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Eurípides

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Última actualización: 27/05/2009

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Biografía

Busto de Eurípides

(485/84-406)

Nació en Salamina, su padre, Mesarco, era un terrateniente ateniense, y su madre Clito una mujer de noble linaje. Según cuentan vino al mundo el mismo día de la famosa batalla de Salamina, y su padre, impresionado con el auspicio, decidió encaminarlo al boxeo (pugilato y pancracio) aunque el chico se mostró finalmente más inclinado por la poesía, la música y la pintura. Se casó dos veces, y de su segunda esposa Quérila tuvo tres hijos, uno de los cuales se llamaba igual que el padre y obtuvo algunos éxitos estrenando las obras del progenitor de manera póstuma.

Las fuentes biográficas con que contamos están muy influidos por las críticas de Aristófanes en sus comedias, en las que nos presenta a Eurípides como un personaje ridículo, misógino, irrespetuoso con los dioses y crítico con la Ley y el Estado. Sin embargo, es una de las figuras más "progresistas" de la llamada Ilustración Ateniense. Aunque se mantuvo siempre al margen de la política pública y vivía apartado en su finca de Salamina, introduce concepciones nuevas en la tragedia, por ejemplo dándole una prominencia y una dignidad inusitadas a los esclavos en sus papeles teatrales. También puso de relieve el aspecto más absurdo, estúpido y cruel de la guerra en obras como las Troyanas. Reunió en torno a sí un pequeño círculo de amigos ilustrados y consiguió hacerse con una considerable biblioteca, algo bastante raro en la Grecia del s.V.
Fue a él a quien encargaron la inscripción en el epitafio de los muertos en Siracusa (413 a.C.), y su propia tumba se encuentra en Pela, en Macedonia, a donde acudió aceptando la invitación del rey Arquelao. Allí conoció al famoso pintor griego Zeuxis. Irónicamente, se dice que la muerte del tragediógrafo en el 406 se debió a que fue devorado por los perros del monarca. Este relato tampoco merece una credibilidad absoluta. Sabemos que también se le dedicó un cenotafio en la ciudad donde cosechó la mayoría de sus éxitos, en Atenas.

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Estilo

Sus influencias literarias y filosóficas fueron de lo más variado, pues vivió una época en la que florecieron grandes talentos, Aristófanes fue discípulo de Anaxágoras, Pródico y Protágoras, todos extranjeros en Atenas, conoció a Sócrates y a los sofistas muy bien y también la tradición de los presocráticos como Jenófanes, Heráclito , Empédocles y Demócrito, y por otro lado la herencia literaria de Homero, Píndaro, Solón, Teognis, Hesíodo.

Eurípides lleva a cabo un tratamiento innovador de los mitos, alterándolos y mezclándolos entre sí con el objeto de reinterpretarlos partiendo de la idea del hombre como medida de todas las cosas. Los personajes mortales de sus tragedias están mucho más próximos a los hombres modernos de la época de Eurípides que los de las tragedias precedentes, manifiestan sentimientos humanos como la duda o el miedo y se dejan arrastrar por sus pasiones, con consecuencias frecuentemente funestas. Poseen una coherencia interna compleja desde el punto de vista psicológico, y más aún en el caso de los personajes protagonistas. En el caso de caracteres secundarios, encontramos multitud de perfiles que pasarán a la Comedia Nueva de Menandro: la madrastra desalmada, los niños huérfanos, los ancianos decrépitos y ridículos, la heroína, el marido débil. Los humanos desconfían de los dioses, cuyas intervenciones son impredecibles. El Orestes de Esquilo se encomienda a la protección de Apolo con una entrega absoluta, mientras que el de Eurípides mantiene sus reservas respecto a la divinidad. En muchos casos el dios convierte el desastre en dicha y se manifiesta como la justificación de un final inesperado, el llamado "deus ex machina", que Aristóteles analizaba como un recurso dramático en su Poética. Para hacer más espectaculares las intervenciones divinas (epifanía o teofanía) se empleaban en las representaciones artilugios mecánicos y grúas, para suspender a los actores en el aire. La anagnórisis o reconocimiento suele tomar la forma del reencuentro entre dos familiares separados durante largo tiempo. Pero ante todo, la postura de Eurípides ante la religión tradicional es crítica, anteponiendo el deber político al religioso.

La pasión erótica y todos los tabúes relacionados con ella (incesto, adulterio, poligamia.) ocupan un lugar muy importante en la tragedia euripídea, tratados desde múltiples ángulos, con una profundidad casi psicoanalítica.

En cuanto a la estructura de las obras, sigue una cuidadosa secuencia cronológica, y la historia está precedida por un prólogo en el que se traslada el presente inmediato, lo que estaba sucediendo en Atenas en el momento del estreno, a una acción mítica. Este prólogo, que debe en principio orientar al espectador adelantando acontecimientos, consigue a veces el efecto contrario, despistándolo con respecto al desenlace.

El coro, más que representar el juicio moral de la comunidad, que es la función que le estaba reservada anteriormente, acerca al auditorio a aspectos cotidianos más próximos, vinculándolo emocionalmente al personaje mítico. La fuerza dramática del coro es desviada hacia los actores, que comienzan a entonar dúos y monodias cantadas, que expresan a la perfección sentimientos arrasadores: odio, locura, desesperación o pasión. La tragedia de Eurípides tiene de hecho una estrecha relación con la música, se emplean ritmos ditirámbicos para relajar la acción dramática alternados con trímetros yámbicos que realzan lo emocional. Estos ritmos, que debían sonar exóticos a los oídos atenienses, revelan el profundo entrelazamiento entre forma y contenido, si tenemos en cuenta que en gran número de obras la identidad del coro es la del extranjero en tierras lejanas, sean las mujeres troyanas en Grecia o los griegos en Tauros. Hay una predominancia de lo descriptivo, con figuras altamente visuales, plásticas, que en cierto modo equilibran la pobreza de metáforas. Sobre todo abundan las alusiones al mar y al agua.
En los largos discursos de los protagonistas se puede apreciar con mayor claridad que en ningún otro lugar de la tragedia el influjo de la sofística sobre nuestro autor. La intervención de cada interlocutor dura el mismo número de versos que la del otro, como se hacía en los torneos de retórica, y se trataban temas de actualidad, como lo bueno, lo justo, la ley, la educación o la herencia.

Otro de los aspectos propiamente teatrales en los que destaca Eurípides es el manejo del espacio mediante un dinamismo constante en el que se juega con las distancias entre personajes, los movimientos. creando un ámbito espacial definido, pero en permanente cambio.

El lenguaje que emplea es bastante fluido, mezcla el ático culto con elementos populares, como el genitivo exclamativo, el infinitivo con valor de imperativo, coloquialismos e interjecciones.

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Obra

Conservadas íntegras

  • Alcestis
  • Medea
  • Heráclides
  • Hipólito
  • Andrómana
  • Hécuba
  • Suplicantes
  • Electra
  • Troyanas
  • Heracles
  • Ifigenia entre los tauros
  • Ifigenia en Áulide
  • Helena
  • Ión
  • Fenicias
  • Bacantes
  • Orestes

Fragmentos

  • Teléfo
  • Dictis
  • Los cretenses
  • Ino
  • Belerofonte
  • Cresfontes
  • Eolo
  • Estenebea
  • Erecteo
  • Faetón
  • Melanita cautiva
  • Alejandro
  • Andrómeda
  • Antíope
  • Hipsípila
  • Arquelao
  • Meleagro
  • Dánae
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