Investigación sobre el papel del Estado en la prensa euromediterránea

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Un grupo de investigadores de la Universidad Carlos III de Madrid ha publicado un estudio sobre la evolución y desarrollo de la prensa en cuatro países euromediterráneos (España, Francia, Italia y Portugal), en el que se analiza la intervención del Estado como regulador en actividades relacionadas con estos medios de comunicación.

La principal conclusión que han extraído es que en los cuatro países estudiados se observa una larga intervención del Estado, desde la distribución hasta las ayudas directas. “Cada país plantea la intervención del Estado según su trayectoria histórica y la línea política adoptada en cada momento – comentan los investigadores -, de forma que no hay un modelo único, a pesar de las concomitancias que puedan tener entre ellos”, afirman. Este estudio ha sido publicado en el International Journal of Communication, una de las mejores revistas norteamericanas en el ámbito de la investigación en comunicación, por Guadalupe Aguado, José Mª Sanmartí y Raúl Magallón, profesores del Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid.

El artículo analiza las características positivas y negativas que puede tener la intervención del Estado en estos medios de comunicación. “Normalmente tenemos la impresión de que el Estado es un poder censor que interviene ideológicamente en los medios de comunicación, pero puede ser también un regulador e intervenir con medidas administrativas en distintos aspectos relacionados con la prensa, desde la distribución y la venta hasta ayudas para renovaciones tecnológicas o cosas”, explica José Mª Sanmartí. De esta forma, la regulación puede tener repercusiones positivas, por ejemplo, a la hora de determinar los puntos de venta. En un pueblo pequeño que no llegue la prensa, el Estado puede intervenir, bien ordenando que se lleven los periódicos a este lugar o bien subvencionando esta distribución. “Puede decirse que el tema de las ayudas, de las intervenciones administrativas en general, pueden ser positivas para la prensa, pero hay que verlo caso por caso y concepto por concepto”, concluye Sanmartí.

La intervención estatal en los medios de comunicación responde a un principio establecido por la Revolución Francesa, según el cual la libertad de expresión es un bien público que debe ser protegido y regulado mediante leyes. En general los países siguen una tradición casi secular para intervenir más o menos, aunque algunos países han cambiado completamente el modelo, según estos investigadores. Francia e Italia, por ejemplo, experimentaron una interrupción total del modelo liberal a causa de la II Guerra Mundial, de la que salieron con fuertes medidas intervencionistas que se han ido suavizando. En cambio, España y Portugal sufrieron un corte parecido, pero éste se alargó durante 40 años y derivó hacia unas transiciones a la democracia de signo liberalizador, especialmente en el caso español. “El Estado portugués ha sido más protector que el español en lo que respecta al sistema de ayudas, lo que no ha comportado unas empresas periodísticas más saneadas y asentadas en lo que se refiere a la difusión”, señalan.

El caso español y la crisis

Desde el año 1984 la prensa española se rige por un sistema muy desregulado que remite a la legislación ordinaria (Código Mercantil, Código Penal, etc.). Solamente hay ayudas financieras o logísticas en algunas Comunidades Autónomas por razones culturales. Los últimos intentos para legislar sobre este terreno (el Estatuto del Periodista Profesional, por ejemplo) no han prosperado. “En la actualidad una posible intervención del Estado tendría que ir orientada más a los lectores que a las empresas, es decir, al fomento de la lectura de periódicos y revistas. El resto de políticas del Estado (subvenciones para la renovación tecnológica, por ejemplo) podría canalizarse a través de las propiamente empresariales”, opinan los autores del estudio.

La crisis actual obliga a replantear estos modelos, según los investigadores. En nuestro país, la Asociación de Editores de Diarios Españoles está pidiendo ayudas directas del Estado a través de distintos conductos. Por otra parte, afecta al modelo periodístico en sí, que ya estaba en cuestión de 2008, por lo que habrá que pensar en otros productos, hechos de otra manera, así como en el fenómeno de la prensa digital. El lector de un periódico de papel y el de un diario digital no son iguales, aunque se trate de la misma persona. Por ahora ni el recorrido de lectura, ni el tiempo invertido son iguales, “hecho que repercute en una tendencia cada vez más generalizada hacia una información de baja intensidad por parte de la ciudadanía”, indica el profesor Sanmartí. “La situación es aún confusa, se está hablando de ello, pero todavía no hay nada decidido y resulta difícil precisar cuales serán las consecuencias reales de la crisis en la prensa”, concluyen.

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