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Última actualización: 22/01/2016

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¿Empiezan a cambiar las cosas en el mercado de trabajo de nuestros titulados?

¿Empiezan a cambiar las cosas en el mercado de trabajo de nuestros titulados? Por José-Antonio Moreiro-González, catedrático del Departamento de Biblioteconomía y Documentación - iSchool, Universidad Carlos III de Madrid. ThinkEPI, difundido el 4 de enero de 2016 a través de IWETEL (ver).

1. Introducción

¿Por qué tanto interés en valorar la inserción laboral de nuestros titulados?, ¿Tanto como para volver cada año a actualizar y comentar datos al respecto? Creo que su análisis, incluso reiterativo, sigue siendo necesario para responder ante la sociedad y ante los propios interesados. ¿Responder de qué? Pues de la formación que impartimos. Ya que, por más que podamos considerar que el primer objetivo universitario consiste en formar a los estudiantes en valores y mejorar su categoría educativa, no podemos olvidar que esto es compromiso también de los anteriores ciclos formativos. Con creciente significación, sobre todo en sectores apretados por las urgencias, se abre paso una evaluación más efectiva y oportuna del encargo que la sociedad hace a la universidad respecto a los resultados que sus graduados alcanzan en el mercado de trabajo. Y, aunque la enseñanza universitaria no se puede tan solo acotar a lo técnico, los sistemas y competencias educativos tienen que responder a las exigencias sociales y de las empresas e instituciones. Se trata, en definitiva, de considerar con visión crítica, y en cercanía a los planes de la sociedad y del mundo laboral, la eficacia de la universidad a la hora de prepararles para unas profesiones en constante evolución.

 

El atractivo por conocer la realidad laboral de los graduados universitarios crece ante la competencia entre las universidades por captar nuevos estudiantes. De forma que conviene mostrar cómo las promociones precedentes han alcanzado una buena situación profesional, tras integrarse en el mercado laboral sin muchos inconvenientes.

El germen de este examen se sitúa en el primer día de clase de un máster, cuando varios estudiantes recién graduados me comentaron que su inserción en el mercado de trabajo había sido rápida y en mejores condiciones que en los cursos anteriores. ¿Están cambiando las cosas? La averiguación había de venir de la información estadística. Por ello, los comentarios se van a apoyar en el análisis de los datos recabados en tres fuentes: el informe del INE (2015) que ha seguido la evolución laboral de los titulados universitarios en el curso 2009-2010; el seguimiento del mercado de trabajo de titulados universitarios del SEPE especialmente entre los años (2009-2015); así como la obtención de otros datos mediante un cuestionario aplicado ad hoc.

2. Nuestras titulaciones en el informe del INE.

Cierto es que no aparecemos entre las veinte carreras con mayores tasas de empleo, pero tampoco entre las veinte con menor tasa. No estamos entre las más valoradas por los titulados universitarios sobre la utilidad de sus estudios para encontrar trabajo, tampoco en la banda opuesta. El país (2015) se anticipó a dar los resultados de ese informe. Si consultamos por universidades y titulaciones de procedencia podemos conocer la evolución de afiliados a la Seguridad Social en los últimos cuatro años. Aunque no aparece diferenciado si esos nuevos empleados trabajan o no en algo relacionado con lo que estudiaron en la Universidad. Provienen de los planes de estudio correspondientes a los niveles 2 y 3 del MECES previos al Espacio Europeo de Educación Superior: Diplomatura en Biblioteconomía y Documentación (DBD) y Licenciatura en Documentación (LD). Quienes habían cursado el Grado en Información y Documentación (GID) eran aún muy pocos el año 2009-10, y procedían de los cursos de adaptación. Tras identificarse la información, se han elaborado estas tablas con los porcentajes de afiliados a la Seguridad Social:

Esta primera muestra manifiesta que, con carácter general, aumenta la inserción laboral de los titulados en nuestro sector. Se especifica mejor en los datos del INE (2015), donde los contratos de bibliotecarios, documentalistas y afines aparecen en algunas autonomías como grupo con buen crecimiento interanual (con casi el 20% de los contratos para DBD y el 30% para GID), sin que este hecho llegue a ser una tendencia general para todo el territorio. Esto mismo sucede con los empleados de bibliotecas y afines. Otra parte de los contratos se hicieron como profesionales de apoyo a servicios jurídicos, sociales, culturales, etc., mientras que el resto se dispersa entre administrativos, analistas, diseñadores web, guías, monitores, profesores, técnicos y hasta vendedores y peones industriales,… como buen ejemplo de nuestra aplicación multidisciplinar. Por más que esto se haga, con bastante frecuencia, a costa de empleos infracualificados, pues con frecuencia se ocupan trabajos cuya ejecución no precisa de formación técnica. Esta muestra de ocupaciones tan diversas no es nada distinta de lo que sucede en sectores próximos.

Gráfico 1. Titulados con porcentaje de afiliación a la Seguridad social.

Fuente de los datos: El país (2014).

El gráfico refleja una afiliación en alza continuada desde hace cuatro años. Para tener un elemento de comparación confiable hay que considerar que el año 2014, los 104.836 titulados universitarios del curso 2009-2010 en Ciencias Sociales y Jurídicas, alcanzaron una tasa de empleo del 74,2% y la de paro del 20,4%. Además, si comparamos las dos series se observa cómo se vuelve a demostrar que a mayor nivel de estudios, más alta la ratio de ocupación.

3. Mercado de trabajo de los titulados demandantes de empleo.

Los datos correspondientes a cada año se abren y cierran en el mes noviembre, por no disponerse aun de las cifras del último diciembre.

 

Gráfico 2. Paro y demanda de empleo.

Fuente de los datos: SEPE (2009-2015).

 

La referencia principal se hace a titulados en DBD y LD demandantes de empleo; tan solo desde el año 2014 se suman los procedentes del GID. En el gráfico se observa un crecimiento continuado en las solicitudes de empleo hasta el año 2013. En el año precedente habían coincidido la progresiva acumulación de los parados anteriores al año 2009 y la agregación de peticionarios que provenían de las primeras promociones de los nuevos grados. Los demandantes de empleo no están todos parados. La diferencia entre los primeros y los segundos alcanza en gran parte de la gráfica casi un tercio de las demandas. Se debe a que muchos buscan movilidad laboral ante las condiciones de un trabajo que no siempre resulta satisfactorio o que no llena sus aspiraciones. Mientras el número de demandantes parados se duplicó hasta alcanzar el máximo en 2012, desde entonces se viene manteniendo o reduciendo muy despacio. Esta disminución, junto a la de quienes habían tenido un empleo anterior, se debe, sin duda, a que los contratos se iban haciendo algo más estables.

En el año 2012 culmina, pues, el incremento de la demanda de empleo. Desde entonces, la disminución del paro no es demasiado notoria en números absolutos, pero se comprueba que, frente a la escasez en el descuento de años anteriores, durante el año 2014 se redujo en 255 personas, lo que supone un 9,1% de los 2824 demandantes de empleo parados con que concluyó ese año. Los contratos acumulados a lo largo de cada año se reparten siempre con un menor número de demandantes de empleo, lo que favorece a los titulados parados que cuentan con un empleo anterior respecto a la posibilidad de encontrar un nuevo empleo.

Gráfico 3. Evolución de los contratos

Fuente de los datos: SEPE (2009-2015).

 

A la vez, tiende a subir el número de contratos. Si bien con notorias diferencias mensuales, por lo general, con un mínimo en agosto y un máximo anual en septiembre causados por la temporalidad en el empleo.

Respecto al tipo de contrato, hay que notar cómo los titulados universitarios españoles trabajaron a tiempo parcial "menos" que el resto de la población y su tasa de temporalidad fue también menor. Ambos parámetros se mueven dentro de unos márgenes bastante similares y descorazonadores. Así, para el primer caso, nos encontramos con el 12,6% frente al 14,9% en el año 2014, mientras que sería del 19,2% frente al 22% para el segundo. En ese mismo año, los contratos de duración indefinida supusieron un escaso 7% respecto a los de duración temporal. Y en estos los de jornada completa aventajaron sólo en un 17% a los de jornada parcial.

Es notorio que, revisando los resúmenes mensuales de esos siete años por provincias aparecen, entre las que no cuentan con estudios de nuestro sector, como las que más contratos ofrecieron: Baleares, Córdoba, Guipúzcoa, Toledo y Málaga.

Gráfico 4. Porcentaje de parados por sexo

Fuente de los datos: SEPE (2009-2015).

La tabla contiene acumulados los datos correspondientes a titulados en DBD, LD y GID (2014 y 2015). Se perciben grandes saltos anuales en el paro de los hombres, frente al descenso continuado del referente a las mujeres, que sigue un comportamiento más regular. En ambos casos la tónica es descendiente hasta casi igualarse en el último año.  Aunque en las fuentes consultadas no se especifica el porcentaje de solicitudes por sexo, no impide comprobar que las mujeres tuvieron un porcentaje superior contratos temporales que los hombres, con una media de 38,5% y 27,2%, respectivamente.

4. Cuestionario aplicado a graduados en Información y Documentación.

En tercer lugar se reflejan los resultados obtenidos a partir de una encuesta aplicada en línea a todos los graduados en el curso 2014-15 en Información y Documentación y a los alumnos actuales de másteres universitarios de nuestro sector, ambos por la Universidad Carlos III de Madrid, cuya graduación se efectuó también en ese mismo curso. De 60 envíos, completaron el cuestionario 22, lo que supone una respuesta significativa, pues nueve personas aparecían en los dos grupos y otras siete no habían cursado el GID. Por las limitaciones de esta publicación presentamos solo una síntesis reducida de los resultados más próximos a nuestros objetivos.

Gráfico 5. Situación laboral.

 

 

Estamos ante una situación laboral eficiente si consideramos que la encuesta se ha aplicado medio año después de la graduación. Por más que el paro se sitúe bastante cerca de la elevadísima tasa del 22% que alcanza en España. Mientras que la alta correlación estudios-trabajo aparenta contradecir la tendencia a que la carrera cursada no sea finalista para decidir la posterior ocupación (García Montalvo, 2011). De inmediato, parece que los estudios aseguran una vía de salida suficiente a la consecución profesional, con los matices que añade la realidad. Dentro de esta situación, las mujeres muestran un porcentaje mayor de actividad laboral en campos relacionados con sus estudios (73% frente a 50%), mientras que los hombres muestran mayor porcentaje de desempleo (33% frente al 14%). Nadie está en paro sin haber trabajado nunca antes.

Gráfico 6. Tiempo de incorporación según situación laboral.

 

Se destaca en este gráfico cómo en quince casos se tardó menos de tres meses en encontrar trabajo. Cifra coincidente con la de quienes trabajan en actividades relacionadas con los estudios en el sector. Solo un 22% está inactivo laboralmente seis meses después de graduarse. Por otra parte, desde que terminaron los grados, un 54% de los titulados ha tenido un único puesto de trabajo, un 23% ha tenido dos y un 14% tres o más. Tan solo un 9% no ha tenido ningún trabajo desde que finalizó el grado.

 

Gráfico 7. Número de puestos de trabajo ocupados.

Más de la mitad han tenido un único puesto de trabajo; mientras que un 23% han tenido dos y un 14% tres o más. De modo que cerca del 40% han tenido más de dos puestos de trabajo en seis meses. Sin embargo, quienes han tenido tres o más ocupaciones trabajan en algo relacionado con sus estudios.

Respecto al sector, y sin mucho detalle, ocho trabajan en archivos y bibliotecas. Otros once son documentalistas de empresa: cuatro en empresas de auditoría y consultoría; dos en empresas aeronáuticas; dos en empresas de comunicación; otros dos en la Administración autonómica y uno más en una ONG. Mientras que, sin relación con los estudios cursados, dos se dedican al sector financiero y otro a la administración pública. Solo siete actúan en el sector público, por quince en el privado.

Un último comentario sobre cómo valoran la adecuación entre las competencias adquiridas durante la carrera y los requisitos para desarrollar su actividad profesional. Los espacios más apreciados son: TIC; Búsqueda y recuperación; Organización y almacenamiento; Análisis y representación. Por el contrario, creen que se dio escasa atención durante los estudios a las Técnicas de gestión de microeconomía; Técnicas de adquisición; Interacción con productores, usuarios y clientes; Técnicas de formación y Técnicas psicológicas.

 

Los graduados señalan además otras habilidades y competencias que consideran insuficientemente adquiridas, como un mayor conocimiento sobre el mercado laboral; mayor capacidad en almacenamiento y visualización avanzadas; mayor conocimiento de Idiomas e impartición de asignaturas bilingües; mayor atención a la práctica con sistemas de gestión bibliotecaria actualizados y al empleo de las herramientas informáticas más utilizadas en la gestión de la información académica, científica y empresarial. Por su actualidad e intuición, dejamos para el final de esta relación las Técnicas para creación de empresas relacionadas con el grado, junto a la Formación en innovación y emprendimiento. Si las unimos a las antes mencionadas Técnicas de gestión de microeconomía se observa cómo está llegando también a nuestro sector la tendencia al autoempleo y el emprendimiento que, en gran parte, son una búsqueda de salida laboral como autónomos ante la falta de oportunidades en el mercado de trabajo. Que la inclinación empresarial se vaya abriendo paso refleja, en parte, un cambio de mentalidad y, sobre todo, que el trabajo por cuenta ajena sigue siendo escaso tras muchos años de crisis económica.

 

Por fin, parece que los testimonios alegados manifiestan que se ha empezado a recuperar el empleo de los titulados en nuestro sector. Esta observación se apoya en tres fundamentos:

1. La tasa de paro de nuestros titulados universitarios conoce un descenso continuo desde el año 2011.

2. En paralelo aumenta la tasa de empleo.

3. Asimismo, los resultados de la encuesta apuntan a una mejora, con la sensación entre los encuestados de que las cosas están cambiando.

Pese a enlazarse cinco años de crecimiento en el empleo, la situación no es aún boyante, pues seguimos dentro de una estructura laboral marcada por una alta temporalidad y con garantías escasas. Si añadimos que se observa un elevado movimiento ocupacional y una presencia regular de contratos de jornada parcial, parece que no estemos dejando un legado muy dichoso a las generaciones que acceden ahora al mercado de trabajo. Este hecho se ha vuelto una característica actual no solo en nuestro ámbito, y ha introducido una gran variación en la beneficiosa situación de la que antes gozaban los titulados universitarios en el mercado laboral.

 

Referencias

El país (2014).  Las carreras con mayor tasa de empleo. http://elpais.com/especiales/2014/carreras-con-mas-empleo 

INE (2015). Encuesta de inserción laboral de los titulados universitarios EILU. Avance de resultados. http://www.ine.es/prensa/np957.pdf 

García Montalvo, José et al. (2011). Crisis económica e inserción laboral de los jóvenes. Valencia: Bancaja e Ivie.

SEPE (2009-2015). Información anual de mercado de trabajo de titulados universitarios. Madrid: Servicio Público de Empleo Estatal - Observatorio de las Ocupaciones.

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José-Antonio Moreiro-GonzálezUniversidad Carlos III de Madrid

Miembro del think tank Grupo ThinkEPI