Compartir los décimos aumenta el juego y consumo de lotería

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Boletos de lotería. Crédito: CNICE
Los españoles son los europeos que más juegan a la lotería a pesar de la crisis, según un informe de un investigador de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que explica este consumo gracias a la tendencia generalizada en España de comprar y compartir décimos en compañía.

El profesor del departamento de Ciencia Política y Sociología de la UC3M, Roberto Garvía, autor del informe “Loterías” publicado por el CIS, explica que el punto de partida de esta situación tiene su origen en la segunda mitad del siglo XIX con el desmantelamiento de la lotto, lo que provocó que muchos de los antiguos jugadores, acostumbrados a pagar uno o dos reales en el juego e incapaces de hacer frente a cuatro, empezaran a jugar juntos o en compañía, propiciando una costumbre muy extendida y que no ocurre con tanta frecuencia en otros países.

En cuanto a las motivaciones a la hora de jugar, los datos cualitativos y cuantitativos analizados muestran muchas similitudes en todos los países: “jugamos por afición, por el hecho de pensar o imaginar qué es lo que haríamos con el dinero en caso de ganar, porque es divertido. Hay mucha gente que juega por el ‘si acaso` y para evitar el arrepentimiento en caso de que toque. Incluso hay personas a las que se las olvida mirar si han ganado. En España también jugamos, sobre todo en Navidad, por formar parte de una red social”, señala el profesor, para reforzar lazos de amistad, parentesco y confianza personal.

Un juego social

Aunque se juega esperando ganar a las leyes de la probabilidad, en España la lotería se ha convertido en una institución, una tradición que trasciende al puro valor económico para transformarse en una cuestión social, según el investigador. El juego supone formar parte de un grupo “contribuyendo a fortalecer el tejido asociativo de la sociedad”, como ocurre con el reparto e intercambio de participaciones que, sobre todo en Navidad, emiten asociaciones locales de todo tipo, como son las cofradías encargadas de organizar fiestas en los pueblos, asociaciones de vecinos, ONG's, organizaciones culturales, etc. Según datos de algunas encuestas, los españoles invierten entre 3 y 4 euros per cápita de sobreprecio en participaciones de lotería. Si se multiplica este dinero por la población española mayor de 18 años se obtienen cerca de 120 millones de euros al año, que van directamente a las cuentas de estas pequeñas asociaciones, que, según el investigador, sobreviven con la venta de participaciones.

Lotería de Navidad, del Niño, la Primitiva, la Quiniela, la ONCE, el Euromillón… en España el mercado de lotería supone cerca del 1,5% del PIB, lo que le sitúa entre los países con consumo per cápita más alto en el mundo. Jugamos más y jugamos diferente pero, paradójicamente y al contrario que en otros países que gastan menos, casi no existe literatura científica sobre el tema. Roberto Garvía lleva más de diez años centrado en el estudio del consumo de lotería, ha publicado el libro Historia Ilustrada de las Loterías en España y dirige un trabajo de investigación en el Instituto Laureano Figuerola de la UC3M sobre este tema, financiado por Loterías y Apuestas del Estado y la empresa STL. Además, su estudio “Syndication, Institutionalization, and Lottery Play” que publicó en la revista American Journal of Sociology ha resultado galardonado con el Roger Gould 2008, que es el premio al mejor artículo publicado en esa revista, la de mayor impacto internacional en Sociología, durante el año pasado.

Este estudioso plantea que “basándonos en la teoría económica, nadie debería jugar a la lotería al tener una expectativa de retorno negativa, pero los mercados de juego son pujantes en todo el mundo. Los actores económicos, racionales, tienen aversión al riesgo y son maximizadores de las rentas”. Como en el juego de la lotería ocurre una desviación con respecto a las predicciones teóricas, economistas y sociólogos están interesados en entender esta “conducta irracional” sin explicación desde el punto de vista económico, pero enormemente popular.

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