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Última actualización: 19/06/2018

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Don Juan Velázquez de Velasco

Firma de Juan Velázquez de Velasco

(Valladolid, ca. 1550-ca. 1620). De facto, fue el primer espía mayor de la corte y superintendente general de las inteligencias secretas. General de la provincia de Guipúzcoa, comendador de Peña Ausende y castellano de Fuenterrabía. Toda su vida la dedicó a la defensa de los intereses de la Monarquía desde la milicia participando en numerosas campañas y puestos de responsabilidad. Así, fue capitán de infantería de Nápoles y pasó con mil hombres a la Goleta donde estuvo 7 años hasta que don Juan de Austria lo sacó para la batalla de Lepanto.

Los datos biográficos extraídos de las pruebas de ingreso de su nieto en la Orden de Santiago como caballero de hábito se suman a los que se desprenden de la consulta de los legajos conservados en la sección de Estado del Archivo General de Simancas. Por ellos conocemos que su actividad como espía mayor de la corte al menos desde 1599 fue a entera satisfacción del rey Felipe III dejando entrever una gran clarividencia en materia de coordinación de los recursos humanos y materiales del espionaje al servicio del Estado. La centralización de la información enviada en cartas, avisos e informes por la vasta red de agentes y confidentes bajo su mando fue continuamente solicitada por Velázquez en los numerosos memoriales escritos por él. Casado con doña Juana Venero, tuvieron como hijo a Andrés que sucedería a su padre en el cargo de espía mayor.

La elección de Juan Velázquez de Velasco como “espía mayor de la corte y superintendente general de las inteligencias secretas”, supone un decidido intento por racionalizar, centralizar, coordinar y unificar las acciones de información de la Monarquía si atendemos al magnífico memorial elevado explicitando el cometido de su cargo en enero de 1599.

Según consta en los libros registro de mercedes y nombramientos del Consejo de Guerra, Velázquez fue nombrado alcaide de Fuenterrabía y Capitán General de la provincia de Guipúzcoa por vacante de don Fernando Hurtado de Mendoza el 20 de diciembre de 1590 . Para entender la actividad militar desarrollada en estos destinos son muy esclarecedoras las instrucciones que le dio Felipe II aquel mismo año. La prolijidad de su contenido incluía aspectos tales como la visita y reconocimiento por sí mismo de las murallas, casa real, artillería de Fuenterrabía y San Sebastián, “y lo demás tocante a la buena guarda y defensa dellas y me havisaréys de lo que conviniere proveerse para el buen estado de lo uno y de lo otro” . El 24 de marzo de 1593 solicita que se cursen las órdenes pertinentes para “la pólvora que se ha de tomar de los galeones y para el plomo que tengo de dar del que tengo en Fuenterravía” . Meses más tarde, probablemente hacia julio de ese mismo año, Juan Velázquez solicitaba en un memorial que se le indicase claramente qué hacer con las mercancías de contrabando provenientes de las provincias rebeldes de Flandes que venían a España por San Sebastián, Pasajes o Fuenterrabía . Mientras tanto, seguía desarrollando tareas de vigilancia portuaria para neutralizar el contrabando enemigo como consta en otro memorial de 4 de octubre de 1593 . Es más que previsible que durante aquellos años como jefe militar con mando en plaza adquiriese una experiencia contrastada en tareas propias de información y seguridad. Su experiencia en “materias graves y secretas” se fue consolidando en episodios fechados desde marzo de 1595 cuando se documenta el envío de informaciones sensibles desde San Sebastián . Como general de Fuenterrabía, envía ese mismo año avisos procedentes de sus espías, como el que recibe a las cuatro de la mañana del 12 de octubre de 1595 sobre los movimientos sospechosos de varios caballeros que juntaban varias compañías con cerca de mil hombres para ir a Roncesvalles y Urdax : « En este punto que son las quatro de la mañana, rezivo ese aviso que me le da una persona muy principal y muy católica y que suele decirme verdad. Ame paresccido dar quenta luego a Vuestra Señoría [Doctor Calderón, regente y capitán general de Navarra] » .

La propuesta de Velázquez para un cargo tan especial y novedoso como el de superintendente general de las inteligencias secretas tuvo que ser aceptada después del cuatro de julio de 1598, fecha en que se expide el despacho de capitán general de la provincia de Guipúzcoa a don Juan de Cardona, virrey de Navarra, su sucesor en el cargo : “Por quanto por haverme supplicado don Juan Velázquez, mi capitán general de la provincia de Guipúzcoa por algunas causas que le an movido le exonere del dicho cargo, conviene proveerle por tanto acatando la calidad, prudencia, suficiencia, valor y experiencia de vos, don Juan de Cardona…” . Velázquez había servido como capitán general y alcaide de Fuenterrabía un total de ocho años.

Sobre la actividad de Juan Velázquez como coordinador de las inteligencias secretas de la Monarquía, la sección de Estado del Archivo General de Simancas nos ofrece, si no abundantes testimonios, al menos los suficientes para comprender el intento de la Monarquía por oficializar un cargo sensible, normalizar la actividad y desarrollar dinámicas de delegación de competencias y coordinación de recursos. En definitiva, en poner orden en una actividad tan sensible como la de los espías e informadores a sueldo.

Ese mismo año de 1598 Velázquez está ya operando activamente en tareas de inteligencia. En noviembre, poco después de la muerte de Felipe II, Velázquez enviaba una reveladora carta desde Madrid encabezada por “lo que de nuevo de avisan los confidentes que tengo es lo siguiente”, prueba irrefutable de que hasta llegar a ese momento, una estructura de espionaje activa debía haberse consolidado tiempo atrás . En enero de 1599, el famoso memorial indica que todavía no ha sido expedida cédula de nombramiento, por lo que se entiende que desde finales de 1598 actúa como espía mayor de forma oficiosa. En este documento, tan esclarecedor para comprender cómo entiende su cargo, las posibles limitaciones que le obstaculicen en alcanzar los objetivos marcados y los recursos necesarios para ello, se advierte una voluntad firme de servicio basado en la coordinación, la discreción y la efectividad, elementos que conducen al primer gran intento de la Monarquía por dotar de carácter oficial al responsable de los espías al servicio del Estado. La creación ex novo de este cargo implicaba construir desde abajo todo el entramado de redes de inteligencia, algo que se había llevado a cabo de forma continua pero descordinada. No en vano, Velázquez acude a su única experiencia en la materia y en las redes que él había tejido durante su etapa en Fuenterrabía pues, suplica a Felipe III que “se acuerde de en el estado que se comienza esta obra que es tan poca luz ni aparejo para ella de espías porque si no son las pocas que yo tenía, no sé otras”.

Mientras tanto, siguen corriendo los meses de 1599 y con ellos poco a poco los avisos generados por sus espías van dando sus frutos. Las relaciones de avisos que va recibiendo y generando en el ejercicio de su competencia secreta son reveladoras de sus métodos de actuación. Éstos son similares a lo largo de toda su gestión, en el que la acción de los espías en la fase de obtención genera informaciones que, plasmadas en avisos, son remitidos puntualmente. A continuación, el propio Velázquez elabora un informe sintético que remite directamente, como figura en el sobreescrito, al rey. Para garantizar la eficacia de la información que maneja Velázquez alude con frecuencia a una de las máximas secularmente exigidas en el trabajo de inteligencia : contrastar la veracidad de la fuente por medio de otras vías complementarias. Sirva como ejemplo cómo las informaciones suministradas por sus espías de Inglaterra y Holanda fueron inmediatamente contrastadas y verificadas cuando el veedor Martín de Uzquiano y don Francisco Trujillo Ponce de León volvieron de Inglaterra y prestaron testimonio de lo visto y oído por ellos mismos .

La elección de los núcleos urbanos de mayor interés informativo dentro de la “geografía del conocimiento” formada por las capitales europeas era otra de las claves para el desarrollo del trabajo de los espías. La relevancia informativa de Roma, Londres, París, Amsterdam, Sevilla o Lisboa se complementaba con el despliegue de espías especializados en materias navales en puertos como La Rochelle, donde Velázquez tenía “un confidente de quien tengo satisfacción”. Verificar la entrada y salida de los navíos, identificar la calidad de los mismos, su armamento, la tripulación, etc., estaba entre sus habituales competencias informativas :

« Dize que llegaron dos pataches ingleses de a treynta toneladas que partieron de Inglaterra a 20 de hebrero del puerto de Plemua, cargados de manteca y salieron diciendo que yban a otro puerto del mismo Reyno. Y estos han confirmado házese muy grande armada y grande embarcación de gente y con muchas vituallas y que aunque la voz es para Irlanda, el disinio es para España . »

Para conseguir todo ello, Velázquez ha conseguido a finales del siglo XVI desde Madrid reunir una nómina de espías volantes desplegados por Inglaterra, Holanda y Francia preferentemente. Desde Lyon, Londres o Bruselas le van llegando avisos de sus “inteligentes”. Ello no obsta para que sea consciente de las limitaciones al manifestarle al rey que sin recursos, poco se puede alcanzar y que para conseguir los objetivos encomendados a su misión requiere aumentar la plantilla de espías y, sobre todo, librar con diligencia los gastos secretos que se vayan ocasionando en el transcurso de las operaciones . Entre esa nómina de informadores estables u ocasionales se vale con frecuencia de pilotos, marineros, militares, eclesiásticos y todos aquellos que de forma permanente o esporádica le proporcionen la información por ellos obtenida. Portugueses como el que salió de Holanda a principios de enero de 1598 informaba de las naves que se preparaban en Amsterdam y Rotterdam. Pero también figuran en su nómina un “obispo católico en Francia, un caballero francés, hombres de negocios y numerosos mercaderes . Sus espías no sólo son residentes que viven en las ciudades objeto de vigilancia y atención. Es también habitual fletar pequeñas embarcaciones (pataches frecuentemente) con espías y confidentes que llevan a cabo la misión encomendada y vuelven con la información obtenida.

Paralelamente, las relaciones de Juan Velázquez no descuidaban el aspecto ofensivo del espionaje extranjero pues, como reverso inevitable de las inteligencias secretas, no sólo era preciso adquirir información sino poner todos los medios para que el enemigo no la adquiriese en nuestro territorio y mucho menos penetrase en los designios de su Majestad. Por ello, la excesiva laxitud con la que se admitían extranjeros en el servicio doméstico de ministros muy principales o la situación existente en los puertos españoles donde apenas se vigilaba el tránsito y presencia de extranjeros, fueron debilidades que no pasaron desapercibidas a Velázquez. De hecho, advertía el 8 de marzo de 1599 en otra relación que “en esta corte deven de tener muchas espías con la poca quenta que se tiene de los estrangeros y en los puertos también tienen quién lo reconosca y vea qué navíos ay en ellos y en qué estado está ; y por momentos lo saven todo y aunque esto con la libertad del trato de los estrangeros y de otras naçiones no se puede tener la quenta que es razón y sepodría tener alguna, a lo menos aquí” :

« También avisan que ay un hombre que se llama Diego Portero, criado de otro que se llama Usleyo que con un barco suyo va y viene a Lisboa teniendo liçençia para yr allí y entiéndese que debaxo desta confiansa que en Lisboa se haze dél, el almirante de Inglaterra le emplea en inteligençias que tiene en España con otras espías. Combiene avisarlo a Lisboa al conde de Portalegre para que advierta a esto. »

En cualquier caso, sus relaciones no se limitan únicamente a suministrar la información secreta obtenida sino a ordenarla y, en numerosas ocasiones, ofrecer alternativas, advertencias y valoraciones que con toda humildad son transmitidos para complementar el proceso de toma de decisiones con los juicios experimentados del espía mayor. Lo que no implicaba que fuesen ni mucho menos vinculantes. Tras la deliberación y consulta pertinente al monarca, se formaba un cuadro de situación lo más aproximado a la realidad con todas las informaciones disponibles, no sólo las suministradas por Velázquez. A continuación se desgranaban las opciones a tener en cuenta. Sucedía por ejemplo el primero de julio de 1600 cuando los informes y avisos dados por Velázquez indicaban los movimientos de gente de guerra y las recomendaciones hechas a mercaderes de que cancelasen los negocios con España porque se avecinaba una nueva guerra, algo que se procuraba confirmar (como casi siempre) por otras vías y medios de información .

Por todo ello, la elección del nombre de Juan Velázquez de Velasco para inaugurar el Instituto de investigación en inteligencia para la seguridad y la defensa se basa no sólo en la carga histórica del personaje sino en su temprana concepción del trabajo de inteligencia al servicio del Estado. Constituye, por tanto una de las pruebas más tempranas acerca de la necesidad de coordinación y dirección en materia de inteligencia en la historia de España.

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