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Juvenal

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Última actualización: 27/05/2009

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Biografía

Juvenal

El poeta latino Décimo Junio Juvenal (ca. 60 - ca. 129 d.C.) -en latín Decimus Iunius Iuvenalis- nació probablemente en Aquino, Campania. Se conservan pocos testimonios sobre su vida, y los existentes fueron redactados mucho tiempo después de su muerte con base en datos dispersos de su obra. Sabemos por éstos que probablemente ingresase en el ejército para acceder a un puesto en la administración de la Roma de Domiciano (ca. 81-96), pero su carrera no fue exitosa. Cosa que plasmó en una de sus sátiras donde declara que aquéllos que ascendían en la escala de oficiales no eran otros que los favoritos de la corte. Como castigo por la difusión de estas ideas sus bienes fueron confiscados. En el año 96 regresó a Roma tras el asesinato de Domiciano, donde vivió de la caridad. Años después su situación socioeconómica mejoraría –hizo notar ésta en la Sátira 11- llegando a disfrutar de una acomodada posición en Roma y a comprar una granja en Tibur (actual Tívoli).

Asimismo declamó en escuelas de retórica y fue profesor de elocuencia, pero no empezaría a componer sus obras satíricas hasta la madurez –cerca del año 100- durante reinado de Trajano, bajo el que se sosegó el despotismo imperial. Llegó a componer un total de dieciséis sátiras entre los años 90 y 127 y que publicaría personalmente en cinco libros. En ellas ataca duramente la sociedad de su tiempo, criticando los vicios de sus pobladores y los abusos de los emperadores anteriores a Trajano, sobre todo los de Domiciano. Otorgará protagonismo a la predicación moral en sus últimas sátiras. Su obra llegó a alcanzar gran popularidad durante el Bajo Imperio y la Edad Media; se han hallado cerca de quinientas copias manuscritas medievales de las Sátiras.

La figura de Juvenal está intrínsecamente unida a la de su amigo Marcial –autor de los Epigramas. Algunos historiadores suponen que Juvenal visitó Egipto, otros que fue su destino durante una época que permaneció en el exilio; un exilio enmascarado bajo una misión militar asignada -de objetivos no muy claros- por haber caído en desgracia ante el emperador Adriano.

Quizá no todo el mundo conozca la obra de Juvenal, pero sí algunas de sus expresiones memorables: “panem et circenses” -pan y circo-, que hace referencia a las costumbres de los romanos durante la época del Imperio, “Sed quis custodiet ipsos custodes?” -¿Quién vigilará a los propios vigilantes? (VI, 347-348)-, “Mens sana in corpore sano” -Una mente sana en un cuerpo sano (X, 356)-, entre otras.

 

Estilo

Juvenal emplea un lenguaje sencillo –sin artificios, que en ocasiones parece descuidado- con cierto tono caricaturesco para transmitir a su público la crudeza de la realidad del momento.

Se autodefinía como un castigator morum. Introdujo en sus composiciones nuevos elementos –aparte de los tradicionales- para la crítica de la censura moralizadora de la sociedad: el relajamiento de las costumbres, la hipocresía, la degeneración de la cultura y la educación, las dificultades de los intelectuales para vivir debidas a la competencia de los literatos latinos con los griegos a la hora de captar mecenas, el cosmopolitismo de Roma, la vida licenciosa de las mujeres, la crueldad, la caza de herencias, la prostitución o la expansión de religiones orientales. Roma era para Juvenal una sociedad sobre la que “difficile est saturam non scribere” (Sátira I-30).

En sus escritos apreciamos un potente realismo, donde se deleita reiteradamente describiendo los detalles más crueles -y en ocasiones oscuros- dejando testimonio de la Roma deshumanizada, individualista y viciosa de la época, clamando por la recuperación de la “Roma primitiva” idealizada por Tito Livio y Cicerón y la vuelta al mundo rural donde permanecen las costumbres e ideas de dicha Roma.

 

Obra

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