las Geórgicas. Pasado, presente y futuro se entrelazan sin seguir un orden lineal para cumplir su función dentro del designio del poeta. Las imágenes evocadas, así como las comparaciones, cumplen la misma función. En el caso de las abejas del libro IV de las Geórgicas, estos insectos personifican una lección política sobre el comportamiento del ciudadano ideal, del mismo modo que las frecuentes metáforas militares sirven para acentuar el tono épico y patriótico, la gravitas que conviene a ciertos temas. En su uso de lenguaje hay un cuidado de la forma que se aleja de la austeridad sintáctica de Lucrecio, huyendo asimismo de la excesiva artificiosidad en el léxico. Restituye un valor más pleno a las palabras, fijando su significado a través del tiempo.

 

Obra

Subir